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Rutas con nieve en Navarra

Roncesvalles, la 'Columbia navarrica'

Al norte de Navarra, en las primeras estribaciones del Pirineo, donde historia y religión se dan la mano en la primera etapa del Camino de Santiago, todos los inviernos se produce el milagro esperado. Copiosas nevadas trastornan la vida de locales y visitantes en Roncesvalles y alrededores. Es en ese momento cuando podemos recorrer sus laderas y bosques con nuestras tablas de esquí de montaña.

Vídeo Columbia navarrica
Vídeo Columbia navarrica
Un paseo sobre los esquís por los alrededores de Roncesvalles.
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Vídeo Columbia navarrica
  • Conocer Navarra
Actualizada 11/12/2020 a las 09:21

(Reportaje publicado en la revista Conocer Navarra nº 49 con fecha diciembre de 2017. Texto y fotografías de JAVITO CAMARERO).

 

Todos los inviernos, desde el norte de Europa, nos visitan frentes fríos cargados de precipitaciones en forma de nieve. Podemos llegar a disfrutar de 2 o 3 nevadas en las primeras estribaciones del Pirineo navarro. Si bien para la mayoría de los habitantes de estos valles supone una incomodidad en los desplazamientos, sobre todo para alimentar y cuidar el ganado, para otros muchos resulta un motivo de alegría y diversión. Para ellos, es una oportunidad para practicar el esquí de montaña en lugares cargados de simbolismo, historia y cercanía. Los teléfonos echan chispas, llamadas a gasolineras y bares, fotografías de la zona que rápidamente llegan a través de redes sociales o desde chats del móvil y que nos permiten hacernos una idea del alcance real de la nevada. Pronto, se organizan las comitivas de peregrinaje.

Roncesvalles es uno de esos rincones de los que hablo. La impresionante Iglesia Colegiata de Santa María, considerada el mejor ejemplo del gótico en Navarra, es el motivo. Primera parada para miles de peregrinos que se acercan a este bello paraje del Pirineo en busca de no saben bien qué, aunque se conformarían con encontrarse a sí mismos mientras disfrutan de la belleza del lugar.

Nosotros en cuanto las condiciones se alinean mágicamente, recorremos la carretera N–135, por los puertos de Erro y Mezquíriz, que nos van mostrando esbozos y posibilidades de nuestro destino. En la “Columbia navarrica” hay que aprovechar el día o incluso mejor el momento, la hora. La nieve y el frío tienen sus días contados. Se debe a la influencia atlántica del mar Cantábrico, que se encargará de suavizar cualquier exceso invernal en esta zona en pocos días. No se puede esperar a mañana, la oportunidad no se puede dejar pasar en este rinconcito del norte de Navarra.

Mientras ganamos altura a través de los hayedos, cuya alfombra por esta vez no es de hojas sino del blanco elemento, nuestros pasos nos llevan a los lomos nevados de Altobizkar. Si el día es bueno y no sopla mucho viento podemos incluso pasar por el collado de Lepoeder y acceder al mismísimo Ortzanzurieta, que representa la mayor altura de la zona superando los 1.500 metros. Las orientaciones para bajar son buenas en ambas vertientes, aunque las sureste suelen beneficiarse del sotavento habitual en la zona y, por tanto, de mayores acumulaciones de nieve.

 


LOS PAISAJES

Desde estas estratégicas atalayas podremos disfrutar del impresionante paisaje que vemos al sur: la plana formada por Burguete y Espinal bajo un sol invernal es todo un espectáculo. Al norte, será mucho más difícil poder ver algo. Lo normal es tener nubes y nieblas en los valles franceses del norte, que tras pasar el cordal se deshacen formando nubes menores y neblinas. Aunque las Landas y la costa siempre están ahí.

Ya de descenso con nuestros esquís, estiraremos estas laderas por las lenguas que forman sobre los bosques. Una vez en el dominio de las hayas podemos seguir con la diversión. Esquiar por nieve polvo mientras nos acercamos peligrosamente a los recios troncos forjados en centenarios bosques pirenaicos es una experiencia que para muchos resultará aterradora, pero para otros será inolvidable. El silencio tan solo se verá roto por el deslizar de nuestras tablas y el jadeo de nuestra respiración desacompasada mientras ejecutamos los giros y quiebros que la aleatoria disposición de los árboles nos obligan a realizar.

 


LA METEOROLOGÍA

No siempre se dan las condiciones apropiadas. En ocasiones nos encontraremos con días bajo la lluvia fina o sobre nieve costra fruto de los caprichosos devenires de la meteorología. Pero esto es algo que hasta que no llegues al lugar nunca descubrirás. Por no hablar de la niebla, a menudo presente en este rincón y que nos obligará a no alejarnos del bosque para no perder referencias visuales y poder esquiar con seguridad. Por ello, es muy recomendable llevar siempre GPS que nos oriente en caso de nieblas y nos facilite el retorno. Así como para poder informar sobre nuestra posición a los servicios de rescate en caso de accidente. El cordal que forman estas montañas conforma la divisoria de aguas, por lo que los frentes fríos descargarán toda su precipitación al chocar con ellas. La que caiga en su cara norte, de agua o nieve, desembocará en el Cantábrico. Y la que lo haga en la sur, regará la cuenca Mediterránea.

 


NUESTRA HUELLA EFÍMERA

Volvemos al esquí: es la tercera vez que remontamos las laderas de Altobizkar y, tras recorrer de subida sus despejadas laderas, tomamos aire de nuevo en su cima. Oteamos el horizonte en busca de paños sin mancillar, de tapices limpios de la huella de cualquier otro esquiador. Hacia allí dirigimos nuestras tablas, sabiendo que por hoy será la última impronta que aportaremos al medio. Una huella efímera e inofensiva. La próxima nevada o el viento la ocultará, y si hace calor la nieve desaparecerá. No quedará ni rastro de nuestro paso por el lugar. De nuevo me veo en el bosque cerrando las huellas de mi compañero en forma de ‘eses’, mientras evito algún haya hacia la que el destino me lleva o me aprovecho de otra para cerrar el giro. Cualquier cosa salvo pisar la huella del que me precede. Porque haría acelerar mi ritmo y alcanzarle de manera peligrosa.

Abajo, al final de la ladera, nos esperan pequeños ríos que sortearemos como podamos de un salto para luego deslizarnos por el camino de nuevo hacia la Colegiata. Será el momento de reponer fuerzas con un bocata, caldo o café en casa Sabina o en el Hostal. Desde ahí con las últimas luces del día volveremos al hogar con la satisfacción de haber podido hacer algo poco habitual por el clima tan suave que últimamente soportamos. Y, sobre todo, por lo singular del rincón en el que se ha producido el milagro.

 

LOS RECORRIDOS

 

1. Desde roncesvalles. Roncesvalles–Ortzanzurieta por el Camino de Santiago

  • Distancia solo ida: 6,5 kilómetros
  • Desnivel: 600 metros
  • Tiempo: 2 horas 15 minutos

Esta es la ruta más habitual, desde el mismo Roncesvalles, cuando dispongamos de nieve. Arranca del aparcamiento que hay abajo, detrás de la colegiata, y que tras cruzar un pequeño puente al este se dirige por una pista hacia el collado de Nabala. Cuando hayamos recorrido 300 metros de esta pista tomaremos otra mucho más en subida hacia la izquierda por la que ganaremos metros a través del bosque. Todo el recorrido es Camino de Santiago y se encuentra perfectamente señalizado.

Desde el 1 de noviembre de este invierno todo este tramo de la ruta jacobea se encuentra cerrado a peatones, debido a los numerosos incidentes y rescates que se producen en la zona por falta de preparación y previsión de los peregrinos. En hora y media de subida, a un ritmo tranquilo habremos ganado los 450 metros de desnivel desde el punto de salida y tras salir del bosque estaremos a pocos metros del collado de Lepoeder (1.440 m). El lugar es fácilmente reconocible debido al poste de emergencia instalado.

Desde aquí en función sobre todo del viento, elegiremos nuestro siguiente destino. La cima de Altobizkar, a 1.497metros de altura, se alcanza al norte del collado en poco más de un kilómetro de lomas. Orztanzurieta, a 1.565 metros de altura, será nuestro siguiente objetivo si el habitual viento de la zona y las nieblas nos dan una tregua. Desde el collado de Lepoeder seguiremos el cordal hacia el este, en una sucesión de pequeñas cimas durante algo menos de 2 kilómetros. El recorrido sigue los tramos asfaltados de la pista que nos lleva a la cima y en algunos puntos podemos distinguir balizas y mojones de referencia que emergen entre la nieve.

Si el viento sopla con fuerza en el cordal debemos permanecer en las caras al sur, mucho más protegidas y seguras. Aquí, las laderas acumulan la nieve que el fuerte viento trae y son el lugar ideal para deslizar con las tablas.

2. Desde Ibañeta. Alto de Ibañeta–Altobizkar siguiendo la antigua NA-2033

  • Distancia solo ida: 5 kilómetros
  • Desnivel: 450 metros
  • Tiempo: 1 hora 45 minutos

Cuando la nieve escasee en la zona de la colegiata, podemos subir en coche el cercano puerto de Ibañeta, a 1.069 m, donde podemos visitar la ermita de San Salvador y un centro de interpretación de aves. En este punto, hacia el este, sale una estrecha carretera que no se limpia en invierno. Esta será nuestra referencia para alcanzar en poco más de 5 kilómetros el collado de Lepoeder. Desde este punto podremos atacar las cimas de Altobizkar u Ortzanzurieta en función de nuestras fuerzas y tiempo.

 

EL MATERIAL NECESARIO EN ESQUÍ DE MONTAÑA

Para practicar esquí de montaña o travesía debemos de partir de un nivel medio/alto de esquí en pista. Las nieves y situaciones cambiantes que nos encontraremos en la montaña no son como las pistas y nieves tratadas de una estación de esquí. Existen clubes como el Deportivo Navarra que programa salidas de esquí de montaña, algunas de ellas de iniciación durante la temporada, y que son un buen modo de introducirse en la especialidad.

Botas: Son más ligeras que las tradicionales de pista y cuentan con una posición donde se libera el talón para facilitar el ascenso. Para el descenso bloquearemos ese pivotaje y sujetaremos firmemente el pie con los 3 o 4 ganchos con los que cuentan. Todos los modelos más recientes cuentan con unas pequeñas inserciones en la puntera por donde se sujetarán a las fijaciones, para de este modo minimizar el peso del conjunto. Las hay súper ligeras, de menos de 1 kilogramo por bota, destinadas a la competición y pensadas para ascender con rapidez, pero que ofrecen menores prestaciones en los descensos. Pero también existen modelos más equilibrados con pesos entre 1,5 y los 2 kilogramos por bota que son los que recomendamos, en función de nuestro presupuesto, para iniciarse en este deporte.

Tablas: Mucho más ligeras que el material de pista y con tanta o más tecnología que éstas. Atrás quedaron las tablas estrechas de patín que apenas conseguían darnos flotabilidad sobre nieve polvo. Buscaremos, como mínimo, tablas con 85 mm de patín y amplias espátulas/colas que proporcionen radios de giro inferiores a 20 m. Por regla general, serán de longitud inferior a nuestra altura –10 a 15 cm– salvo en modelos destinados a esquiadores muy avanzados. Así, tendremos tablas que rozan el kilo de peso destinadas a competiciones y modelos más polivalentes sobre el 1,5 kg y de ahí para arriba.

Pieles: Las antes llamadas pieles de foca, afortunadamente para estas, han sido sustituidas por materiales sintéticos. Se trata de unas tiras adhesivas con aspecto de alfombra fina, que se pegan y sujetan con clips a nuestras tablas durante el ascenso. En un sentido deslizan sobre la nieve facilitando el avance y en el otro, su material se clava como si fuera un velcro. Una vez arriba se retiran y recogen, dejando nuestros esquís listos para el descenso.

Fijaciones: Son elementos minimalistas. Casi todas las versiones actuales adoptan el sistema de dos dientes en la parte delantera, que sujetan la puntera de la bota y a la vez permiten que ésta pivote sobre la misma en los ascensos. La parte trasera cuenta con varias posiciones: desde la libre con diferentes puntos de alza para las subidas hasta el bloqueo total que utilizaremos en los descensos. Las fijaciones de montaña cuentan con regulación de dureza según nuestro peso y nivel, e incluso muchas de ellas cuentan con homologación para poder usarse en pistas de estación.

 

Y SI NO SOMOS CAPACES DE ESQUIAR...

El no tener la posibilidad de esquiar en esa zona no debe privarnos del placer de visitarla en invierno. Las raquetas de nieve son el modo más sencillo de desplazarse por la zona. Se sujetan sobre nuestras botas clásicas de montaña y evitan que nos hundamos en la nieve. Las hay con alzas traseras para facilitar el ascenso de pendientes leves e incluso algunas cuentan con puntas de acero para sujetarnos en caso de hielo. En contra, resultan incómodas al caminar en diagonal en laderas muy inclinadas ya que son nuestros tobillos los que sufren toda la inclinación. Los pequeños clavos con los que cuentan algunos modelos no pueden asegurarnos en zonas de mucho hielo duro e inclinadas donde se hace imprescindible el uso de crampones y piolets. Ojo por tanto en collados muy venteados donde aparece el hielo. Se pueden adquirir a partir de 65 euros el par, pero también se pueden alquilar en comercios especializados en montaña en Pamplona.

 

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