La torre de Telefónica: de “aberración” a “urbanismo social”


Publicado el 20/07/2026 a las 05:00
En enero de 2017, Joseba Asirón afirmaba que “construir torres de 17 alturas en el Ensanche es una auténtica aberración”. Parecía una convicción firme. Un principio urbanístico. Una promesa de hacer las cosas de otra manera. Nueve años después, la hemeroteca nos ofrece una curiosa lección: las aberraciones también pueden cambiar de nombre.
Hoy, una torre de quince plantas en un entorno de edificios de siete u ocho alturas ya no es una amenaza para la ciudad; es un “ejercicio de urbanismo social”. El concejal Abaurrea nos pidió que “esperáramos un momento”. Esperamos. Y llegó la explicación: la construcción traerá espacios de uso ciudadano, un Civivox, y por ello la afección será “relativamente leve”.
Nadie cuestiona que un barrio necesite equipamientos. Lo que sorprende es descubrir que unas salas multiusos tienen ahora la capacidad milagrosa de reducir plantas, borrar impactos y convertir en virtud lo que antes era denunciado como un problema. Quizá el verdadero urbanismo social habría sido escuchar primero a los vecinos y vecinas afectados, no explicarles después por qué aquello que perciben como un cambio irreversible en su entorno deberÍa parecerles una buena noticia. Durante años se habló del cambio político, de la coherencia y de una nueva forma de gobernar. Hoy comprobamos que el cambio más evidente ha sido semántico. Antes se decía “aberración”. Ahora se dice “progreso”. Antes se denunciaba desde la oposición. Ahora se justifica desde el gobierno. La torre tendrá quince plantas. La hemeroteca no tiene altura suficiente para contener todas las contradicciones. Porque los edificios pueden cambiar el paisaje de una ciudad. Pero son las promesas incumplidas las que cambian la confianza de sus ciudadanos.
Igor Tolosa Ramos