La insistencia del daño
Actualizado el 24/04/2020 a las 08:02
Podría ser solo el título de una de las obras de Fernando Valverde. Pero es mucho más que eso. Es como la huella indeleble de una sociedad sin tregua. Una sociedad tremendamente fragmentada entre la instrumentalización y la militancia, casi a partes iguales. Una sociedad amendrentada... pero una sociedad al fin y al cabo. Una sociedad, la nuestra, siempre a caballo entre individualista y colectivista. Falta de compromiso. Falta de querencia. Una sociedad en falta. En falta con nuestros mayores pero también con quienes les cuidan. Siempre en falta. Por elección. Por convicción. La vida nos coloca en disposición de elegir, una vez más, entre la ayuda mutua o el control (aunque solo sea vecinal). Y es ahí donde sacamos pecho como grandes animales de costumbres, mostrando sin hechuras, cualquier falta de vinculación con el otro, con el que sufre, hasta con quien se deja la piel cada día. Desde la indiferencia con el sufrimiento ajeno, aplaudimos lo mismo a las ocho que al que cae. Sin imaginar siquiera, que mañana seamos nosotros quienes caemos, ante la atenta mirada y el aplauso de quienes compartimos escalera. Siempre cómplices... también en las injusticias. Cómplices en el control, cómplices en el olvido, cómplices de una creciente amnesia social... cómplices pero no comprometidos. Al himno de «resistiré» seguiremos saliendo a los balcones cada tarde, a esos balcones convertidos en deleznables instrumentos de control. ¿Insistencia? Sí. Pero no lo llaméis resistencia. Porque resistir... esa es otra historia.