Una entrevista descarnada
Actualizado el 11/04/2020 a las 16:07
Se trataba de una entrevista como otra cualquiera, en la radio. El periodista preguntaba a la vicepresidenta tercera y responsable de asuntos económicos Dª Nadia Calviño por las protestas que los representantes de las empresas estaban emitiendo sobre las intenciones del Gobierno ante la más que probable imposibilidad para una parte de las empresas de pagar, entre otros gastos, los impuestos estatales. La respuesta fue esta: “Bueno, a nadie se le escapa que esta situación es excepcional, pero esto no quiere decir que no necesitemos ingresos para financiar la Administración. Tendremos que pagar los sueldos de los médicos, las fuerzas de seguridad... en fin, no desaparecen los gastos públicos. Estamos creando moratorias sin intereses con todo tipo de facilidades para las empresas que lo están pasando mal, pero no podemos abandonar un funcionamiento normal de nuestro sector público.” Me pellizqué varias veces. No era capaz de creerme lo que estaba oyendo. La contestación guardaba un tufillo de ser humano de características deshumanizadas, bien por ignorancia o, lo que es peor, por clasismo. Me acordaba de aquella famosa frase atribuida a María Antonieta cuando, durante un periodo de hambruna y protestas en las calles, preguntó a sus damas de compañía qué reclamaban los campesinos. Estas contestaron que protestaban porque no tenían pan para comer, a lo que María Antonieta respondió contrariada: “Pues si no pueden comer pan, que coman pasteles.” Ignorancia supina sobre el mundo en el que viven, porque su mundo es otro: un mundo en el que la nómina se cobra religiosamente (por cierto, nómina que, junto con sus impuestos y seguros sociales, pagan otros). Es decir, que las personas que no pueden pagar sus deudas porque no pueden generar ningún ingreso en estos momentos, tienen que apañárselas como puedan, o lo que es lo mismo, tienen que pedir préstamos, que casi con seguridad no podrán pagar, para que otros cobren sus sueldos. Y ¿quiénes son estos idiotas que lo pagan todo y a todos? Pues los de siempre, esos cientos de miles de seres humanos llamados constantemente a emprender, pero sin ser informados de que van a pasar a ser ciudadanos de tercera categoría, abocados a la ruina y al ninguneo de sus señorías. El drama de nuestro país es que no se quiere valorar a las empresas, sobre todo a las más pequeñas, que significan más del 70% del tejido empresarial español. Quizás seamos el único país del primer mundo que hace esto y es probable que sea porque la rentabilidad electoral es pequeña en relación con otros sectores de la población. Sin embargo, deberían tener en cuenta que este desprecio puede pasar una factura a corto y medio plazo de impredecibles consecuencias. Ojalá me equivoque, pero dadas las circunstancias me temo que las empresas que sí van a tener muchísimo trabajo a corto y medio plazo son los bufetes de abogados laboralistas y las asesorías, que tendrán que aconsejar a sus clientes la mejor forma de cerrar sus negocios.