¿Eres cómplice?
Actualizado el 27/02/2019 a las 07:49
Un cliente se te puede escapar. Si, así como esos globos gigantes de San Fermín. Puedes educar a ese cliente para que sea como a ti te gustaría que fuera. Puedes hacer que te respete, puedes reflejarte cual espejo en su cariño y admiración, puedes sentirte ”fuerte" a su vera… pero también puedes imponerle tus sentimientos o encomendarle a tu vecino o competidor cuando te resulte ”cansino". Todo eso y mucho más puedes hacer… y tan solo un cliente. Dime cómo miras a tu ”cliente" y te diré quién eres. Trátalo con amor y te diré que no hay mejor ”cómplice" para equilibrar tu corazón y hasta el posicionamiento de tu organización. Trátalo con desprecio y te diré que es el arma del débil y la capa protectora contra sentimientos que te recuerdan tu propia historia. Hoy puede que sea tu cómplice pero no pienses que mañana será diferente con tu socio, pasado con tu empleado… revisa no solo el ABC de tu día a día, sino también el inventario de ayer. En realidad, la cuenta de resultados desde que tienes uso de razón, y quizás, no sea suficiente para empezar a barrer. Y comprobarás que ”no es oro todo lo que reluce"; que no basta con memorizar ”La Meta"; que además es necesario poner en duda su valor. Cuestionar hasta lo más simple, un ejercicio de lo más sencillo, que sin embargo, ”ni hartos de vino" ponemos en práctica hoy. Olvídate de tanta teoría ”de diseño" y déjate guiar por tu brújula, sin temor, esa que no permite maquillajes baratos; la que cada día te acompaña cual cómplice en silencio. ¿Por qué?. ”Todos necesitamos alguna vez un cómplice, alguien que nos ayude a usar el corazón". Mario Benedetti. Porque de lo contrario, seremos cómplices de un holocausto del que no existen más responsables; solo tú y yo. Tu cliente no solo me dice quién eres, también hacia dónde vas; es el espejo que tienes más a mano, tu oportunidad si la quieres tomar. Así, el día que cuentes con un socio, una pareja o tu propia marca… no necesitarás proyectar. Porque ya conocerás de primera mano el valor de un cómplice necesario para construir cualquier atisbo de futuro. En la actualidad, se ha hecho tendencia eso de hacer cómplices a clientes, pacientes, amigos o conocidos... con tal de lograr notoriedad. Los testimonios en primera persona suelen convertirse en importantes prescriptores de nuestra marca o lo que sea que queramos hacer llegar. Porque la verdad que reside en ellos es incuestionable y casi imposible no llegar a empatizar. Pero cuando conviertes a tu cliente en prescriptor de tu filosofía... descubrirás que ganando también se pierde. Porque con la confianza de quien apostó por ti nunca se debería traficar. En marketing como en la vida, los "buenismos" disfrazados de poder tienen más de amenaza que de significado.