Carta abierta a un okupa en Pamplona

Javier M. Elizondo Osés|

Publicado el 31/07/2018 a las 08:52

Penetras en una propiedad que no te pertenece, con premeditación y alevosía. Dada tu desvergüenza, y el “ser políticamente correctos” de algunos (ir)responsables sociales -políticos y civiles-, la nocturnidad es cosa del pasado, ya que, a la vista de lo que hay, incluso te podrías permitir el lujo de convocar una “rueda de prensa”, previa a la “okupación”, para perdonarnos a todos el que te hayamos situado en la obligación de hacerla.

Si por premeditación nos referimos a que analizas las posibilidades de poder intentarlo con éxito, y por alevosía, la cautela que adoptas para cometer el delito (que lo es, aunque vivas una ficción), tengo claro que cada día necesitas menos de ambas ya que, siendo de un colectivo muy afín a quien manda en Pamplona, y en Navarra, no hace falta mucho esfuerzo para tener la certeza del éxito. Incluso, si me apuras, ni necesitas molestarte en “okupar”, ya que pueden construirte un local, con el dinero de todos nosotros -tuyo no, por supuesto-, para “dejártelo” y que lo conviertas en un “garito ideológico”, para mayor gloria de las banderas y soflamas, al uso, de tu contexto social. Así, puedes perpetrar el mismo entorno “tribal” haciendo uso de un bien común para un contexto aislacionista y de pensamiento único (el resto de los mortales se alquila una bajera, por ejemplo, pagando puntualmente lo que le corresponda), pero con la inusitada ventaja de que, es posible, no te importune ni quien tiene una función específica de control, si se la cercenan. Me refiero a aquellos que al actuar, como con cualquier “hijo de vecino” serían inmediatamente catalogados de “represores”, “incitadores” y cualesquiera otro adjetivo de tu jerga, al moderno uso de “lo que me viene bien, siempre está bien”. Esos “odiosos” policías (da igual el cuerpo) a los cuales, sin embargo, llamarías de inmediato para que atendiesen cualesquiera necesidad que surgiese que afectase a tus intereses o tu integridad.

No nos vendas motos a quienes ya conocimos, y soportamos, a tus antecesores, que siempre tuvieron labia, don de gentes (de algunas gentes, sobretodo) y capacidades de “escalador”. Algunos, son los que ahora “velan” por ti. Es decir, los que se aseguran tu voto, para poder seguir cobrando unos sueldos que jamás creyeron posible alcanzar con su valía personal en el campo de competición de la vida normal. Incluso, las personas que con el brazo anquilosado de postureo, son capaces de pedir tu voto en la “marmita del yo me lo guiso y yo me lo como”, para que les avales infumables hechos que, en una persona normal, con conciencia crítica y despierta, llamaría a abandonarlos a su suerte.

Y no sólo te permites (te permiten) el lujo de esa “okupación” que no le permitirían a nadie, sino que te permites hacer fiestas y vender bebidas sin licencia, haciendo la competencia desleal a otros que sí la tienen y pagan por ello. Te permites (te permiten) vivir en un edificio sin licencia de habitabilidad y con posibles riesgos que -de generarse- harían que pagásemos, entre todos, los daños. Daños que, incluso, tú mismo habrías podido generar con intervenciones internas sin control (...). Y no me extrañaría nada que, además, tuvieses a tu disposición agua potable a presión, como cualquier hijo de vecino -pero sin pagar nada- para tus necesidades de aseo y evacuación (no te imagino yendo a la fuente a llenar el cántaro). ¿Para qué vas a ir con tus compañeros a colonizar y hacer viables pueblos abandonados, que están pidiendo a gritos que los ocupen (sin “k”) para volver a sentir vida en ellos, si es un proceso que necesita de un esfuerzo notable, mientras que, aquí, te permiten situarte en zonas estratégicas, con todo “a mano”, sin que tengas que gastar la mínima energía que no sea la de seguir colgando tus mensajes? Visto lo que eres y vas a dar a la sociedad, permíteme decirte que llevas un buen camino para que no nos podamos entender. Y no es por una cuestión de diferencia generacional.


Javier M. Elizondo Osés

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