Milagrosa Díez de Arizaleta Díez de Arizaleta

Milagrosa Díez de Arizaleta
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Milagrosa Díez de ArizaletaCEDIDA
Milagrosa Díez de Arizaleta

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Alejandro Ibáñez

Actualizado el 13/11/2025 a las 10:28

Tras una no muy larga enfermedad, despedimos, con mucho pesar, hace unos días a Milagrosa, que falleció el 22 de octubre de 2025 en Larraga.

Fue una gran misa de funeral, de cuerpo presente, muy bonita y muy solemne, cantada. Para ello se encargó la Coral San Miguel Arcángel de Larraga, de la cual Milagrosa formó parte durante más de treinta años.

Presidió el funeral el párroco don Pedro Luis, amigo de la familia, acompañado por otros sacerdotes, también amigos, como don Óscar Azcona y don Diego Jiménez. Todos alabaron las bondades y virtudes de Milagrosa, gran compañera que supo convivir con su entorno de forma humilde y acertada. También la coral agradeció su participación incansable durante tantos años.

Los que la hemos conocido de cerca, conviviendo muchos años con ella, con Juan Luis, su marido, con su hermano José Luis, que nos ha dejado, también, hace unos días, quisiéramos manifestar muchas cosas de su vida, valores que definirían cómo era ella, su forma de ser, su comportamiento con los demás, sus gustos, su fortaleza personal como cristiana, etc. No es fácil hacerlo.

De forma resumida, entre todos esos valores, yo destacaría tres aspectos dignos de elogio: mujer acogedora, su humildad como persona y trabajadora incansable.

Era curioso observar que, cualquier día, unos más que otros, a cualquier hora, siempre había gente en su casa, familiares, sus hermanos José Luis, Rafa y Santiago, amigos, vecinos, los amigos del zurracapote de su marido Juan Luis, sus sobrinas Olga, Arantxa, Inma y Ramón que tanto la acompañaron hasta el final, sobre todo. Y yo, entre ellos. En todas estas tertulias, ahí se encontraba Milagrosa, aportando lo que hiciera falta. Agradable, sociable, hospitalaria, discreta, respetuosa con los demás, adjetivos que la definen como una gran mujer acogedora y cercana. De todo esto, algo transmitía que todos nos encontrabamos a gusto y nos hacía sentirnos como parte de su propia familia. Esta es la clave de su solidaridad.

Me atrevo a decir que nada de esto, su forma de ser y manera de actuar, se hace si no se tiene un profundo sentimiento cristiano. Ella lo tenía. Acudía de forma constante y con fervor tanto a la iglesia parroquial como a la capilla de la Virgen Milagrosa, que tanto amaba.

Mujer de casa de campo, de agricultores de los de antes, mujer trabajadora como tantas otras que ha habido y hay en Larraga. Ahí creció y se formó en sus labores.

Mujer sencilla, humilde, sin pretensiones, ni una palabra más alta que otra, salvo para cantar. Nunca buscó destacar, sintiéndose siempre como una más. Así la conocíamos.

Le gustaba la música, muchos años conviviendo y cantando en la Coral San Miguel, que le permitieron disfrutar y conocer mundo.

Estos valores, esta forma de ser, Milagrosa los iba mostrando sin darse cuenta a largo de su vida y, sin darse cuenta, también, iba recibiendo el cariño de la gente.

Quiero hacer mención especial a Laura Suescun, persona que la cuidó hasta el final como se cuida a una madre.

Todos la recordaremos y pedimos a Dios que la acoja en su gloria.

* El autor es amigo de la fallecida

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