La trastienda

La corrida de rejones sale del armario

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Pascal Lizarraga

Publicado el 07/07/2026 a las 05:00

Miguel Ángel Ayestarán solía decirle a toda la familia: si mi yerno y Mariano perdieran a sus señoras, Dios no quiera, se casarían entre ellos. Mismas costumbres, mismo lenguaje, la convivencia la tendrían asegurada. Quiso la casualidad, el calor o los años, que ayer a Asier le diera por venir por primera vez a la corrida de rejones. Como esto no es un producto orientado al clickbait o titular con gancho para picar en la web, que este periódico es muy serio, ahorraremos a los lectores con más solera un titular que diga: salió del armario en los rejones o mi novio vino a los toros. Dejemos todo esto en cachondeo de seis de julio.

De manera que ayer debutaban en la corrida del arte del rejoneo Andy Cartagena, nacido en Benidorm y Asier, cuyo único nexo en común con el caballero es que desde crío veraneaba en la Costa Blanca y no pudo ser mejor compañía, para ver una tarde de la corrida del arte del rejoneo sahariano en la ciudad de Pamplona ¿Que por qué le pongo en este brete a Asier? porque última hora me encontré que me había pagado la entrada por el Bizum y en esta vida no se puede ser tan honrado. Trajo la merienda y todo. Y no, así no.

Apretó Andy en el primer toro en una mezcla de rejoneo ajustado y populismo tremendista que hacía tiempo que no veíamos por Navarra. Lo mejor del asunto fue que Guillermo, gracias que alguien le apretó las tuercas de verdad, salió espoleado en su toro como hace mucho que no lo habíamos visto. Resulta que, como todo en la vida, cuando a uno le tocan los costados damos lo mejor de nosotros. Porque sí, porque competir en un ruedo es lo que tiene que pasar. Porque los odios africanos debieran de resolverse en el ruedo, que ya tenemos bastantes pensamientos calientes con el calor sahariano que nos va a masacrar este año.

Toreaba Andy con un caballo que parecía Anasagasti, con la melena y el cruzado mágico. Gesticulaba, hacía señales a sol y sombra. Pegaba sombrerazos, de aquellos que no le gustaban nada a Joaquín Vidal, pegaba quiebros de espectáculo de rodeo y Guillermo mascaba la faena desde el callejón. Roberto Armendáriz iba a lo suyo, pero también ponía carita de circunstancias.

Luego salieron Guillermo y Roberto más espoleados que nunca. Y la corrida , con sus luces y sus sombras, no dejó ninguna duda, los tres habían salido a cara o barboquejo de perro. Caían los espectadores desmayados en el tendido, y caían las orejas porque lo de abajo funcionaba. Pero quedaba algo presente en esta primera corrida de rejones que presenció Asier. En los toros debe haber más competencia y menos piques de puertas adentro. Es mejor ver unas hermosinas espoleadas con el rejoneador a mil por hora que un toreo de salón frente aun semoviente expectante.

Más piques en el ruedo y el rejoneo volverá a llenar.

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