Cuando la igualdad nace de los pequeños detalles
Publicado el 17/08/2018 a las 09:24
El furor de los más pequeños de cada casa por los gigantes y cabezudos es evidente y parece que en los últimos tiempos se ha acentuado y acrecentado. De ahí que veamos, además de las habituales figuritas de goma de estos personajes de las diferentes localidades navarras, también otro tipo de merchandising que hacen la delicia de sus admiradores. Precisamente hace un par de días, en una localidad de la Zona Media que se encuentra actualmente celebrando sus fiestas patronales, escuché una conversación entre varios padres que presenciaban el baile de la comparsa de gigantes en la plaza en compañía de sus hijos. “¿Por qué en el desfile nunca va primero la reina europea?”, “¿Por qué cuando llega el momento de bailar por parejas cada uno baila con la suya?”.
Y estos interrogantes me han llevado a mí a estas líneas hoy. Porque, efectivamente, estamos asistiendo a una equiparación a todos los niveles y en todos los ámbitos posibles del hombre y la mujer (llegando incluso, en muchos casos, a rozar el ridículo, si me lo permiten, a nivel de expresión y de lenguaje) y, en cambio, en detalles o nimiedades como puede ser que en los distintos desfiles de gigantes vaya primero Braulia, por ejemplo y en el caso de Pamplona, o la Negra en el caso de Tafalla, nunca se ha planteado ni llevado a cabo. Quizás mi ignorancia me lleve a desconocer el protocolo, si es que existiese, en torno a estos desfiles pero me gustaría saber de cuándo data este protocolo -repito, en el caso de que exista- y por qué nunca se ha cambiado o actualizado.
¿Existe alguna razón para que no vayan las parejas mujeres delante de los hombres? Sería una manera de igualarles en plena batalla por defender los derechos de las mujeres así como su representación adecuada en cada entorno social. Este sería otro de los entornos en donde la mujer queda relegada a un segundo plano, por detrás del hombre. Y, además, estaríamos mostrando a los más pequeños -que es cuando, a través de la educación, se deben adquirir estos valores de respeto e igualdad- que el rey europeo no es más que la reina simplemente por el hecho de gozar de una posición preferente. Y, por qué no también, que a día de hoy son muchísimas las familias interraciales, donde el padre y la madre del núcleo familiar no comparten el mismo origen ni las mismas facciones. Se trata de, a través del ocio -de su ocio- mostrar respeto y normalizar este tipo de situaciones que muchas veces carecen de razón lógica. Se nos llena la boca hablando de empoderamiento de la mujer o de poner en marcha iniciativas de sensibilización social dirigidas a erradicar los estereotipos dominantes en cuanto a los roles de género y no caemos en la cuenta de que los pequeños detalles marcan siempre la diferencia.
No hacen falta grandilocuencias, palabras que se las lleva el viento, ni grandes campañas que carecen de efectismo en la mayoría de los casos. Que abran el desfile las gigantas primero. Que los niños coloquen sus muñecos mientras juegan no en un orden predeterminado por lo que han visto en la calle sino en un orden natural. Lo hacemos por ellos, por los más pequeños. Lo hacemos por el futuro, pues ellos son nuestro futuro.