El refugio cantábrico de Mercedes Jover: "Busco la calma"
De 64 años, viaja allí desde su época de estudiante universitaria


Publicado el 26/07/2026 a las 05:00
A Mercedes Jover le encanta viajar. A cualquier capital europea y a cualquier lugar de Italia. Y esos han sido sus destinos vacacionales del siglo XXI. “En esos viajes paseo, descubro, me siento a ver pasar gente, degusto y, por supuesto, visito monumentos culturales y museos seleccionados”, revela la directora del Museo de Navarra, de 64 años.
Pero pensando en escapadas en cualquier momento del año, incluido el verano, elige Cantabria: Santander, uno de sus valles, alguna de sus largas playas de arena fina. Y eso que ella no es de playa “salvo para pasear y recoger conchas y pequeños cantos desgastados, que bañados por el agua del mar son preciosos”. Quizá es una forma de coleccionismo efímero..., reflexiona.


Suele escapar de los Sanfermines -“dejo sitio a tantas personas que vienen a disfrutar de unas non-stop fiestas”- y busca la calma. “Adiós al despertador, al reloj, a las responsabilidades. Hola al nothingness [la nada], la tranquilidad, el aire libre, el aperitivo diario, las puestas de sol, los paseos por la naturaleza, el refitoleo por los mercadillos, el saludo a personas navarras en callecitas con encanto, playas o paseos campestres...”, enumera. “Porque estamos en todas partes, también en julio”, añade de los navarros.
Siempre viaja con su marido, Javier, y este año han estado en un pueblecito cerca de Comillas, en un apartamento con una terraza con vistas a los montes y al mar. “En este mirador, además de la luz cambiante, de ver caer la lluvia que refrescaba el ambiente cada día y de las vistas, he disfrutado de la vida que bullía en torno a la vegetación: arañas de un trabajador increíble que rehacían sus telas jornada a jornada; abejas libadoras que me tranquilizaban respecto de seguir teniendo miel; delicadas mariposas coloridas, caracoles zampa hojas verdes y por supuesto alguna mosca, que no molestaba al aire libre”, narra como si contara la trama de una película.
Desde su época de estudiante universitaria, Jover viaja a Santander, a poco más de dos horas y media en coche desde Pamplona. En 1982 participó con una amiga en el curso de verano dedicado al arte contemporáneo de la Universidad Menéndez Pelayo. Recuerda perfectamente que lo dirigía “un joven profesor”, Francisco Calvo Serraller, “quien luego fue director del Museo del Prado, de la cátedra Jorge Oteiza de la UPNA y el alma de los curso de la Fundación de Amigos del Museo del Prado, acudiendo con bastante frecuencia al salón de actos del Museo de Navarra donde se celebraban estas actividades”, añade la directora de esta institución desde enero de 2011.
Volvió a la Universidad Menéndez Pelayo en otras ocasiones, así como a los cursos sobre legislación de patrimonio cultural de Reinosa. “Estos cursos de verano son muy interesantes en sus contenidos y permiten combinar aprendizaje con un relax y una diversión que casi forman parte del programa”.
Jover se detiene en “las Casonas de Cantabria reconvertidas en hotelitos con encanto” porque han sido destinos muy recurrentes como regalo de Reyes, cumpleaños y onomásticas. “Y cualquier excusa es buena para volver a Santander, ciudad luminosa y de preciosa playa urbana, que ha apostado por el coleccionismo; que cuenta con una gastronomía de gran calidad y de donde puedes volver relajada, feliz y cargada de sobaos pasiegos”.
Confiesa que tiene “montones de recuerdos muy gratos”. Elige un momento para otro concreto ya en casa: “Evocar el relajante sonido del mar me ayuda cuando me cuesta conciliar el sueño”.
Y aunque por estas líneas ha tenido especial protagonismo Cantabria y Santander, reconoce Jover que, reflexionando sobre cuál es su refugio favorito, ha llegado a la conclusión de que "el verdadero refugio es tener tiempo para estar en paz y con tranquilidad”. “Y en ese sentido, mi refugio es el cuarto de estar de mi casa, donde paro poco, siempre con cosas que hacer”, desvela.