San Fermín
Voces que le cantan al santo
Merche Bretos lleva 50 años dedicándole una jota a SanFermín desde la calle Mayor. Este martes, como los últimos seis años, lo hará acompañada de cinco de sus siete hijos


Publicado el 07/07/2026 a las 05:00
Una vecina les para por la calle Mayor. Su sitio. Inconfundibles. “¿Vais a cantar el 7?”. A una semana de San Fermín, la familia Ciriza-Bretos deja todo preparado para lo que es su día favorito del año. Fue la madre, Merche Bretos Noáin, quien a los 10 años —ahora tiene 59— empezó a cantarle al santo cuando la procesión pasaba por debajo de su casa.
“Se le ocurrió a Ángel Sanz, un vecino de enfrente que tocaba el acordeón y, como yo era de los Amigos del Arte y algunas veces cantaba en San Lorenzo, me lo propuso”, recordaba con la misma alegría de niña. Para ella, acostumbrada a cantar en la cocina con su madre Natividad, fue algo más que natural: “En mi casa, ha sido muy importante el folclore navarro. Desde cantar jotas, zortzikos, a tocar el txistu, la txirula, el atabal…”.
Nueve hermanos que, además de esa pasión por la música, heredaron una particular predilección sanferminera. “Mi madre nos hacía todos los días una cena para cada hijo y su cuadrilla, bailábamos, cantábamos… Son mis recuerdos más bonitos de la infancia”, confesaba Merche.


DE PUNTA EN BLANCO
Escuchar a Merche hablar de sus padres es igual que escuchar a sus siete hijos hacerlo sobre ella y su marido, Carlos Ciriza. Cinco de ellos —Marta (31), Beatriz (25), Cecilia (24), Myriam (22) y José Miguel (17)— le acompañan desde 2019 para a cantar la ‘Jotica del 7 de julio’, mientras Javier (29) escucha y Eduardo (27) los vive desde la Comparsa —los otros dos hijos—.
Tal día como hoy, la familia se levanta para ver el encierro y se empieza a vestir. “Lo hacemos desde pequeños; prepararnos todos juntos, con los pañuelicos, las alpargatas… Es el día de ir guapos”, explicaba Myriam. “La noche anterior ni salimos”, añadía Beatriz. Así, sobre las 10 de la mañana, o antes, la abuela les recibe en su casa de la calle Mayor. Saben que después de bajar a cantar, les esperará arriba un plato de magras con tomate. Menos a Marta, Beatriz y Cecilia que, en cuanto acaban, se van corriendo a cantar a la capilla de San Fermín.
Pese a la cantidad de gente que se aglomera en ese momento, para ellos, entre amigos, vecinos y los que ya no están, siempre será un momento de familia. “No canto para mí, canto para muchas personas. Especialmente, claro, me acuerdo de mi padre —Miguel Ángel—”, mascullaba Merche, que cuenta con la suerte de que su madre este martes seguirá escuchándoles no sola, sino junto a sus dos nietos —hijos de Marta—. Sin tener más de cuatro años, ya empiezan a recolectar la fe sembrada.
La fe, su tesoro mejor guardado. “De la música, del folclore, a lo espiritual, solo hay un paso”, incidía Merche. Concordaban todos: “Hemos vivido muchos momentos delante de San Fermín. El 7 es su día, lo mínimo que podemos hacer es mirarle con agradecimiento. Así cantamos”.
La jota que cantan (compuesta por ellos):
Rezo jota y oración.
Siete de julio en el alma.
San Fermín ya es un clamor.
Viva el santo en procesión.