Maneras de vivir
¿Un yogur con probióticos para bajar el colesterol?
Un metaanálisis de varios ensayos de Harvard avala su papel para controlarlo. Aunque hay letra pequeña: ¿son los que venden en tu súper?


Publicado el 24/10/2026 a las 05:00
Probióticos. Un término que vemos una y otra vez en el súper, en etiquetas de yogures o de otros productos, para cuidar la flora intestinal. Son microorganismos vivos, en forma de bacterias y levaduras, que aportan beneficios a la salud cuando se consumen en cantidades adecuadas. Es verdad que la palabra ‘bacteria’ no invita al mayor de los optimismos, pero en este contexto, lejos de ser las villanas, son las heroínas de la película: facilitan la digestión, refuerzan el sistema inmunitario… Y en el caso del yogur, pueden, incluso, ayudar a bajar el colesterol.
Cada vez más estudios investigan el papel de los probióticos más allá de la salud digestiva. Un metaanálisis que recopila varios ensayos aleatorios ha revelado que algunos yogures enriquecidos con ellos contribuyen a mejorar la salud cardiovascular y, en concreto, pueden ser beneficiosos para personas con colesterol elevado. La afirmación se basa en que se produjo una ligera reducción del colesterol total y del LDL, el conocido como ‘malo’. Aunque no sustituyen a una dieta equilibrada ni a tratamientos médicos, estos microorganismos han despertado el interés de la comunidad científica por su posible capacidad de influir en el metabolismo de las grasas y proteger el corazón.
La investigación, publicada en la revista Journal of Nutrition, Health and Aging y desarrollada por científicos de Harvard, se centra en cómo mantenernos sanos a medida que envejecemos y en si podemos aumentar nuestra ingesta de proteínas al mismo tiempo que reducir el riesgo de enfermedades cardiovasculares crónicas, algo que con este tipo de lácteo podríamos lograr.
"Es un trabajo interesante porque reúne varios ensayos aleatorizados y porque las reducciones medias fueron de 8,7 mg/dl y 10,6 mg/dl, respectivamente, frente a quienes tomaban yogur natural", afirma la nutricionista Ana Amengual. Sin embargo, señala que los beneficios demostrados hay que tomarlos con cautela: son "modestos". Y la muestra, pequeña: 274 participantes. En anteriores estudios, el consumo de este lácteo con probióticos al menos cinco veces por semana se asoció con un riesgo un 16% menor de hipertensión arterial.
Según la especialista, el yogur por sí mismo ya aporta proteínas de buena calidad, así como calcio y potasio, muy beneficiosos para el corazón. "Son nutrientes que participan en funciones relacionadas con la salud cardiovascular, como la regulación de la presión arterial". Ahora bien, admite Amengual que "sería exagerado atribuirles, por separado, una bajada del colesterol".
LÁCTEOS ENTEROS
El yogur entero puede contener grasas saturadas, lo que tradicionalmente ha hecho pensar que es malo. Sin embargo, "no hay un número de unidades a partir del cual se haya demostrado que el colesterol sube automáticamente", afirma la especialista. "El problema tiene más que ver con "desplazar a otros alimentos de gran valor nutricional" de nuestra dieta. "Teniendo en cuenta que culturalmente los tomamos de postre, entre horas o en el desayuno, debemos tratar de que no influyan en nuestro consumo de frutas y frutos secos, que son alimentos con mayor evidencia y beneficios tanto a nivel cardiovascular como en la prevención de otras patologías", precisa la nutricionista.
Enriquecido con ciertas bacterias, sí podría convertirse en un buen aliado contra el colesterol, que es lo que ha analizado el estudio en cuestión, los famosos probióticos. ¿Cómo? "Algunas de ellas podrían favorecer la eliminación de ácidos biliares, que el organismo fabrica a partir del colesterol. Si se eliminan más, el hígado necesita utilizar colesterol para producir nuevos. Entonces es cuando lo recoge del colesterol alimentario, ayudando a reducir los niveles en sangre", arguye Amengual. Con todo, insiste en que "no podemos garantizar" que alguien que deje de tomar yogures naturales y se pase a los que tienen probióticos obtenga este beneficio. "Un yogur comercializado con probióticos incorpora determinadas cepas de bifidobacterias o lactobacilos. Pero no significa que sean las mismas que añaden en estos estudios", aclara.
NI CON SABORES NI CON '0% GRASA'
Eso sí, con probióticos o no, el yogur hay que tomarlo natural. Los de sabores suelen contener grandes cantidades de azúcar, tanto como un flan o una natilla, lo que afecta a sus virtudes. Si queremos que tenga gusto a algo, lo que podemos hacer es "añadir fruta troceada o canela". Otro consejo de Amengual es que el producto no tenga azúcares añadidos, que se haga solo con leche y fermentos.
Si nuestra preocupación es por la materia grasa, también recuerda que uno natural solo contiene un 5%, que es muy poco. Para hacernos una idea, es la misma cantidad que un tercio de una cucharada sopera de aceite de oliva. "Esta grasa nos aporta textura, más disfrute y saciedad. Y, por tanto, reduce el riesgo de que necesitemos otro alimento y hagamos peores elecciones alimentarias", indica la experta. Nada que ver con los griegos o con nata, que aportan bastante más grasa saturada que uno natural, al igual que los de coco, que están tan de moda.
-¿Y los yogures 0%?
- Pueden llevar azúcar añadido.
La guerra abierta con el kéfir
En los últimos tiempos parece que el yogur ha quedado denostado frente al auge del kéfir. ¿Hay uno mejor que otro? Lo cierto es que no existe evidencia científica sólida para decir que el kéfir sea más saludable. Según la nutricionista Ana Amengual, ambos son lácteos fermentados, pero sus cultivos difieren: el yogur tradicional utiliza dos especies bacterianas principales y el kéfir suele combinar distintas bacterias y levaduras. Su composición microbiana varía mucho según el producto y su elaboración. “Tener más tipos de microorganismos no demuestra, por sí solo, un mayor beneficio clínico”, apunta.
De hecho, un metaanálisis de 2023 sobre el kéfir no encontró cambios estadísticamente significativos en LDL, colesterol total, HDL ni en los triglicéridos. “Eso no demuestra que carezca de beneficios: significa que esos ensayos no confirmaron una mejoría del perfil lipídico”, señala la especialista. Por tanto, la clave está en la combinación. “Recomiendo alternar los dos en su versión natural y sin azúcar añadido, según el gusto y la tolerancia. No hay motivo para abandonar un buen yogur natural porque el kéfir esté de moda”.