Un hecho insólito
Publicado el 17/08/2018 a las 09:25
El día 12 de agosto en la tarde noche, concretamente en la terraza del bar Alberto en la C/ Muro de Tudela, presencié un acto tan humano y tan solidario que no podía salir de mi asombro -a mis setenta años era la primera vez que presenciaba una acción tan bonita-. Paso a relatar lo que allí ocurrió. Nos encontrábamos sentados en la terraza del bar tomando un café mi esposa, una amiga y un servidor. Nuestra amiga, que es como una hija para nosotros, se puso a contarnos la amarga experiencia que había tenido en los últimos 15 días, llorando amargamente. Cuál fue nuestra sorpresa que de la mesa de al lado, que se encontraban dos chavalitas jóvenes que apenas rondaban los veinte años, al ver llorar a nuestra amiga una de ellas se levantó, vino hacia ella y se fundió en un abrazo mientras le decía “No sufras, no llores, sé feliz”. Se nos puso a mi esposa y a mí la carne de gallina, y aquel acto me hizo reflexionar que el amor hacia los demás es el arma más poderosa que tenemos para conseguir la felicidad. Un millón de gracias a estas dos chavalitas -o más bien ángeles diría yo- por enseñarme tanto con un simple abrazo.