¡Cómo hemos cambiado!! ... ¿Todos?
Actualizado el 17/04/2020 a las 08:32
Lo que nos hace superior a otras especies es nuestra capacidad de razonamiento. Sumando este hecho a la creencia de que todo pasa por algún motivo deberíamos haber aprendido algo de este momento que nos está tocando vivir y modificar nuestra actitud, escala de valores y objetivos. Pero nos encontramos con los hechos. Miembros de nuestro Gobierno autocomplaciéndose de su actuación cuando tenemos la mayor tasa de mortalidad del Mundo, multiplicando por mucho las tasas de países cercanos que, eso sí, actuaron con mayor antelación que nosotros. Gobernantes que piden para superar esta crisis una mano extendida al resto de partidos y, al mismo tiempo, no dudan en atizar con la vara cuando la extienden. Otros que, para llegar a cualquier acuerdo solidario por el bien general de todos, anteponen sus obstinadas obsesiones. Sí, esas que han llenado durante tantos meses nuestros telediarios antes del dichoso virus y que tememos lo seguirán haciendo en cuanto nos despistemos. Representantes públicos y alguna organización (incluso alguna autodenominada ecologista, como si ese calificativo otorgará titulación en la materia) han llegado a recriminar desde sus sillones a un colectivo de funcionarios por desplazarse hasta nuestros pueblos y ciudades a colaborar con la desinfección y a dotar de recursos sanitarios necesarios pero inexistentes. Mientras, otras asociaciones, se sobreentiende sin ánimo de lucro, muy preocupadas por la defensa de intereses sociales y muy dadas a las movilizaciones reivindicativas durante todo el año, andan desaparecidas. Esperamos se tenga en cuenta su contribución a la hora de repartir las “paguicas”. Y si alguien confiaba que nuestros tratantes de la Comunidad Europea iban a ponerse a ello, pues eso, que siga pacientemente esperando. Ante este panorama tétrico se confirma que solo da la talla el de siempre, el ciudadano de a pie. Ciudadanos geolocalizados y confinados en un tercer grado vigilado por drones a los que les dicen que la mascarilla es recomendable o no en función de las existencias y que jaleen, que jaleen mucho desde sus ventanas. Trabajadores esenciales que se juegan la vida diariamente, algunos con la única protección de unos aplausos a las 8 de la tarde. Niños con menos derechos que la mascota del vecino. Abuelos abandonados y desechados en los primeros veredictos, algunos de los cuales, tristemente, ya nos han abandonado sin ni siquiera poder despedirnos de ellos. Y, ¿por qué no?, ciudadanos como esos alcaldes, concejales, … que han aunado fuerzas, al margen de ideologías, para ayudar a superar la pandemia a sus paisanos, que haberlos los habrá. Que no se olviden muchos, el futuro sigue en nuestras manos. ¡Ánimo que juntos podremos!