Cuando una clase de spinning te lleva al hospital

Nieves Guelbenzu Medina|

Actualizado el 09/02/2019 a las 11:31

Toda esta historia empieza el día que quise apuntarme al gimnasio y hacer una clase de prueba de spinning. Advertí al monitor que era mi primer día y procedió a ayudarme con la bicicleta. Tras esto empezó la clase, donde la única novata era yo. El instructor impartió la sesión con normalidad y yo intente seguirla como pude. Tuve la sensación de que no me estaba esforzando como el resto de mis compañeros, pero que estaba realizando más ejercicio físico del que estoy acostumbrada. Estaba acaloradísima y solo pensaba en quitarme ropa y beber agua, pero ya me había quitado toda la ropa que el decoro permite y me dispuse a mitad de clase a bajar de la bicicleta para beber agua. Apenas puse los pies en el suelo note como mis piernas me fallaban y me tropecé. Afortunadamente no caí, pero fue el punto donde pensé que debía aflojar. Cuando termino la clase pensé que todo habría terminado, pero nada más lejos de la realidad. Los días posteriores el dolor de los muslos fue aumentando, junto con una hinchazón en las rodillas. Al ver que al tercer día mis supuestas “agujetas” estaban peor y me impedían moverme, acudí a urgencias. La medica que me atendió me comento que era extraño el cuadro que presentaba y que me derivaba a urgencias en el hospital para que me realizaran otra exploración. Con una analítica se descubrió que estaba padeciendo rabdomiolisis. El dolor de mis muslos no eran agujetas, sino roturas musculares. Tras producirse las roturas se liberan unas sustancias toxicas (CPK), que de no ser eliminadas por la orina iban a ir deteriorando mis riñones hasta que se produjera, muy posiblemente, una insuficiencia renal aguda. Los análisis reflejaron un valor CPK 400 veces superior a los valores normales. Motivo por el que me ingresaron una semana. Me realizaron pruebas y preguntas para averiguar que podía haber originado aquel raro episodio. Algunas causas del trastorno pueden ser un sobreesfuerzo, ejercicios no habituales, ciertas condiciones isquémicas, infección, trastornos autoinmunes, determinados fármacos, deshidratación. Todos los resultados fueron negativos. Puesto que soy una persona joven y sana, sin antecedentes personales ni familiares, se concluyó que todo había sido fruto de un ejercicio no habitual, echo de manera no gradual en ambiente caluroso y con poca hidratación. Con esto me gustaría advertir a la población y sobre todo a los monitores, gimnasios y demás personas del deporte. Nadie nos avisa de los peligros de un ejercicio físico intenso. Y cuando lo hacen son personas que corren maratones o juegan al futbol profesionalmente, pero nadie informa de que personas normales, que únicamente quieren mantenerse en forma les ocurran estos incidentes. Incidentes cuyas consecuencias si no son tratadas a tiempo pueden ser mortales o dejar unas secuelas muy poco agradables. Finalmente agradecer a mi familia, amigos y personal sanitario que me atendió, con mención especial a los trabajadores de la 4ºplanta del Hospital de Navarra.

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