Recetas con historia
Rosquillas de anís, de Belén Martínez de Goñi Pascual


Actualizado el 18/10/2018 a las 10:38
Belén Martínez de Goñi Pascual nos envía una receta que prepara desde que se la enseñaron "un amigo de Olite y su mujer": rosquillas de anís.
"Desde que era pequeña recuerdo la ilusión con la que esperaba las celebraciones de cumpleaños en casa de mi abuela Pilar porque sabía que habría rosquillas de anís. Me encantaban, pero nunca se me ocurrió preguntar a mi abuela por la receta hasta que, con los años, me aficioné a la cocina y en especial a la repostería, pero ya era tarde para que me lo contara. ¡Cuántas veces me puse a hacer rosquillas siguiendo recetas que encontraba en un sitio y en otro! Nunca me salían bien, y por supuesto, no eran ni parecidas a las buenísimas que hacía mi abuela. Hasta que un buen día probé las rosquillas que hacía un amigo mío, Félix, de Olite de toda la vida. ¡Eran justo como las que yo recordaba de pequeña! Siempre las prepara para celebrar su cumpleaños, y siempre me guardaba unas cuantas para mí... hasta que me enseñó a hacerlas. Un día se presentaron en mi casa Félix con su mujer Mari Cruz, también de Olite. Ni cortos ni perezosos se colocaron la mandarra y delante de mi siguieron todos los pasos de la receta. ¡Qué ricas! Desde ese momento soy yo la que prepara las rosquillas de anís para las celebraciones familiares y si algún día tengo nietos, espero que las recuerden con el mismo cariño con el que recuerdo yo las de mi abuela", cuenta.
Ingredientes
- 3 huevos
- 250 gr. azúcar
- 100 ml. aceite de oliva
- 750 gr. harina aprox
- 150 ml. anís
- 3 gaseosas de papeleta
- Ralladura de 1 limón
- Aceite de girasol para freír.
Preparación
En un bol grande ponemos la harina con las 3 gaseosas de papeleta y mezclamos. Añadimos los huevos, azúcar, aceite, anís y la ralladura del limón. Mezclamos todo para que se unan los ingredientes y echamos a una superficie limpia para poder amasar.
Amasamos añadiendo un poco de harina si vemos que se nos pega mucho la masa a los dedos. Seguimos así hasta conseguir que la masa sea manejable.
Ponemos a calentar una cazuela grande con abundante aceite de girasol. El aceite tiene que estar a temperatura media, porque si está muy fuerte se quemarán por fuera y por dentro estarán crudas.
Vamos cogiendo porciones de masa, las estiramos como si fueran culebrillas, las unimos por el extremo bien (para que no se abra el círculo al freír) y las vamos echando al aceite caliente para ir friendo por tandas.
Cuando tengan un buen color tostado, las sacamos, colocamos en una fuente con papel absorbente y dejamos enfriar.