Made in Pamplona
Publicado el 20/07/2018 a las 08:31
En la sección de Opinión de Diario de Navarra del pasado 6 de julio un profesor de Marketing Internacional asignaba a los sanfermines la peculiaridad de ser una marca neta por sí sola, sin necesidad de nada más.
Para dar ejemplo de lo contrario se refería a ciertos actos, como el salto desde la fuente de Navarrería, al que algunos pretendían adjudicar ese derecho por “tradición”, y rechazaba del mismo modo la posibilidad de incluirlo en la esencia de la fiesta, al igual que el chupinazo o los encierros.
Pues bien, nada mejor que la experiencia de lanzarse desde esa fuente para ilustrar los malentendidos que prevalecen todavía sobre exóticas costumbres que, como ésta, nada tienen que ver con San Fermín, por ser una copia exacta de la prueba americana “La caída de la mesa, desde donde cada participante, por turno, se lanza hacia adelante mientras otros, en dos filas, se agarran por las muñecas para formar una red de acogida”, a la vez que se oye un animoso y violento ¡ayyyyy! de los que miran.
Tal espectáculo floreció en Estados Unidos en los años 60 e invadió Europa a comienzos de los 70 a través de grupos de encuentro y de nuevas tendencias escénicas, para medir la confianza en los demás y apartar el miedo de jóvenes actores que se iniciaban en el mundo de la farándula.
En este sentido, complemente ajenos a nuestras fiestas, habría que aludir también a una agobiante publicidad sexista que crece sin cesar, siempre presta a mencionar determinados comportamientos promiscuos, como algo habitual en Pamplona por San Fermín, pero reacia a admitir, a su vez, que no hay concurrencia social multitudinaria de ocio que se halle desprovista de problemas.
Fidel Eguaras Monreal