Los patios como escuelas de cooperación

Gabriel Asenjo|

Publicado el 03/06/2018 a las 08:36

Celebro leer la opinión de la profesora Isabel Cabanellas advirtiendo que los patios de colegio apenas ofrecen a los niños opciones para jugar. Y que deberían estar dotados de césped y elementos sencillos para el juego (desarrollo de la imaginación) como cajas de cartón, cuerdas y barro.


Durante el tiempo de recreo el patio es espejo de lo espontáneo. Escenario de diversión, funciona como un microcosmos que delata en los alumnos personalidades, afinidades, renuncias, prioridades, soledades, egoísmos, aficiones, complicidades, respuestas agresivas... Es un termómetro de autonomía en que el niño todavía se relaciona con otros sin prejuicios. Es también donde se cae, se raspa las rodillas y se endurece levantándose él solo del suelo.


Pero su trascendencia educativa radica en que es el aula-laboratorio donde se desarrolla una asignatura fundamental en el crecimiento del individuo: la del juego. El juego como uso de símbolos, reglas, comprensión de datos, previsión de situaciones y cálculo de soluciones. En la niñez se juega a algo, a ser astronauta, artista, policía o a ser Messi. Jugar es imaginar. Crear. El niño construye un mundo propio, se inventa escenas, realidades y peripecias. Un clásico como J. Huizinga sostiene que la cultura humana nace a partir del juego. Y al ser algo simbólico y repesentativo supone autoafirmación, originalidad y consolida procesos de identidad y aprendizaje. ¿La recompensa? Más que en ganar, reside en la diversión. Por ello G. Bally recuerda que para que se desarrolle el juego como actividad lúdica y enriquecedora es necesario además que se lleve a cabo en un clima de libertad y seguridad. La tensión y la agresividad entorpecen el juego; por ejemplo cuando padres y docentes permiten que juego y deporte, adquieran demasiado carácter de seriedad creciendo la trascendencia del resultado. Afortunadamente en Navarra, en algunos casos, el patio de colegio empieza a ser la gran habitación de juegos cooperativos en los que alumnos de distinto origen, sexo, religión o idioma se entienden sin prejuicios y comprueban que el potencial y la eficiencia del grupo reside en la complicidad y la suma de diferencias de cada uno.

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