OFRECIDO PORbodegas ochoa
Oxoa: un ejercicio de memoria y resistencia en forma de vino
Bodegas Ochoa recupera una vez más la moscatel de grano menudo y la convierte en un vino que reivindica la historia, el territorio y una forma de hacer que se resiste a desaparecer


Publicado el 29/03/2026 a las 05:00
En Bodegas Ochoa hay algo que se mueve, una idea persistente de resistencia. “Esto hay que cuidarlo”, dicen las hermanas Ochoa, Adriana y Beatriz, casi sin necesidad de explicarlo. Y ese “esto” no es solo la viña. Es una variedad, una historia, una manera de hacer.
En la mesa aparece Oxoa. A primera vista, un blanco elegante. Pero basta escuchar su historia para entender que no es un vino más. Está elaborado con moscatel de grano menudo, una variedad que aquí se pronuncia con respeto. No es casualidad: forma parte del patrimonio de Olite desde hace siglos. Se cuenta que ya en tiempos del rey Teobaldo era considerada un regalo digno de la corte.
Una declaración de principios
Hoy, sin embargo, su presencia se desvanece. Las lógicas del mercado no siempre entienden de historia, y la moscatel, delicada y exigente, ha ido cediendo terreno frente a variedades más fáciles y rentables. Pero en Ochoa han decidido cambiar esa narrativa. De hecho, una parte muy significativa de la moscatel de grano menudo que aún queda en Navarra, se encuentra en sus viñedos. No es una apuesta cómoda. Es, más bien, una declaración de principios.
Si te llevas Oxoa a la boca enseguida entiendes que no hay prisa. Te da razones para parar y no porque necesites tiempo para percibirlo. Oxoa es inmediato porque la variedad es un torrente aromático. Si eres fan del moscatel dulce o de su versión más informal, el moscato, sientes que estás ante un discurso que ya conoces. Pero hay muchas más cosas que no son tan obvias.


Se nota que Adriana Ochoa se ha tomado su tiempo para llegar a elaborar un vino monumental, otra cosa, algo que de una manera irracional e intuitiva te atraviesa como el mejor de los flechazos. Adriana describe su proceso de elaboración como un viaje, un recorrido muy personal en el que ha buscado sacar de la variedad algo más que su perfil aromático habitual. Una reinterpretación contemporánea y profundamente respetuosa. Es un vino al que volver una y otra vez porque la sensación de profundidad, de tensión, de recorrido, engancha. No es lo que uno espera. Y eso, precisamente, es lo que lo hace interesante. Lo que te asombra. Lo que realmente lo convierte en patrimonio.
Más tarde, paseando por el centro de Olite, la historia del vino encuentra otra forma de expresarse. En el portón de la iglesia de Santa María la Real, la piedra cuenta lo que antes se podía sentir. Escenas de vendimia, labores del campo, vida cotidiana. Imágenes talladas para transmitir conocimiento a quienes no sabían leer. Es ahí donde todo encaja. La etiqueta de Oxoa reproduce un detalle de ese portón. Una foto, que como en el resto de vinos de Ochoa, es obra de Javier Ochoa, fotógrafo además de enólogo. No es sólo una apuesta visual. Es un manifiesto estético. Del mismo modo que esas imágenes conservaron la memoria de un oficio, este vino hace lo propio. Hay algo profundamente coherente en todo ello. La variedad que se protege, la forma en la que se trabaja, la imagen que lo representa. Todo responde a una misma idea: que el patrimonio no es algo estático, sino algo que se mantiene vivo solo si alguien decide sostenerlo.
Memoria y resistencia
En un mundo donde todo tiende a parecerse, Oxoa va en dirección contraria. No busca encajar, sino permanecer. No quiere gustar a todos, sino ser fiel a lo que representa. Y en ese gesto, silencioso pero firme, hay algo más que vino. Hay memoria y resistencia.
Te puede interesar


