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El largo camino del coche autónomo

Los fabricantes no solo se enfrentan a los restos tecnológticos, sino a los problemas éticos, legales y sociales

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Colpisa.Madrid

Actualizado el 26/03/2018 a las 06:00

Es uno de los campos donde hay puestas más esperanzas y expectativas y uno de los que más polémica y dudas genera. El reciente atropello mortal perpetrado por un coche autónomo en Arizona no ha hecho sino generar más polémica sobre si realmente llegaremos y confiaremos en este tipo de vehículos. Pero lo cierto es que aún queda mucho camino por recorrer, mucha tecnología por desarrollar y muchas cuestiones por resolver antes de que las carreteras se llenen de estos coches. "Si nos fijamos en el avance de la tecnología en el sector de la automoción y en otros sectores que proveen a esta industria podríamos decir que es un escenario bastante posible en los próximos cinco a diez años", explica Víctor Blanco Campos, experto en seguridad vial y auditor de carreteras. "Pero si tenemos en cuenta el contexto normativo y social todas esas expectativas se vienen abajo", añade. Es decir, que los coches autónomos no solo deben ser capaces de comunicarse y relacionarse con la propia infraestructura, los peatones y los otros coches, sino que la sociedad debe ser capaz también de incluirlos en el sistema vial, "un sistema conservador por naturaleza que sustenta el derecho a la movilidad y donde los tratados multilaterales para su aprobación son complejos". En esta parte social, los coches autónomos también deben superar algunos obstáculos. Por un lado, el hecho de que para muchos usuarios conducir es un acto de placer. Por otro, los recelos que este tipo de máquinas producen.


En los últimos años hemos visto cómo cada vez más los coches incluyen algunas prestaciones tecnológicas que son la antesala del coche autónomo: desde la asistencia en el aparcamiento hasta el control de velocidad, la frenada para mantener la distancia de seguridad o la corrección del desvío involuntario del carril. Prestaciones todas ellas que se incluyen para aumentar la seguridad vial y reducir los accidentes de tráfico.


"La tecnología lleva ayudándonos décadas y evitando siniestros en innumerables ocasiones", reafirma Blanco. Sin embargo, el reciente accidente mortal en el que estaba implicado un coche automático ha vuelto a generar recelos sobre la idoneidad de estos sistemas. Sin embargo, para este experto hay que seguir pensando que las tecnología nos ayudarán a "mitigar el riesgo de los accidentes de tránsito y así quedó reflejado en las acciones recomendadas para el fortalecimiento de la gestión de la seguridad vial en la Conferencia Mundial sobre Seguridad Vial de Brasilia en 2015".


Toma de decisiones Algunos estudios calculan que el 90% de los accidentes están causados por un error humano. Mientras, la Governors Highway Safety Association concluye que los vehículos autónomos pueden reducir los accidentes en un 46%. Pero, ¿quién enseña a los coches autónomos a tomar la mejor decisión en cada momento? Los problemas más conocidos en ética tienen que ver con a quién se le debe sacrificar en un choque inevitable. Por ejemplo, imaginemos que un peatón cruza por un lugar indebido y en ese momento pasa un coche autónomo. El automóvil puede girar bruscamente hacia un lado, donde hay un muro o pared. Si lo hace, posiblemente mate al pasajero. Pero, si no lo hace y continua su ruta, mataría al peatón. ¿Qué debería hacer? El Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) ha elaborado Moral Machine, una herramienta que pretende conocer mejor las implicaciones éticas y morales de muchas situaciones para poder enseñar después a las máquinas. La idea es recopilar y analizar cuáles son las decisiones más éticas o las que la mayoría de los conductores tomarían para trasladarlas a la inteligencia artificial, de manera que los programadores de estos vehículos autónomos puedan definir unas reglas explícitas para cada una de estas situaciones. Precisamente por estas cuestiones éticas, la duda que se plantea es si realmente los coches llegarán a conducir solos en las carreteras o se limitarán a hacerlo en circuitos cerrados y muy controlados (como el transporte de viajeros dentro de un aeropuerto) y a bajas velocidades.


En este sentido, cabe señalar que la automatización del manejo de otros medios de transporte ya es una realidad en sectores como el ferrocarril, la aviación o incluso el transporte marino, que disponen de centros de gestión y control del tráfico que interactúan con los vehículos. La clave está en que "en ambos lados hay siempre un operador y un conductor. Esto es porque siempre hay y habrá situaciones no previsibles frutos del azar o consecuencias inverosímiles que requieren de una interacción directa de una persona", explica el Blanco. "Pensar en que sus decisiones son prescindibles porque hay una inteligencia artificial que se responsabilizará de evaluar el entorno y tomar la decisión más acertada me parece más que aventurado", concluye.

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