Arquitectura singular
El único claustro de España suspendido sobre un río se esconde a 100 kilómetros de Pamplona
El río Ubao corre debajo del claustro de la iglesia de San Miguel Arcángel de Oñati


Publicado el 26/04/2026 a las 05:00
En el corazón de Oñati, una villa encajada entre montañas y conocida como el “Toledo vasco” por la densidad de su patrimonio histórico, se alza una de las rarezas arquitectónicas más sorprendentes de la Península Ibérica. A apenas 100 kilómetros de Pamplona, este pequeño municipio guarda un secreto que desafía tanto a la lógica como al paso del tiempo: el único claustro de España construido literalmente sobre un río.
La iglesia de San Miguel Arcángel, epicentro monumental de la villa, fue creciendo a lo largo de los siglos con una mezcla de estilos que van del gótico al barroco y al neoclásico. Sin embargo, su elemento más singular no está en su torre ni en su fachada, sino en el interior.
Hacia 1525, un ilustre vecino de la villa, el obispo Rodrigo Sánchez de Mercado de Zuazola -que llegó a ser consejero de los Reyes Católicos, presidente de las Reales Chancillerías de Granada y Valladolid, obispo de Mallorca, de Sigüenza y de Ávila- decidió levantar el claustro. Y se enfrentó a dos problemas críticos: la pared sur del templo amenazaba con desplomarse y el río Ubao corría justo debajo, sin dejar espacio ni terreno firme. La solución fue tan audaz como ingeniosa. Los maestros canteros levantaron los lados este y oeste del claustro sobre dos puentes de un solo arco, permitiendo que el Ubao continuara fluyendo bajo las galerías.
El resultado fue una estructura híbrida: claustro, puente y contrafuerte al mismo tiempo. Seis pilares de gran tamaño anclaron la pared debilitada, estabilizando el conjunto. Desde entonces, hace ya cinco siglos, el río atraviesa el edificio bajo bóvedas de crucería sin haber interrumpido su curso ni comprometido la estabilidad del templo.
TRADICIÓN Y RUPTURA
El interior del templo guarda también valiosas piezas artísticas, como el sepulcro gótico de Pedro Vélez de Guevara o el retablo barroco de Juan Bautista de Suso. Sin embargo, el rincón más personal se encuentra en la Capilla de la Piedad, donde descansa el propio Mercado de Zuazola en un mausoleo de mármol, atribuido a Diego de Siloé.
Allí, una inscripción latina resume su aspiración de permanencia: "Cristo, sol de justicia, del alba al ocaso". Cinco siglos después, su legado sigue en pie, sostenido -literalmente- sobre el curso incesante del agua.
Un capricho arquitectónico que no solo resolvió un problema técnico, sino que convirtió a Oñati en un destino imprescindible para quienes buscan las historias más insólitas del patrimonio español.