Una joya medieval escondida detrás de una parada de autobús en la que se detienen cientos de viajeros navarros

La estación de descanso de Daroca sirve de parada para cientos de navarros en sus viajes hacia el Mediterráneo, pero casi nadie se detiene a descubrir por qué National Geographic la considera una de las localidades más bellas de España

Puerta baja de Daroca
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Diario de Navarra

Actualizado el 25/07/2025 a las 14:01

Desde la ventanilla del autobús, Daroca no parece gran cosa. Especialmente si uno se encuentra en el descampado polvoriento que sirve como aparcamiento de autobuses a las afueras del casco histórico. Sin embargo, a escasos metros se esconde uno de los pueblos medievales más bellos del país, según ha publicado recientemente la revista National Geographic.

La paradoja es evidente: Daroca ha sido incluida en una selecta lista por su excepcional patrimonio medieval, pero la gran mayoría de quienes paran allí no llegan a verlo. El autobús frena, los pasajeros estiran las piernas, algunos aprovechan para tomar un café o ir al baño… y al cabo de quince minutos o media hora, el viaje continúa. Ni rastro de las torres que saludan al visitante, de las murallas que abrazan el núcleo urbano o del castillo que aún corona el pueblo con aire legendario.

National Geographic elogia precisamente eso: la capacidad de Daroca para integrar su herencia medieval en el día a día del pueblo, sin convertirlo en un decorado ni en un parque temático. “Sus torres son una monumental bienvenida para el forastero”, señala el texto, que también destaca que Daroca tuvo una de las murallas más largas del país y que aún hoy circunvala la localidad.

"Si de algo puede presumir Daroca, es de tener algunas de las torres más bellas de las península, estoicos recuerdos de la que un día fue una de las murallas más largas del país y que hoy aún circunvalan esta bella localidad y desembocan en su ajado, pero aún así impresionante, castillo", describe National Geographic.

Tal vez el problema es que esa monumental bienvenida queda un poco más allá del aparcamiento. Y si nadie avisa, el visitante de paso se marchará sin saber que, a menos de cinco minutos caminando, podía haber visto una joya medieval. Una más de esas pequeñas ironías que se dan cuando el turismo va demasiado rápido para mirar.

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