Que no se pierda este escudo
Publicado el 13/02/2019 a las 08:10
No es muy frecuente en Pamplona, a Dios gracias, el hecho de que se derribe una casa blasonada del siglo XVIII, a menos que su estructura presente riesgo de ruina o señales alarmantes de deterioro. Por eso no deja de sorprender que en fechas muy recientes se haya demolido la que llevaba el número 69 de la calle San Antón, una de las calles que más escudos de armas conservan en el casco antiguo de nuestra ciudad.
La fachada, hay que reconocerlo, no tenía especial valor, ya que fue retocada en los años 60, añadiéndole un revestimiento de ladrillo amarillo con el que se trató, sin duda con buena intención, de darle un aspecto más moderno. Sin embargo, y este es el motivo de esta carta, dicha fachada se veía ennoblecida con una labra heráldica, que databa de 1785, y que aunque no tengo constancia de ello, quiero suponer que alguien se habrá ocupado de preservar. El escudo consta de dos cuarteles, en el derecho - izquierdo para quien lo mira- un roble acompañado de dos corazones o panelas, una a cada lado del tronco, y atravesado por un jabalí, que pertenece al linaje de Iriarte. El izquierdo -derecho para quien lo mira- es el ajedrez del valle de Baztán y corresponde en este caso a la casa de Michelena, en Elizondo.
Como ya anoté en mi libro Escudos de armas en las calles de Pamplona, que editó el Ayuntamiento en 1997, doña María Rosa de Michelena, viuda de don Pedro Manuel de Iriarte, junto con sus hijos Martín Vicente, Martín José y Fermina Antonia de Iriarte y Michelena, obtuvieron sentencia de hidalguía en 1785, como originarios de la casa de su apellido en el barrio de Zuastía de Alsasua, que a su vez provenía de San Pelay -hoy Saint Palais- en la Baja Navarra o tierra de Ultrapuertos. A ellos corresponde en su origen la titularidad de este escudo labrado en piedra, que cumpliendo la legalidad y respetando la Historia, se debería volver a colocar en la nueva construcción que en un futuro próximo venga a sustituir a la que inesperadamente se acaba de derribar.
Juan José Martinena Ruiz, doctor en Historia.