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Qué ver en Navarra: 8 parajes naturales que merece la pena visitar
Los paisajes son una de las principales riquezas de la Comunidad foral


Actualizado el 07/03/2025 a las 09:31
Ahora que se acerca la primavera, comienza la temporada de disfrutar de los fines de semana en plena naturaleza. Cualquier punto de la Comunidad foral es una opción idónea para llevar a cabo este plan y es que Navarra acoge una gran variedad de paisajes que merecen una excursión. Tal vez pienses que ya conoces muchos de sus rincones más especiales, pero su exuberancia y magnetismo seguro que vuelven a sorprenderte en una segunda visita. Aquí te dejamos ocho lugares que te encantarán.
SELVA DE IRATI
Si el senderismo te apasiona, este es un auténtico paraíso natural en el que tus pasos se verán acompañados de multitud de especies vegetales: hayas, robles, abedules, sauces, helechos, musgos, etc. La Selva de Irati, situada en pleno Pirineo, es uno de los hayedo-abetales más grandes y mejor conservados de Europa. Las rutas parecen infinitas y ofrecen paisajes tan idílicos como impactantes.
Uno de esos senderos conduce al embalse de Irabia. Este enclave se nutre de numerosas regatas, entre las que destacan Urbeltz, Urtxuria y Egurgio, y su color azul ofrece un espectáculo inigualable en contraste con el verde del frondoso bosque.
CUEVA DE ARPEA
También en el corazón de la Selva de Irati, destaca una de las cuevas más singulares de la Comunidad foral. Se encuentra en la misma divisoria de la frontera con Francia, en el término de Orbaizeta. Es fácilmente reconocible, puesto que su boca de entrada está enmarcada por los pliegues de la montaña en forma de V invertida. Luce un halo misterioso, principalmente en días nublados o con niebla, muy frecuentes en la zona. Su interior es muy pequeño, y se usaba para refugio del ganado. Cuentan los lugareños que allí los pastores quedaban prendados de la belleza y la voz de las lamias, figuras femeninas de leyenda que escondían oscuras intenciones.


Se puede acceder con vehículos a la zona una vez superado el Collado de Orgambide, si bien la carretera es estrecha y con presencia ocasional de ganado. Desde un improvisado parking, se llega a la cueva a pie, en un camino corto, fácil pero con pendiente. Una pequeña casa junto a la cueva evoca los paisajes de Heidi en Suiza de un verde intenso que luce todo el año.
EMBALSES DE LEURTZA
Entre las localidades de Urroz y Beinza-Labayen, también en la mitad norte de la Comunidad foral, se encuentran los embalses de Leurtza, construidos en 1920. Puedes conocer su entorno a través de un sendero local de 3,5 kilómetros de longitud cuya sencillez permite un cómodo paseo.
El recorrido comienza en el embalse inferior, entre robles, espinos y acebos. Durante todo el sendero, hay 10 paneles que dan a conocer la flora y la fauna del lugar y algunas actividades que se realizaban en el pasado en estas tierras. Tras pasar el primer embalse, te encontrarás con un joven hayedo, recurso para los habitantes de la zona y, después de rodear el segundo embalse, un segundo hayedo de árboles más antiguos que el primero. A continuación, hay una vista panorámica del embalse superior y el entorno de Leurtza que dará paso a una zona kárstica producida por la acción erosiva del agua. Más adelante y al lado de la presa del embalse inferior, se encuentra la plaza de la carbonera, que narra el pasado de este bosque que se utilizó para la producción de carbón. Por último, antes de dar fin al recorrido, se pasa por una zona de prados y bordas, testigos de la actividad ganadera.


VÍA VERDE DEL PLAZAOLA
Si ya has pisado todos los recorridos anteriores, te dejamos otro listo para lanzarte a la aventura. En este caso, se trata de la ruta que sigue el trazado del tren del Plazaola, que unía Pamplona con San Sebastián. El trazado total es del 66,5 km (41,9 km en Navarra y 24,6 km en Gipuzkoa). Su punto de inicio en nuestra comunidad es Sarasa. Desde allí, recorre los valles de Larraun y Leitzaran, dejándonos bellas imágenes de bosques de haya y robles y prados en los que se van dibujando numerosos caseríos. Su espectacular trazado cuenta con estaciones rehabilitadas y numerosos túneles, entre ellos el de Uitzi, el más largo de las vías verdes de Europa con 2,7 km.


NACEDERO DEL UREDERRA
Al norte de la localidad de Estella, se encuentra otro de los parajes naturales más espectaculares de Navarra. Se extiende por una ruta de 6,2 kilómetros que parte desde Baquedano, en el valle de Amescoa Baja. El recorrido empieza en la pista forestal, y tras cruzar una barrera, el camino se bifurca. Se recomienda que a la ida, se tome la senda situada a mano izquierda, aquella que discurre más cercana al río, pues a pesar de tener una mayor longitud, es la más bonita.


Rodeada de un bosque en el que cobran protagonismo los hayedos y los robles, la ruta conduce río arriba. Aparecen las primeras pozas y cascadas, las cuales se suceden entre sí. En los tramos donde el agua fluye de manera más tranquila, se puedes apreciar los tonos azules y verdes que tanto caracterizan a este espacio natural.
Tras haber recorrido un buen pedazo de la ruta, el sendero comienza a tomar altura entre pasarelas y puentes de madera. De igual forma, las cascadas son cada vez más altas.
La subida desemboca en una gran cascada de más de 100 metros de altura, que mana de un cortado rocoso. Este es el conocido como Balcón de Pilatos, lugar que pone punto y final al sendero.
FOZ DE LUMBIER
Del verde y turquesa propios de los paisajes anteriores pasamos a una panorámica mucho más dura, aunque igualmente atractiva. Las características geológicas del entorno y el aislamiento a través de los siglos han conservado la foz de Lumbier. Su singular vegetación, que se extiende y la viste a lo largo de los escarpados roquedos, ha hecho de este cañón el hogar de grandes rapaces. De ahí que sea un lugar ideal para los aficionados a la observación de aves.
Sin embargo, lo que distingue a Lumbier del resto de foces españolas es la posibilidad de recorrerla. Si visitas este gran cañón, podrás atravesar sus 1.300 metros de longitud por la vía verde que discurre al lado del río y al pie de los acantilados, un entorno que anuncia las primeras estribaciones del Pirineo oriental navarro. Durante ese paseo, uno de los mayores placeres consiste en dejarse llevar por el rumor tranquilo de las aguas y el sonido de las chovas.


BARDENAS REALES
Los tonos ocres y el paisaje escarpado caracterizan también otro de los destinos más conocidos de Navarra. El Parque Natural de las Bardenas Reales fue declarado Reserva de la Biosfera por la UNESCO. Se trata de una extensión de 42.500 hectáreas semidesérticas que puede disfrutarse de distintas maneras, desde una visita guiada hasta un recorrido en quad o 4x4.
Algunas de las rutas más destacadas son la de ‘El Fraile’, que recorre uno de los parajes más desérticos, la circular, que permite divisar las Bardenas Reales al completo o la del ‘Barranco de las Cortinas’. Se pueden realizar en coche, a pie o en bicicleta y ofrecen un paisaje digno de cualquier película de Hollywood.


SAN MIGUEL DE ARALAR
Para terminar, te proponemos una visita de altura: el Santuario de San Miguel de Aralar. Situado a 1.200 metros de altura, se puede llegar a sus puertas mediante dos rutas que atraviesan un precioso bosque de hayas. Una vez arriba, las vistas mantendrán tus ojos bien abiertos y centrados en la espectacularidad de la naturaleza. El monte Beriáin y el valle de Arakil ocuparán un lugar privilegiado en la panorámica y, si prestas suficiente atención, llegarás a ver las cumbres nevadas de los Pirineos navarros como telón de fondo.
Esta excursión incluye además la posibilidad de visitar el santuario. Te recibirá un pórtico cubierto por una bóveda de cañón que comunica con las tres portadas laterales. Al acceder al interior, te toparás con una capilla construida a finales del siglo XII para venerar reliquias. Junto a su puerta, unas cadenas que hacen referencia a la leyenda de Teodosio de Goñi, un caballero navarro que vivió en el siglo VIII y al cual se relaciona con el origen del santuario.


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