De ornitorrincos y otras especies
Publicado el 27/02/2019 a las 08:34
A veces hemos tenido en la familia estudiantes extranjeros de intercambio. Nos gustaba que aprendieran a decir “ornitorrinco” y hacíamos unas risas con ellos ya que era una prueba bastante difícil que si la superaban estábamos seguros de que se harían con el idioma. Nunca me imaginé entonces que el ornitorrinco llegara a caerme tan simpático. Acaba de pasar a representar lo políticamente incorrecto y eso es un plus para mí. Tampoco me hubiera imaginado nunca escribir una carta pública de apoyo a un político del PP, pero en este circo que se está convirtiendo el Parlamento de Navarra hay que estar abiertos a las sorpresas. Así que me lanzo a enviar mi apoyo a la parlamentaria que ha sido reprobada por decir lo que muchos pensamos: que Solana- Barkos se han pasado con su encuesta a niños de 9 años, invadiendo su intimidad.
Confieso que a mí no se me hubiese ocurrido decir “ornitorrinco” porque es difícil de pronunciar, pero cuando a los niños se les abre la puerta de decir si eres niño, niña u otros, en el “otros” hay una variable inmensa. Estos días, en algunas cartas al director en este medio, se hablaba de la identidad Pokemon, de Peppa Pig, de gatos, y uno que de mayor quería ser cuto. Son cosas de la edad de la inocencia, de antes de la era Skolae, por supuesto. El Parlamento reprueba a Beltrán por preguntar si con “otros” querían decir ornitorrinco. Es gracioso, ¡con la de elementos, elementas y otres que han pasado por ese Parlamento y con lo que hemos tenido que oír en la cámara! Quiero decirle a Beltrán y sus ornitorrincos que con ella nos están reprobando a muchos padres (perdón, progenitores unes o doses o treses) que no tenemos derecho a la libertad de expresión, padres que estamos hasta el gorro de tanta hipocresía, invasión y dictadura de lo políticamente correcto.
Así que, sin que sirva de precedente naturalmente, mi apoyo a los políticos que se atreven a salirse del guión establecido por la nueva e inmisericorde inquisición civil. Por Ana Beltrán, ¡yo te entiendo hermana!
Teresa Jaurrieta