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Turismo Navarra

Ruta saludable y natural del Alhama

Corella, Cintruénigo y Fitero comparten historia, patrimonio y naturaleza. Crecidas a la vera del río Alhama, estas tres localidades han unido sus atractivos para ofrecer una novedosa ruta circular de cuarenta kilómetros en la que se puede disfrutar de toda la riqueza de sus paisajes y núcleos urbanos. Una interesante apuesta de senderismo accesible a todos los públicos y pensada para realizar tanto a pie como en bicicleta.

Vídeo Ruta Alhama
Vídeo Ruta Alhama
Un paseo por Corella, Cintruénigo y Fitero a la vera del río Alhama.
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Vídeo Ruta Alhama
  • Conocer Navarra
Actualizada 16/06/2021 a las 07:55

(Reportaje publicado en la revista Conocer Navarra nº 55 con fecha junio de 2019. Textos de CRISTINA GALLO y fotografías de EDUARDO BLANCO)

 

Imagine poder pasear por un sencillo camino que le lleve a conocer joyas del Císter, palacios barrocos, cultura centenaria, paisajes singulares, fauna al alcance de la vista, fecundas huertas en las que encontrará verduras en cualquier época del año: espárragos, alcachofas, cardo, borraja, apio, achicoria...

Todos estos ingredientes se pueden encontrar a lo largo de la “Ruta saludable y cultural del Alhama”, un recorrido circular de cuarenta kilómetros que une las tres localidades navarras que recorre el río Alhama: Corella, Cintruénigo y Fitero. Este afluente del Ebro es el protagonista de un singular recorrido ideado por una asociación local, Biciclistas de Corella, que entendieron la importancia de unir las tres poblaciones limítrofes por caminos accesibles y de forma sostenible, poniendo en valor la riqueza cultural, paisajística y natural de la que goza la zona.

Un proyecto que han tardado dos años en hacer realidad desde que plasmaron sobre el papel la idea. En marzo de 2019 se inauguraba oficialmente la ruta completamente balizada y equipada con áreas de descanso, paneles informativos y observatorio de aves, todo fabricado con madera plástica. Un material poco habitual elegido por los promotores para concienciar sobre la necesidad del reciclado, ya que para la construcción del equipamiento la ciudadanía corellana colaboró entregando su plástico doméstico a Biciclistas de Corella para su posterior reciclado y transformación en postes, bancos, mesas y paneles de madera plástica.

Para la ejecución de la ruta los tres ayuntamientos implicados (Corella, Cintruénigo y Fitero) trabajaron juntos para conseguir una subvención procedente de la convocatoria de ayudas para la comarca de la Ribera de Navarra financiada por fondos FEADER (65%) y Gobierno de Navarra (35%) del Programa de Desarrollo Rural de Navarra 2014–2020 y que ha cubierto el 80% de su coste.

 

MÚLTIPLES RECORRIDOS EN UNA SOLA RUTA

La ruta puede iniciarse desde cualquiera de las tres localidades a pie o en bicicleta, realizando el recorrido solo entre dos puntos, ideal para senderistas, o completando el itinerario circular en bicicleta.

Los recorridos recomendados han tenido en cuenta la necesidad del visitante de recrearse en el camino y poder disfrutar de su biodiversidad o adentrarse en las zonas urbanas para contemplar la historia y el arte que atesoran sus calles.

 

DONDE LAS AGUAS SE TEMPLAN

Comenzamos nuestro camino en el punto en el que las aguas del Alhama cruzan la muga entre La Rioja y Navarra. El nombre del río tiene mucho que ver con el lugar de partida, Baños de Fitero. “Al-Hamma” es la voz árabe para “baño termal”, característica que acompaña a este río en varios tramos, especialmente en la pequeña pedanía sede del Balneario Gustavo Adolfo Bécquer donde todo el año se puede disfrutar de sus aguas termales. Junto al puente que separa las dos comunidades autónomas, una empinada calle asciende hasta el Mirador de Fitero. Camino de la ermita de la Soledad, entre un pequeño bosque de pinos, nos encontramos un balcón que se asoma al valle del Alhama y desde el que podemos observar el mágico paraje de Roscas frente a nosotros. La ladera de este promontorio es el lugar preferido por los buitres, aves que habitualmente sobrevuelan la zona y que se pueden avistar con facilidad desde el propio mirador posadas sobre las rocas a nuestro lado, oteando el valle. A nuestros pies se asienta el nuevo edificio del balneario, un establecimiento con dos milenios de historia. Las aguas termales han fluido desde la época romana sin interrupción, pero fue el término árabe, “Al-Hamma”, el que ha sobrevivido a lo largo de los siglos.

Descendemos del mirador deshaciendo el camino para dirigirnos hacia Fitero. El sendero lo localizaremos justo frente a la puerta del balneario, un tramo hormigonado de unos 500 metros en el que tienen preferencia los viandantes y por el que es recomendable transitar con moderación en bicicleta. Enseguida nos encontraremos frente al monte Tudején, en cuya cumbre se levantó un asentamiento visigodo con un castillo del que solo se conservan restos de la torre del homenaje. Cruzando un huerto de manzanos, continuamos nuestra ruta por el camino de las viñas de en medio o camino del Paguillo, un agradable paseo entre pequeños cultivos con el Alhama a nuestra derecha y una privilegiada vista del enigmático Macizo de Roscas, fuente de inspiración del poeta Gustavo Adolfo Bécquer para escribir una de sus famosas leyendas: “La cueva de la mora”.

El camino de las viñas de en medio termina en la carretera de acceso a Fitero. Es un cruce que debemos hacer con precaución para alcanzar la acera que nos lleva hasta la puerta del Císter en España. La villa se forjó alrededor de un imponente monasterio asentado en este valle que presenta la singularidad de tener la única representación de la cordillera Ibérica en Navarra. La llegada de San Raimundo de Fitero, primer abad del monasterio y fundador de la Orden Militar de Calatrava, en 1140 posibilitó que esta pequeña localidad de la Ribera atesore en su interior un complejo monástico con palacio abacial que ha perdurado hasta nuestros días. A la entrada del pueblo nos recibe el humilladero, una construcción del S.XVI a la que acudían los habitantes de la villa, monjes y autoridades locales a recibir al nuevo abad.

Adentrándonos en el pueblo llegaremos a la plaza de San Raimundo desde la que podemos observar cómo gran parte del antiguo monasterio ha sido reutilizado para espacios civiles, como el ayuntamiento o la biblioteca. A la altura de la escultura al primer abad, podemos acceder al renovado claustro, situado en la pared sur del complejo de Santa María La Real, nombre completo del monasterio. El bajo claustro es una pieza arquitectónica rica en decoraciones esculpidas en época renacentista sobre el claustro medieval original y que se puede visitar independientemente de la iglesia tras su reciente restauración. Siguiendo el empedrado de la calle llegaremos a la entrada principal de una de las iglesias abaciales más importantes en Europa, en cuyo interior destaca el retablo mayor, un excepcional conjunto manierista de finales del siglo XVI.

Continuando nuestro paseo, no podemos dejar de recorrer la belena que rodea la iglesia para llegar a la plaza de los Ábsides, en la que contemplaremos en todo su esplendor el templo. Este rincón correspondió durante muchos años a la huerta que cultivaban los monjes. Como recuerdo de aquellos usos continúa creciendo junto a la misma pared de uno de los ábsides una zarzamora o bardal sin espinas. Esta curiosa planta da nombre a la Virgen de la Barda, patrona de Fitero.

Volveremos a la Plaza de San Raimundo para continuar nuestra ruta hacia Cintruénigo, o iniciarla si es el caso (la ruta tiene múltiples combinaciones). La calzada se convierte frente a nosotros en un camino de huertas que no dejaremos en varios kilómetros. Sin haber salido del pueblo, el sendero se angosta y nos lleva sobre una acequia que dejaremos en pocos metros para girar a la derecha y avanzar rodeados en todo momento por frutales. Cultivos de peras, manzanas y alguna viña nos acompañan hasta un pequeño soto que forma el río Alhama. Los chopos cubren un meandro en el que podemos ver de cerca sus aguas e incluso observar los primeros rastros de la rica fauna que vive en la zona.

Dos kilómetros más adelante abandonamos el camino principal para coger un desvío a la izquierda que nos lleva a la Estanca de Cintruénigo, área también conocida como El Somero por los aficionados a la pesca. Siete hectáreas con agua embalsada dedicadas al regadío en las que hace unos años se realizó una intervención para recuperar el ecosistema de humedales, con plantación de flora autóctona, la instalación de un observatorio aves y el cierre del tráfico a motor. Lugar ideal para una pequeña parada ya que ha sido equipado con mesa de pícnic y aparcabicis, para tomar un tentempié o para observar desde lo alto del observatorio la extensión del humedal, el Moncayo o el Yerga, las dos grandes referencias montañosas que se encuentran en la zona.

 


CRUCE DE CAMINOS

Continuamos la ruta por un sinuoso camino que enlaza de nuevo con el principal, que en apenas quinientos metros terminará en la carretera NA–160 a la entrada de Cintruénigo. Con precaución cruzamos para seguir nuestra ruta sobre el puente del Alhama, un punto desde el que podemos ver el “Paretón”, mirador situado en un antiguo escarpe defensivo de época medieval bajo el que se encuentran unas cuevas que fueron utilizadas como bodegas. La situación geográfica de esta población la convirtieron en un estratégico dominio fronterizo límite entre los reinos de Navarra, Castilla y Aragón, que perteneció durante el último cuarto del S. XII a los templarios. Ser un cruce de caminos dio lugar a la creación de una orden militar religiosa, la Hermandad de ballesteros de la Santa Cruz, que ha sobrevivido desde el siglo XVI hasta nuestros días, convirtiendo a la cofradía cirbonera en la más antigua de Navarra.

Siguiendo nuestra ruta por la acera cogeremos la primera calle de la izquierda para dirigirnos a la plaza del ayuntamiento. El paseante puede planificar su ruta para disfrutar de una villa singular por su cultura popular, gastronomía y sus caldos. Septiembre es el mes en el que se celebran las fiestas patronales con su famoso baile del Gigantón, una comparsa de gigantes que representan al Rey Blanco (Sancho VII, el Fuerte), la Reina Blanca (Doña Blanca de Navarra), el Rey Negro (Abderramán III) y la Reina Mora (sin clara referencia histórica). Los cuatro gigantes acompañados por la banda de música recorren las calles para realizar su baile en la plaza de los Fueros. Casi con devoción asisten todos los cirboneros a esta celebración que ha calado en la población desde que se instauró en 1941.

En junio se puede disfrutar de otra tradicional y curiosa fiesta, la danza de la Sanjuanera y la quema del “Chapalangarra” en la Noche de San Juan, una tradición que se remonta a las Guerras Realistas. La festividad comienza con la representación de la figura del militar liberal Joaquín Romualdo de Pablo y Antón, conocido como el “Chapalangarra”. Los cirboneros sufrieron la crueldad de este militar, destinado en Navarra de 1820 a 1823, durante la sublevación armada de las guerrillas realistas partidarias de Fernando VII en el Trienio Liberal. En la fiesta se representa al “Chapalangarra” con un muñeco de tamaño real que es colgado del balcón del ayuntamiento, apaleado y finalmente quemado. Para los cirboneros el “Chapalangarra” es la misma encarnación del mal de la que solo el fuego puede librarles. Como toda fiesta la música tiene un protagonismo especial y con el solsticio de verano las calles se llenan de sonidos de gaitas que tocan la jota Sanjuanera, un popurrí de varias melodías que se interpreta desde 1860.

Dejamos atrás la cultura popular para encaminarnos hacia Corella. Desde el ayuntamiento nos dirigimos hasta la plaza de toros y subimos a la “carretera de Madrid”, dirección Pamplona. A la altura de la Bodega Cirbonera, giraremos a la izquierda para tomar el camino de la Torraza. Pronto nos encontraremos con unas magníficas vistas del valle del Alhama y un área recreativa para poder disfrutarlas. Una tendida cuesta abajo nos lleva al puente peatonal que cruza el Alhama. Al otro lado, la depuradora de Cintruénigo y pocos metros más adelante giraremos a la derecha para ver al fondo la inconfundible silueta de Corella, la capital del Barroco en Navarra.

 

HISTORIA Y NATURALEZA EN UN MISMO RECORRIDO

La “Ruta saludable y cultural del Alhama” nos llevará al paretón de Corella, un camino elevado que evita que el río inunde las huertas. En esta zona el bosque de ribera es muy notable, con altos y frondosos carrizos, chopos y abundante vegetación que han convertido este tramo del Alhama en un enclave estratégico para el avistamiento de aves. La gran abundancia de conejos, ratas y anfibios propicia la presencia de gran variedad de rapaces: gavilanes, azores, halcones, búhos reales, autillos, milanos, águilas calzadas… Todo un muestrario que se completa con vistosos pájaros como el martín pescador, la oropéndola o las zancudas cigüeñas que pueblan esta margen del río.

No todo son aves en este pequeño pero rico ecosistema. La capital del Barroco es también uno de los pocos reductos que quedan en España en los que se mantiene una población estable de visón europeo. El libro “Corella, tierra salvaje” recoge el estudio desarrollado por el Guarderío Rural y el servicio de rastreo forestal, que contabilizó más de cincuenta especies cohabitando en pocos kilómetros del río, gracias al bosque de ribera, de soto y la abundancia de alimento.

Nutrias, tejones, castores, comadrejas, visones europeos, turones... viven con relativa tranquilidad en la vega del río donde encuentran cobijo, escondite y alimento sin mucho esfuerzo. Zorros, corzos y jabalíes son también habitantes de este ecosistema, aunque en nuestro camino serán las grandes zancudas las que siempre nos estarán esperando. La ruta nos lleva hasta la llamada “Villa de las cigüeñas”, un espacio habilitado sobre la defensa del río para que construyan sus pesados nidos. Corella cuenta con una colonia de unas doscientas cigüeñas, que desde hace ocho años controlan mediante anillamiento para conocer sus hábitos de migración, al ser este un paso natural entre los Pirineos y el Moncayo.

El paretón nos permite observar a izquierda y derecha la riqueza de la tierra que riega el Alhama, con innumerables huertas a los pies de la ciudad y el singular bosque de carrizos y chopos en las dos márgenes del río. La naturaleza se abre paso en esta ruta, aunque también la intervención humana está posibilitando la recuperación de algunas especies arbóreas. Al final de la pista, en el paraje conocido como el Sotillo y rebautizado como “Parque Erasmus”, los promotores de la ruta están recuperando las antiguas olmeras que llenaban estos campos. La grafiosis exterminó prácticamente todos los olmos (Ulmus minor) y han comenzado a reforestar la zona con nuevos árboles de esta especie resistentes a la enfermedad.

Aquí la pista se cubre de asfalto por unos metros y nos lleva a un nuevo cruce de carretera al que deberemos, nuevamente, prestar atención. Nada más pasar al otro lado cogeremos el camino que comienza tras la valla y nos lleva de nuevo junto al río en dirección a la depuradora. Tras pasar bajo el puente de la variante de Corella, giraremos 90 grados a la izquierda para subir hacia La Estanca, un humedal de enorme riqueza natural plagado de somormujos, garduñas, garzas, garcetas, percas, fochas, ardillas, castores, ginetas, etc. Toda esta rica fauna puede ser contemplada desde el recién estrenado observatorio de aves, fabricado con madera plástica como el resto de elementos de la ruta.

Los casi dos kilómetros de recorrido alrededor de la Estanca sirven para recreo de caminantes o ciclistas y como circuito de entrenamiento gracias a las ocho estaciones de ejercicios que componen el “Circuito de La Hoya de Mostaz”, nombre del paraje en el que se enclava el humedal. No sería extraño cruzarnos en este punto con un vehículo muy especial, la Yayacleta, un triciclo adquirido por Biciclistas de Corella que da servicio de forma voluntaria principalmente a personas mayores de 65 años, que gracias a este transporte pueden desplazarse y disfrutar de esta reserva natural y otros rincones de la ciudad.

 

LA CIUDAD DEL BARROCO

Tras una vuelta completa al humedal de la Estanca desharemos una pequeña parte del camino para despedirnos de nuestro fiel compañero de ruta, el Alhama, y dirigirnos al mismo centro de Corella, mientras que el río continúa su lento descenso abandonando Navarra para nutrir con sus aguas el cauce del Ebro en la vecina Alfaro, ya en La Rioja.

La ciudad del Barroco hace honor a su apellido recibiendo al visitante con históricos palacios y casas solariegas. La plaza de los Fueros alberga una monumental iglesia barroca en ladrillo, Nuestra Señora del Rosario, flanqueada por la casa palacio de los Virto de Vera. Merece mención especial la Casa de los Alonso, lugar de nacimiento de José Alonso y Ruíz de Conejares, compilador de los Fueros de Navarra. Sus paredes acogieron al ilustre jurista mientras recopilaba los documentos que sirvieron para redactar la Ley de Modificación de los Fueros de Navarra en 1841.La huella de la historia ha quedado impregnada en las calles de esta villa con título de ciudad desde 1630, por gracia de rey Felipe IV. Las imponentes y numerosas construcciones barrocas dan fe del esplendor y la importancia que Corella tuvo en este siglo, llegando a ser residencia real por un corto espacio de tiempo. El 14 de junio de 1711 el rey Felipe V, acompañado de toda la familia real, trasladó toda la Corte a la Ciudad de Corella, ocupando la conocida como “Casa de las Cadenas”. A escasos cien metros se encuentra otra joya de la época, la iglesia de San Miguel, considerado el templo barroco más importante de Navarra. Aunque su origen se remonta a la Edad Media, fue el Barroco el estilo que confirió a esta iglesia la relevancia que presenta en la actualidad.

Desde la misma puerta de la iglesia de San Miguel bajaremos la calle San Juan y a continuación la calle Baños, que seguidamente se convierte en el Camino Bajo, otra zona de huertas en la que podemos encontrar los famosos ajos de Corella y que nos llevará hasta la ermita de la Virgen del Villar, patrona de esta localidad. La ermita es otra muestra más del Barroco, que en tiempos albergó un convento de padres pasionistas y que cada año abre la puerta a sus espléndidos jardines para acoger la tradicional romería del Villar, el segundo domingo posterior al Domingo de Resurrección. 

El recorrido desde Corella a La Estanca y el Villar es una propuesta ideal para cualquier día del año. Un paseo de apenas diez kilómetros, sin ninguna dificultad y con múltiples posibilidades al contar con sendas áreas recreativas, tanto en el humedal como en la ermita, provistas con mesas y parrillas.

El círculo se cierra desde este punto. Cruzando la carretera NA–161 afrontamos un tramo ideal para amantes de la bicicleta. Nos dirigimos a Fitero por el término del Ombatillo, zona de cultivos extensivos de cereal, olivos, viñas, espárragos, alcachofas, brécol y el producto estrella en el mes de junio la cereza, fruto de gran calidad muy apreciado en toda Navarra.

La pista es amplia y recta en los primeros tramos, aunque deberemos seguir con atención los postes que señalizan la ruta para no hacer kilómetros de más. Aquí el paisaje se unifica y es fácil equivocar el camino a Fitero. Sirva de referencia varios pasos fácilmente reconocibles: las encinas del Borro, un pequeño bosque reforestado por alumnado del colegio de educación primaria de Corella en los años 90; el camino de alabastro, un giro a derechas cubierto por piezas de esta piedra blanca y traslúcida que abunda en toda la zona; y ya entrando en el término municipal de Fitero, los olivos “araña” a los que hemos llamado así por la peculiar forma que adquieren estos árboles tras su poda.

Llegando a la zona de Abatores podremos ver a nuestra izquierda la carretera que une Cintruénigo con Fitero, por la que entraremos de nuevo hacia la plaza de San Raimundo pudiendo continuar el mismo camino del que partimos para regresar al inicio de la ruta en Baños de Fitero.

Son múltiples las alternativas que ofrece esta ruta tanto para paseantes o ciclistas habituales como para turistas que quieran conocer la historia, fauna y paisaje del sur de Navarra con el discurrir del río Alhama.

 

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