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Turismo

Rutas por Navarra: Arpea, la cueva de los pastores

Al pie del monte fronterizo de Erroitzate, entre los valles de Aezkoa y Garazi, hay una gruta de forma triangular que ha servido de refugio a los pastores de la zona

Vídeo Arpea
Vídeo Arpea
La cueva de los pastores.
  • Conocer Navarra
Actualizada 16/06/2021 a las 07:56

(Reportaje publicado en la revista Conocer Navarra nº 42 con fecha marzo de 2016. Textos y fotografías de J.A. PERALES)

 

Una vieja leyenda afirma que en las cálidas tardes de verano delante de la cueva de Arpea, solía verse a una mujer atusando sus cabellos con un peine de oro. Al acercarse un día un joven pastor, pudo comprobar que la atractiva mujer, cuya peineta brillaba con los últimos rayos de sol, tenía los pies de pato. Era sin duda una lamia, figura mitológica de las muchas que habitan los húmedos rincones del Pirineo navarro.

La cueva de Arpea forma parte de un territorio encantado que incluye la Selva de Irati y algunas cumbres fronterizas rodeadas de leyendas, como el monte Urkulu y la propia montaña de Erroitzate. Esta última, con 1.345 metros de altitud, domina este espacio de pastos compartidos que es la facería internacional Aezkoa–Garazi. Tradicionalmente, los ganaderos de ambas vertientes suben sus ganados en primavera y en verano para disfrutar de los pastos de altura. Estos acuerdos de compascuidad se remontan al menos, según testimonio escrito, al año 1556.

El punto más frecuentado y significativo de la facería ha sido siempre la muga 212, coincidente con el puerto de Iropil /Organbide (980 m). Es aquí, en la encrucijada de caminos, donde se controlaba el ganado que subía al terreno facero (más de 4.100 hectáreas), y también donde mueren las sendas que bajan de los montes circundantes. Sin embargo, de unos años a esta parte, el punto que llama más la atención de los turistas franceses y españoles es la cueva de Arpea.

 

UN MILHOJAS DE PIEDRA

Situada junto a la muga 218, en territorio francés, esta gruta es en realidad un pliegue del terreno formado debajo de la mole de Erroitzate hace millones de años. Este plegamiento de capas en forma de V invertida semeja un mil hojas de piedra, cubierto por las tierras blandas del monte. De ahí le viene el sentido al topónimo Arpea/ Harpea, de (harri azpia=bajo la piedra); los vascos de Iparralde utilizan el término como sinónimo de cueva.

Antiguamente, los ganaderos metían las ovejas en la gruta para defenderse de las inclemencias del tiempo (lluvia, nieve, tormentas...); también del oso y del lobo. Estos depredadores estuvieron presentes en los montes de Aezkoa hasta los siglos XIX y XX, respectivamente. Para protegerse de ellos tenían los ganaderos de la zona perros grandes parecidos a los mastines, que colocaban a la entrada de la gruta.

Delante de Arpea, junto a la muga 218, existe una antigua majada, atravesada por una pequeña regata, y una borda o cabaña de pastor hecha con materiales del entorno. En las mañanas frías de otoño o del inicio de la primavera, solo el rumor del agua y las esquilas de las ovejas rompen el silencio de este lugar recóndito, utilizado por los pastores desde hace miles de años.

La boca de la cueva, y la propia majada, se encuentran en el fondo de un desfiladero al que se accede por una senda estrecha. El lugar, abrigado de los vientos, sugiere la entrada a un mundo misterioso, habitado por seres mitológicos como la diosa Mari, o como los antiguos gentillak (gentiles) o basajaunes.

En muchas leyendas vascas, los gentiles se representan como hombres gigantes, dotados de una fuerza descomunal, que viven en cuevas y que a veces lanzan o manipulan piedras enormes. A estos personajes mitológicos se atribuye, entre otras cosas, la construcción de los monumentos megalíticos que hay en el entorno de la cueva de Arpea.

 

CÍRCULOS DE PIEDRA

Los más conocidos y visitados son los cromlechs (o círculos de piedra) de la estación megalítica de Azpegi. También son célebres los dólmenes (trikuharriak) de Soroluze, a pie del monte Urkulu, y Organbide, este último cercano a la gruta de Arpea.

Los arqueólogos sitúan la construcción de estos monumentos funerarios en una franja temporal que va desde los 3500 a los 2000 años a.C. Ello demuestra que el entorno de la cueva de Arpea (desde Azpegi al collado de Organbide, pasando por Arratakas y las faldas de Urkulu) estuvieron habitados por sociedades de pastores desde fechas muy remotas.

La identidad de este lugar situado a caballo entre Francia y España, tiene mucho que ver con los usos ganaderos que han tenido siempre estos parajes. Tradicionalmente, los habitantes de los valles situados a un lado y otro de la cordillera (Cisa y Aezkoa) han ocupado estos espacios de manera estacional. Ovejas, vacas, y caballos (potokas) son hoy las especies animales que pastan aquí, sobre todo en primavera y en verano.

Otro aspecto interesante de este espacio tiene que ver con la frontera. Para los que vienen de fuera (militares, peregrinos, comerciantes, viajeros, turistas…) estos montes pueden percibirse como una ‘barrera natural’. Pero lo cierto es que los Pirineos, y más en sus extremos, han sido siempre una zona muy porosa, con múltiples pasos e intensas relaciones entre los habitantes de ambas vertientes. Ello conforma una región culturalmente diferenciada con sus propios usos y costumbres regulados localmente.

Como señala la antropóloga Bárbara Miller, la ganadería es un modo de producción muy exitoso y sostenible que universalmente funciona además en coexistencia con otros. Pero “a los estados no les gusta que los pastores atraviesen sus lindes, como venían haciendo mucho antes de que se hubieran creado las fronteras estatales. Prefieren sedentarizarlos y tenerlos controlados para cobrarles impuestos y proporcionarles servicios”.

 

UNA MINA DE ORO

Los ganaderos de Aezkoa, amparados por los derechos de la trashumancia y los acuerdos de compascuidad, han ignorado con frecuencia los mandatos de la ley impuesta, y han cruzado las mugas saltándose a veces el control fronterizo. Desde mediados del siglo XIX hasta la caída de las fronteras económicas en 1993, algunos incluso hicieron del contrabando un modo de vida complementario de la ganadería.

La riqueza e importancia de estos montes –en cuyo entorno hubo antaño también yacimientos de cobre y una fábrica de armas– se pone de relieve, por analogía, en varias leyendas que hablan de minas de oro.

“En cierta ocasión, un ganadero de Orbaizeta se encontró en el monte Mendilatz con un francés desorientado, que iba por el bosque con un burro cargado de piedras”, me contaba hace unos años el ganadero Pedro Legaz de casa Merino. “El casero ayudó al hombre a encontrar el camino, y el francés, en agradecimiento, le dio una de las rocas que llevaba en las alforjas. El casero la guardó, y al cabo del tiempo descubrió que era de una roca aurífera. La mina, dicen en Orbaizeta, se encuentra en un claro del bosque desde el cual se ve la torre de la iglesia. Sin embargo, que se sepa, nadie supo encontrarla”.

 

LA CORONA DE URKULU

La corona de Urkulu es uno de los monumentos más antiguos y significativos de la frontera del Pirineo. Situado en la cumbre de esta montaña fronteriza de 1.438 metros, aquel edificio de piedra está considerado un ‘trophaeum’ o torre conmemorativa, erigida entre los dos ámbitos incorporados al imperio: Hispania y Galia. Según los arqueólogos, podría remontarse a tiempos de Pompeyo (siglo I a.C).

Una bonita leyenda recogida por el padre Bernardo de Monzón, en el siglo XVII, afirma que este monumento es en realidad el mausoleo de la ninfa Pirene, amante de Hercules, cuyas lagrimas de enamorada hicieron nacer los manantiales, fuentes y regatas del entorno. Tras el suicidio de la ninfa, aquel semidios arrepentido por haberla abandonado, gritó a los cuatro vientos su dolor, y arrancó las rocas de las entrañas de la tierra, formando así los montes Pirineos.

 

UN ESPACIO TRANSFRONTERIZO

Desde la muga 205 (collado de Arnoztegi) hasta el mojón 225 (paso de Egurgio) la divisoria internacional, que se extiende a lo largo de unos veinte kilómetros, se superpone sobre las antiguas mugas de los valles de Aezkoa y Garazi. Este tramo de la frontera es hoy poco conocido en comparación con otros. Sin embargo, tiene gran interés histórico y sociocultural.

Cerca de aquí, además de las ruinas de la fábrica de armas de Orbaizeta, construida en 1784, tenemos el monte Urkulu (muga 206) en cuya cima, como hemos explicado anteriormente, levantaron los romanos hace más de dos mil años un trofeo conmemorativo de la conquista de la Hispania y la Galia.

No muy lejos, siguiendo la línea de mugas, encontramos el collado de Iropil/Organbide (muga 212). Aquí se encuentra la encrucijada de caminos que conduce a los municipios vasco franceses de Arnegi y Esterenzubi.

Hasta hace medio siglo el llamado camino a Francia, que atraviesa también por aquí, era utilizado por los ganaderos trashumantes de Aezkoa, que pasaban el invierno en la Baja Navarra. Esta emigración golondrina de España a Francia se terminó en los años ochenta del pasado siglo. Su recuerdo pone de relieve la complejidad de las relaciones entre los valles de ambas vertientes. Todavía hoy, los viejos ganaderos de Aezkoa suelen ir los lunes al mercado de Donibane Garazi/ San Juan de Pie de Puerto.

 

DATOS PRÁCTICOS

 

 

 

CÓMO LLEGAR

  • La Cueva de Arpea se encuentra a 73 kilómetros de Pamplona (trece kilómetros de Orbaizeta y ocho de la antigua fábrica). Para ir hasta allí desde la capital navarra hay que coger la N-135. Una vez pasado Auritzberri-Espinal, tomar la NA-140 hasta Aribe y, finalmente, la NA-2030 hasta el barrio de la Fábrica.

QUÉ HACER

  • El barrio de la antigua fábrica de armas de Orbaizeta es el punto de partida de varias excursiones por la zona. Entre ellas, el ascenso al monte Urkulu, la visita a la estación megalítica de Azpegi y el paseo hasta la cueva de Arpea. Para llegar a ésta ultima, se puede ir a pie o en coche por la carretera que enlaza el barrio de la antigua fábrica de Armas, con el puerto de Iropil/Organbide. Aquí, junto a la muga 212, coincidente con un dolmen, se abre a la derecha una pista que da acceso a una estrecha senda por la que se llega a pie a la cueva de Arpea. Esta se encuentra junto a la muga 218.
  • A la ida, o bien al regreso, podemos detenernos en la estación megalítica de Azpegi y contemplar los círculos de piedra (crómlechs) que hay en este lugar.
  • Desde Iropil, encrucijada de caminos, se puede ir también a los municipios franceses de Arnegi y Esterenzubi. Para llegar a este último, hay que bajar por una carreterita rodeada de arbolado y flanqueada por barrancos.
  • Además de las vistas, el premio del recorrido es la llegada a Zubi punta. Aquí encontramos un establecimiento con historia: Les Sources de la Nive, un hotel-restaurante donde paraban antaño los pastores trashumantes de Aezkoa. Otro lugar de encuentro habitual de los pastores aezkoanos era, y sigue siendo, el mercado semanal de Donibane-Garazi, que tiene lugar los lunes.
  • De vuelta al barrio de la fábrica de Orbaizeta, podemos comprar queso en casa Lorentxo, o bien en casa Merino, del barrio de Larraun.

WEBS INTERÉS

  • www.orbaizeta.com
  • www.aezkoa.net
  • www.saintjeanpieddeport-paysbasque-tourisme.com

 


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