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Turismo

Rutas por Navarra: Paseo de las Saleras de Arteta

El Manantial de Arteta y todos los recursos turísticos desarrollados a su alrededor por la Mancomunidad de la Comarca de Pamplona visten como nuevos desde este mes de junio. A la reapertura del Centro de Información y Educación Ambiental y las mejoras de seguridad en el sendero que lleva hasta el nacedero, se une el impulso de las actividades y del espacio de las Saleras de Arteta.

Vídeo Saleras Arteta
Vídeo Saleras Arteta
  • Conocer Navarra
Publicado el 18/06/2021 a las 14:41
El manantial o nacedero de Arteta es uno de los parajes más hermosos de la Cuenca de Pamplona. Muchos de sus visitantes se recrean ante la belleza de las cristalinas aguas que surgen del interior de la tierra. También muchos seguirán el camino que recorre el corto pero impresionante barranco de Artazul que, tras días de lluvía, luce en su final una hermosa cascada. Pero otra actividad muy recomendable, y que nadie que se acerque al nacedero debe perderse, es recorrer el paseo de las Saleras de Arteta.
El sendero de las Saleras nos va a sorprender por la cantidad de puntos de interés que ofrece en tan corto recorrido. El paseo tiene 2,5 kilómetros y no llega a los 100 metros de ascensión acumulada. La corta distancia y el escaso desnivel, además de lo atractivo y didáctico del recorrido, hacen a esta ruta especialmente apta para familias con niños. Es un paseo muy cómodo donde no solo disfrutaremos de la belleza de la naturaleza del Valle de Ollo. También aprenderemos sobre los modos de vida de nuestros antepasados y su relación con un producto fundamental para el ser humano: la sal.
Entre paréntesis se han detallado las coordenadas gps de los puntos de interés y los desvíos principales de la ruta.
EL RÍO UDARBE
Km 0,00 – Dejamos el coche en el aparcamiento habilitado junto al paraje del manantial de Arteta (30T x=592365 y=4744138). Llegar al aparcamiento es muy sencillo. Solo hay que seguir las indicaciones que jalonan la carretera desde que entramos en el Valle de Ollo. El aparcamiento se encuentra a poco más de dos kilómetros del pueblo de Ulzurrun. Al pasar por Ulzurrun podemos parar en la plaza para ver la escultura de José Ulibarrena dedicada a Félix Urabayen, escritor nacido en el pueblo en 1883 que escribió varias novelas sobre Navarra.
Km 0,15 – Desde el aparcamiento retrocedemos unos metros por la carretera hasta encontrar el panel indicativo que marca el comienzo de la ruta (30T x=592461 y=4744243).
Comenzamos a andar por el sendero dejando la carretera y nos internamos en un frondoso bosque. Hemos dejado el asfalto y entramos en otro mundo. La vegetación nos envuelve. La banda sonora es ahora el canto de los pájaros y el rumor del agua del río, que todavía no vemos. Entramos en la casa de los robles, sauces, fresnos, saucos, álamos, espinos, avellanos y arces. Son solo algunos de los árboles que nos van a acompañar en el paseo. En tan solo un kilómetro de recorrido encontraremos más de 25 especies de árboles y arbustos. Esta diversidad es favorecida porque el valle de Ollo se encuentra en una zona de transición entre la Navarra húmeda y la mediterránea, por lo que encontramos árboles de las dos zonas. Muchos de ellos los reconoceremos gracias a que buena parte del paseo está señalizado con cartelas que identifican las diferentes especies, a modo de jardín botánico. Seguro que más de un niño o niña que acompañe a sus padres en este cómodo paseo lo recordará como la primera vez que reconoció un robusto roble o un rosal silvestre.
Km 0,45 – Llegamos al río (30T x=592491 y=4744465). El río Udarbe, también llamado río Ollo, es uno de los lugares más hermosos del recorrido. Sus aguas proceden del barranco de Artazul y del manantial de Arteta. El río tiene poco más de 6 kilómetros de recorrido. Pocos kilómetros pero muy bien conservados. El Udarbe se abre paso formando un corredor verde que atraviesa el Valle de Ollo hasta desembocar en el río Arakil. Antes de cruzar el puente podemos bajar a la izquierda hasta la orilla del río. El intenso verde del bosque de galería filtra la luz del sol de manera casi mágica. Si tenemos paciencia y esperamos un poco, quizás aparecezca una lamia tras esa roca llena de musgo o tras ese alto fresno. Las lamias son aquellas critaturas de gran belleza con cuerpo de mujer pero que tienen patas de ganso o pato en vez de piernas. Se dice que gustan de lugares de agua tan hermosos como el río Udarbe. Mujeres de la mitología que a veces se enamoraban de los humanos que conocían y otras veces los hechizaban. Para no correr el riesgo seguiremos nuestra ruta atravesando el puente de Ugo, que así se llama, y dejaremos de momento el río Udarbe. A la vuelta pasaremos de nuevo por aquí. Seguro que no nos va a importar repetir el recorrido.
Cruzamos el puente y continuamos el sendero que está perfectamente marcado con postes indicativos y las marcas blancas y amarillas de los senderos de pequeño recorrido.
EL MOLINO DE GOÑI
Km 0,63 – Poco más adelante un poste nos indica la desviación hacia las ruinas del molino. De nuevo descendemos al río (30T x=592547 y=4744594). Es como si el Udarbe no dejara de llamarnos con su húmeda voz para que compartamos con él sus historias. Así, junto a las ruinas del molino, el río nos contará como en el valle de Ollo, a mediados del siglo XIX, había 4 molinos harineros, cuyas pesadas muelas de piedra eran movidas por la fuerza de sus aguas ayudando a moler miles de fanegas de cereal. Cereal con el que se elaboraba el buen pan con el que se alimentaban los vecinos del valle. También nos dirá el nombre del molino, molino de Goñi. Udarbe y Goñi, dos buenos amigos que llevan juntos siglos. El molino de Goñi hace tiempo que se ha jubilado. Ahora se deja querer por la naturaleza. Poco a poco las hiedras lo abrazan integrándolo en la belleza del entorno. La vegetación apenas deja ver los arcos por los que en su tiempo pasaron las aguas que movían las muelas convirtiendo el trigo en harina. Los arcos son ahora los ojos del molino y parecen observar al visitante con curiosidad. Le extraña ver al senderista con una ligera mochila en vez de al molinero cargando los pesados sacos de cereal. Hace muchos años que el molinero ya no viene a trabajar entre sus robustas piedras. Es el Basajaun, el señor del bosque, el que lo visita cuando, al anochecer, viene a refrescar sus grandes pies en las cristalinas aguas del río.
Km 0,80 – Dejamos este bucólico rincón y volvemos al sendero. Unos metros más adelante el bosque se abre de repente y llegamos al primero de los miradores de la ruta. Es el mirador del diapiro de Ollo (30T x=592507 y=4744720).
EL DIAPIRO DE OLLO
Un panel nos informa de la formación del diapiro de Ollo, un interesante y singular fenómeno geológico. Desde el mirador podemos apreciar como el valle, que tiene forma circular, está totalmente rodeado de cordales montañosos que crean un relieve que recuerda el cráter o la caldera de un volcán. Para entender como se formó tendremos que retroceder más de 200 millones en el pasado, al periodo Triásico. Entonces buena parte de la Península Ibérica estaba sumergida bajo el Mar de Tethys. La evaporación de este mar originó la creación de grandes depósitos salinos.
Posteriormente los plegamientos alpinos formaron las montañas circundantes. La erosión a lo largo de millones de años de estas montañas sepultaron los mantos salinos bajo los sedimentos. Estos depósitos geológicos salinos subterráneos no permanecieron inactivos. Debido a las grandes presiones a que fueron sometidos en el interior de la tierra los estratos salinos atravesaron las capas rocosas superiores. De hecho el nombre del fenómeno geológico viene de esta emergencia de las capas salinas que atraviesan las que tienen encima. Diapiro en griego significa atravesar. De esta manera los estratos salinos afloraron a la superficie en forma de cúpula. Posteriormente la erosión volvió a tomar protagonismo. Los estratos salinos, más blandos, sufren la erosión con más intensidad que las montañas calizas. La cúpula del proceso anterior se convierte poco a poco en la cuenca rodeada de montañas que hoy vemos. De ahí esta forma circular del Valle de Ollo tan característica que se abre entre las sierras de Andía y Saldise. Y también aquí está el origen de las Saleras de Arteta. Los estratos salinos que emergieron del interior de la tierra y formaron el diapiro siguen presentes en el subsuelo. Su aprovechamiento por el ser humano creo las saleras que van a ser nuestro siguiente punto de interés.
LAS SALERAS
Km 1,10 – Cinco minutos más adelante llegamos a las saleras de Arteta (30T x=592565 y=4744823). En las saleras, también conocidas como salinas en muchos otros lugares, se obtiene sal a partir de agua salada o salmuera, es decir, agua con una concentración de sal superior al 5%. Este agua procede de surgencias del subsuelo que, al pasar por los estratos salinos del diapiro, se cargan de sal.
La sal se obtiene mediante la evaporación del agua gracias a la acción solar. Para ello desde el pozo se distribuye el agua salina a las eras. Las eras son depósitos de poca profundidad de hormigón. Antiguamente eran de madera o piedra. En las eras se estanca el agua en una delgada lámina expuesta a la radiación solar. Poco a poco el agua se va evaporando y la sal, una vez cristalizada, se va depositando. Una era de 12 m² puede llegar a producir 40 kilos de sal en cada ciclo de llenado. La temporada del trabajo en las saleras se extendía desde abril a septiembre si bien durante todo el año se procedía a la reparación y acondicionamiento de las eras y canaletas que distribuían el agua.
El trabajo en las salinas era duro. En las épocas de recogida de la sal las jornadas de los salineros eran interminables y bajo el sol que más calentaba del año. Además el contacto continuo con la sal y la salmuera producía irritaciones, eczemas y otras afecciones en la piel.
Las saleras de Arteta son un ejemplo perfecto de las muchas pequeñas salinas de interior que producían uno de los alimentos indispensables para el ser humano: la sal. La sal no solo es necesaria en la alimentación. Antiguamente la sal era casi el único medio de conservar los alimentos. La decadencia de muchas de estas pequeñas salinas se produjo cuando la sal dejó de ser tan imprescindible para este cometido y fue poco a poco sustituida por los conservantes artificiales o el frío. Otra causa del abandono de las pequeñas salinas de interior fueron los modernos métodos de extracción y elaboración de la sal que hizo que la productividad de estas explotaciones no las hiciera rentables en comparación con las salinas costeras que aprovechan el agua del mar.
Afortunadamente se empieza a valorar su importancia patrimonial y muchas de estas salinas están siendo recuperadas. Son una riqueza etnográfica que también nos habla de la historia de nuestros ancestros en tiempos en que tenían que recurrir a lo cercano para sobrevivir cuando los medios de transporte no estaban tan avanzados. Hoy la sal de nuestro salero puede proceder de muy lejos, de los grandes centros productores de sal marina. Pero hace un siglo el trabajo en estas saleras permitía a los habitantes del Valle de Ollo hacer apetitosas sus comidas, mantener sano al ganado aportando la sal necesaria que no consiguen los herbívoros con su dieta o conservar la carne de la matanza para que pudiera consumirse durante todo el año.
Cuando visitamos las Saleras de Arteta aprendemos sobre una de las actividades industriales más antiguas del ser humano. Cuando éramos cazadores en el Paleolítico la carne de los animales cazados nos aportaba la sal necesaria para nuestro organismo. Pero cuando el hombre se hizo agricultor en el Neolítico debía de completar su dieta con sal. Además cuando el ser humano se dedicó a la agricultura y la ganadería, cuando dejó de ser trashumante y se asentó en aldeas y ciudades, empezó a crear excedentes que gracias a la sal pudieron conservarse más tiempo. La mayor duración de los alimentos facilitó el comercio y palió aquellos momentos de escasez o adversidades climáticas que perjudicaban los cultivos.
Son del periodo Neolítico los yacimientos arqueológicos más antiguos donde hasta el momento se ha documentado la industria de la sal. Seguramente el ser humano empezó obteniendo sal del agua que se estancaba en las orillas del mar o de ríos y lagos salinos. De allí pasó a estancarla en depósitos para facilitar su evaporación. Es decir, cuando vemos las Saleras de Arteta podemos imaginarnos que hace muchos siglos, otros humanos, en otros lugares, crearon instalaciones parecidas a las que podemos disfrutar en este paseo.
La Saleras de Arteta son por tanto un importante patrimonio etnográfico que hay que conservar y apreciar. Afortunadamente así lo han entendido la Mancomunidad de la Comarca de Pamplona y el Ayuntamiento del valle de Ollo que han procedido a su puesta en valor con la colaboración de los vecinos del valle. Se han instalado varios paneles informativos que explican la obtención de sal y se ha reconstruido un brazo o grúa manual que facilita la comprensión del modo en que se procedía al llenado de las eras con el agua salada del pozo.
El proceso de obtención de sal era el siguiente. El agua procede del pozo que hoy vemos vallado por seguridad. Desde el pozo había que distribuir el agua hacia los depósitos o eras. Las eras se disponían en dos niveles aprovechando el espacio alrededor del pozo. Eso hacía que las eras quedaran a diferentes alturas en relación al pozo. Unas quedaban por debajo, por lo que recibían el agua por gravedad a través de unas canaletas. El problema era llenar las canaletas superiores ya que era necesario elevar el agua desde el pozo. En los últimos tiempos de explotación de las Saleras de Arteta se utilizaban bombas de agua. Pero antiguamente los vecinos utilizaban un curioso sistema que llamaban “haga”. Para ello se servían del ingenio que se ha reproducido junto al pozo.
Se trata de un largo brazo de madera. En uno de sus extremos tiene un pozal o cubo y en el otro un contrapeso para hacer más fácil la tarea. Este largo poste de madera se apoyaba sobre otro madero vertical. Se conseguía así un movimiento de balanza que accionaba una persona situada en una plataforma sobre el pozo. Primero se hundía el cubo en el pozo y una vez lleno del agua salina el brazo se balanceaba con ayuda del contrapeso y se vertía el agua del cubo en un canal labrado en un tronco inclinado que se encuentra a mayor altura que las eras del nivel superior. Del tronco inclinado el agua caía al sistema de canaletas superior que llenaba las eras. Esta rústica grúa se acciona durante las visitas guiadas que realiza el centro de interpretación del Manantial de Arteta que también es gestionado por la Mancomunidad de la Comarca de Pamplona.
Un par de curiosidades dignas de verse. Debido a la alta salinidad el agua del pozo es mucho más densa de lo normal. Por eso, si tiramos una piedra al pozo la piedra no cae directamente hacia el fondo. Cae haciendo zig-zags, como si fuera una hoja. También es recomendable, atravesando las salinas, llegar hasta la orilla del río. Allí veremos una tubería de salida del agua sobrante del pozo. Veremos como las piedras del río son muy distintas. Aguas arriba de la tubería crece el musgo y los líquenes típicos de cualquier río. Hay vida. En cambio, aguas abajo, donde el agua del pozo aumenta sustancialmente la salinidad de este tramo del río, la sal no deja crecer la vegetación.
En la rehabilitación y puesta en valor de las Saleras de Arteta hay otro hito que seguramente será el preferido de muchos de los visitantes: un pediluvio. Es una instalación al aire libre que se encuentra junto a las eras y que está destinada al baño de pies en agua de fuerte concentración salina (250 gramos/litro).
Nos descalzaremos y disfrutaremos de este relajante baño que nos recordará que otra de las bondades de la sal son sus beneficios terapéuticos. La sal mejora la elasticidad de la piel, cura y cicatriza heridas postoperatorias y mejora la circulación sanguínea. En muchos balnearios se utiliza el agua salada ya que también está indicada contra la artrosis, las lesiones musculares, la tendinitis y las inflamaciones articulares.
Es un placer sumergir los pies en esta salmuera beneficiosa. Si además hace un día soleado seguro que tendremos ganas que pasar aquí mucho tiempo. Pero no debemos olvidar que lo aconsejable es un baño que dure entre 10 y 30 minutos.
Mientras nos refrescamos con este saludable baño de pies podemos recordar algunas de las curiosidades relacionadas con la sal. La sal era empleada por los antiguos egipcios en el proceso de momificación de sus muertos. En muchas culturas tiene todavía un sentido ritual. Un ejemplo son los luchadores de sumo japoneses que esparcen sal antes de empezar el combate. La palabra salario proviene de cuando parte de la paga de los soldados romanos consistía en sal. Buena parte de la Muralla China se financió con un impuesto a la producción y comercio de la sal. La sal es el único mineral que puede ser consumido directamente por el ser humano. Gracias a la sal nuestros coches no patinan sobre el hielo de las carreteras en invierno. Podríamos estar recordando estas y otras muchas curiosidades durante mucho tiempo, pero lo más seguro es que dejemos la mente en blanco ante la gratificante sensación del agua salina sobre nuestro pies en un entorno donde tan bien se ha combinado la naturaleza con el aprovechamiento del medio por el ser humano.
EL MIRADOR DEL MANANTIAL
Tras visitar las saleras y con los pies como nuevos ahora toca la vuelta. Pero todavía nos queda otro hito de interés. A la altura del mirador del diapiro de Ollo nos desviaremos a la derecha. 400 metros más adelante llegamos a...
Km 1,60 – el Mirador del Manantial de Arteta (30T x=592302 y=4744372). El mirador se encuentra a 350 metros del manantial, lo que permite contemplar perfectamente el entorno que rodea al paraje más atractivo y conocido del Valle de Ollo.
El Manantial de Arteta es junto con los embalses de Itoiz y Eugi una de las fuentes de abastecimiento de agua a Pamplona. Aporta una media de 3.000 litros por segundo. Desde el mirador vemos también el Barranco de Artazul, espectacular desfiladero de paredes calizas que se abre paso entre la Peña Roya y la sierra de Andia desde el alto de Mendigain. A la salida del barranco se encuentra el Manantial de Arteta. Con ayuda de los paneles explicativos, aprenderemos de donde proceden sus cristalinas aguas que dan a Pamplona agua de excelente calidad.
El agua del Manantial de Arteta procede del acuífero de la sierra de Andía. La sierra de Andía es una sierra caliza y por tanto permeable al agua de lluvia. A lo largo de millones de años el agua de lluvia ha disuelto la roca caliza de la sierra formando en su interior un complejo sistema de galerías y cuevas. Los estratos calizos de la sierra se superponen sobre estratos de margas. Las margas son impermeables, lo que hace que el agua filtrada por las calizas de los estratos superiores se acumulen en las galerías, cuevas y grietas del interior de la sierra formando el acuífero. Este agua encuentra salidas naturales desde el interior de la tierra debido a fracturas geológicas o por la misma erosión del agua de los arroyos y ríos subterráneos. Estas salidas son los manantiales. El de Arteta es uno de ellos . Otros manantiales de la sierra de Andía son los de Ibero, Etxauri y Riezu.
Tras disfrutar del mirador volvemos sobre nuestros pasos. No hará falta llegar de nuevo hasta el cruce del mirador del diapiro. Antes encontraremos un atajo a la derecha señalizado con un poste indicativo.
Volvemos a pasar el puente de Ugo. Aunque no lo creamos la lamia nos observa. Nuestra cara de satisfacción por el cómodo, instructivo e interesante paseo, le gusta. Está orgullosa del bonito sitio donde vive. Nos ve desaparecer tras cruzar el río camino del aparcamiento. Sonríe mientras se peina los cabellos con su peine de oro. No hemos visto a la lamia porque íbamos ensimismados recordando un bonito poema de León Felipe: Piedra fui para ti, piedra soy / piedra quiero ser, pero piedra / blanda de sal / que al llegar a ti se disuelva / y en tu cuerpo se quede / y sea / como una levadura de tu carne / y como el hierro de la sangre en tus venas. / Y en tu alma deje una sed infinita / de amarlo todo... y una sed de belleza / insaciable... / eterna...
Km 2,50 – Llegamos al aparcamiento. Si no lo hicimos antes de la ruta ahora es el momento de visitar el Centro de Información, el manantial de Arteta y el barranco de Artazul. Y si ya lo hemos visto todo que mejor que acabar la mañana de este tranquilo paseo con una comida sana y natural: un vaso de agua de la sierra de Andía y una gran ensalada. ¿Sabías que este plato debe su nombre a la sal? En-salada. Seguro que más de una vez nos acordaremos del paraje natural de Arteta cuando bebamos de una fuente en Pamplona o cuando usemos el salero para condimentar alguno de nuestros platos. Y es que las mejores enseñanzas de la naturaleza son aquellas que aprendemos cuando nos acercamos con respeto y curiosidad a ella.
CENTRO DE LAS AGUAS SUBTERRÁNEAS
Tras un tiempo cerrado por renovación, el público puede volver a visitar el Centro de Información y Educación Ambiental de las Aguas Subterráneas cuyo horario de apertura es todos los sábados, domingos y festivos de 11 a 14 horas. El espacio cuenta con recursos renovados, como la exposición donde se podrán observar las características geológicas de este espacio singular y que incluirá maquetas, paneles y animaciones digitales. Otra novedad será la proyección de un audiovisual que recoge el patrimonio histórico del lugar con testimonios de personas que han tenido estrecha relación con esta fuente de abastecimiento y su uso. También se han renovado las medidas de accesibilidad física, sensorial y cognitiva. Así, las personas con dificultad visual contarán con materiales como el braille, maquetas palpables y textos de paneles en formato accesible. Las personas con problemas auditivos tendrán a su disposición un bucle de inducción magnética, subtítulos y lengua de signos en el material audiovisual. Las personas con movilidad reducida podrán subir a la primera planta mediante ascensor. Finalmente, las personas con problemas de comprensión lectora encontrarán toda la exposición en lectura fácil, tanto en los paneles como en el cuaderno de visita.
EL SENDERO PR NA-170: VUELTA A VAL DE OLLO
El paseo de las Saleras de Arteta sigue en buena parte el trazado del sendero PR NA-170. Recorrer este sendero de 18,8 kilómetros es otra opción más de ocio para los visitantes que se acerquen al nacedero de Arteta. La ruta, de recorrido circular y totalmente balizada, tiene un trazado suave, con solo 480 metros de desnivel. Nos permitirá conocer todos los pueblos del valle de Ollo, con sus pequeñas iglesias y sus tranquilos caseríos. En Arteta podemos hacer una parada en el camino para visitar el Museo Etnográfico del Reino de Pamplona. Está ubicado en un caserón con varios siglos de antigüedad. Sus colecciones nos permitirán ahondar más en los modos del vida de los antiguos habitantes del valle. Allí encontraremos todo tipo de herramientas de los antiguos oficios, juguetes con los que jugaron nuestros bisabuelos y todo tipo de enseres de madera y barro. Como contrapunto a este viaje al pasado también están expuestas algunas obras del fundador del museo, el escultor Ulibarrena.
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