María Dolores Aranguren Basterrica, maestra y trabajadora social


Actualizado el 08/12/2025 a las 12:33
El pasado día 9 falleció en su barrio de siempre, el Mochuelo y La Milagrosa, María Dolores Aranguren Basterrica (1931-2025). Cuantos formamos su familia de consanguíneos y amigos queremos expresar nuestro dolor por la pérdida de quien ha pasado por la vida haciendo el bien.
María Dolores fue desde su infancia una persona notable por las cualidades de su alma y corazón. Su memoria era extraordinaria, recordando todo, desde su infancia, convecinos, alumnos y atendidos en sus necesidades personales y sociales, viajes, países, paisajes y paisanajes. Su entendimiento era agudo, perspicaz y clarividente sobre las personas, los acontecimientos y las cosas. Su voluntad le hizo estar, continuamente, en actitud de aprender, observar y perfeccionarse, que le llevó a estudiar y ejercer de maestra en Sarriguren, a donde acudía diariamente andando, de trabajadora social formada en la primera promoción, en el Hospital Psiquiátrico, y a diplomarse en la Universidad de Madrid en Psicología y Psicotecnia, y Criminología. En las dos profesiones que practicó demostró ser una mujer inteligente, esforzada y con gran sentido del deber personal y social.
Si algo destacaba de su personalidad era su gran corazón, abierto, generoso y desprendido. Se entregó, en primer lugar, al cuidado de su madre Vicenta, a la que acompañó y atendió con esmero y alegría. Fue todo para ella, su gran amor, amiga y compañera. Sus primos y amigos fueron los hermanos que no tuvo, pero que le dieron sobrinos y nietos. De todos se acordaba y a todos quiso y acompañó en sus celebraciones y acontecimientos personales y familiares. Su generosidad alcanzó a muchas personas, demostrando que la vocación de trabajadora social alcanzaba a todos. Por donde pasó, dejó huella de afectos, alegría y buen hacer.
Se nos ha ido a pesar de los cuidados y atenciones de tantas buenas personas y profesionales que le han acompañado y alegrado en los últimos tiempos. Su ingenio y humor dicharachero le llevaban a rebautizarlos con nombres cinematográficos conforme a su imagen y cualidades o, simplemente, a la ocurrencia del momento. A su médico lo integró en su círculo más íntimo, convirtiéndolo en un ángel custodio.
Como persona inteligente que era siempre supo y practicó el consejo del poeta: “Vivir es renovarse cada día, /poder contar las horas sin fatiga / ser un poco cigarra siendo hormiga, vivir es no tener melancolía […] para vivir no basta haber nacido: / nadie sabe vivir si no ha sufrido / los males e inclemencias de la vida” (Guillermo Castellar, Vivir).
En el momento de la despedida recordamos ‘El Adiós’ de los ‘Amigos de Ginés’, las estrofas de una canción flamenca que tanto le gustaba: “Algo se muere en el alma, cuando un amigo se va y va dejando una huella que no se puede borrar. […] Un pañuelo de silencio a la hora de partir, porque hay palabras que hieren y no se deben decir. […] El barco se hace pequeño cuando se aleja en el mar. Y cuando se va perdiendo que grande es la soledad. […] Ese vacío que deja el amigo que se va es como un pozo sin fondo que no se vuelve a llenar”.
Tu familia y amigos te decimos: ¡Adiós María Dolores, ya te has reencontrado con tu madre Vicenta! Seguiremos tu ejemplo vitalista de abrir los ojos, sonreír, amar y tomar el resto de nuestra cada día más corta vida con humor. ¡Descansa en paz!