Bodegas Ochoa
Adriana y Beatriz Ochoa: “Hemos tenido que darnos la mano y ser muy valientes”
Las hermanas Adriana y Beatriz Ochoa nos dan detalles de la transformación de Bodegas Ochoa y nos explican los motivos


Publicado el 05/10/2025 a las 05:00
2025 no está siendo un año más en la larga trayectoria de Bodegas Ochoa , fundada en Olite en 1845. En enero presentó una nueva imagen que va acompañada de un cambio mucho más profundo. Las hermanas Adriana (directora técnica) y Beatriz Ochoa (CEO) están al frente de esta bodega familiar desde que en 2015 se jubilaron sus padres: Javier, un apasionado también de la fotografía, y Mariví. Son quienes nos dan más detalles de esta transformación y nos explican los motivos.
¿A qué se debió el cambio de imagen y cómo ha sido recibido por los consumidores?
La presentación de la nueva imagen marcó el comienzo de una nueva era en Ochoa. Nuestra familia ha logrado siempre ir adaptando su mensaje y su legado a los tiempos actuales. Ese día era importante escenificar y compartir con el sector, nuestros clientes, nuestro equipo y nuestra familia la transformación que comenzó con la jubilación de nuestros padres. Este proceso muy pensado, muy vivido y muy ilusionante ha concluido ahora con el lanzamiento de la nueva imagen. No se ha tratado de un cambio de imagen sin nada detrás, si rascas hay muchas transformaciones y mucho trabajo previo. Queríamos compartir todo esto y por supuesto que todo el mundo pudiera probar todas las referencias, tocar las botellas, fijarse en los detalles de cada etiqueta... Queríamos ser escuchadas porque ahora es nuestro turno y el proyecto de Ochoa actual refleja nuestra personalidad. Creemos que está gustando porque nos representa mejor, nos sentimos más cómodas, conecta con las generaciones actuales y es más genuino.
¿Cuánto trabajo hay detrás desde que en 2015 se jubilaron Javier y Mariví?
Ha sido una década muy intensa llena de cambios y de muchos riesgos. Hemos tenido que darnos la mano y ser muy valientes. El primer paso fue la conversión a ecológico de nuestro viñedo. Nuestros padres siempre habían trabajado de una manera lógica y con respeto, por eso fue algo que surgió de manera natural. Después comenzaron sutiles cambios en la elaboración de los vinos, más focalizados en reflejar su origen. El ecológico nos ha permitido entender mejor nuestro viñedo y por lo tanto elaborar mejores vinos. Adriana comenzó a jugar, a dejarse llevar más por su intuición, a arriesgar y en estos años han surgido nuevas referencias y cambios sutiles en vinos clásicos. Ahora los vinos tienen una mayor coherencia con el lugar en el que estamos, y también encajan mejor con los consumidores actuales. Este ha sido el equilibrio que hemos buscado y que seguimos buscando. La nueva imagen ha sido la culminación de este proceso. Refleja, ordena y explica mejor todo este trabajo.
¿Qué valores permanecen en una empresa que nació siendo familiar y que sigue siéndolo?
El espíritu inquieto e innovador, la valentía, la resiliencia, la honestidad, las ganas de aprender... No olvidamos que el vino está hecho para disfrutar y compartir. En Ochoa siempre hemos intentando cuidar los vínculos, las conexiones humanas, y eso se transmite en el producto. Creemos que por eso seguimos siendo una bodega familiar, porque hemos priorizado siempre esos lazos por encima del negocio.
¿Un ejemplo de estos valores es la recuperación de las fotos de Javier para las etiquetas?
Ese ha sido el broche perfecto. No queríamos hacer un borrón y empezar de cero. Estamos tremendamente orgullosas del trabajo de las generaciones anteriores, especialmente del trabajo de nuestros padres, que consiguieron situar la bodega en un lugar muy top. La incorporación de las fotos de nuestro padre, que de alguna manera dejó en un segundo plano un sueño para hacerse cargo del negocio familiar, nos ha permitido que haya una continuidad entre generaciones, cerrar un círculo. El vino no deja de ser un reflejo de lo que pasa en el mundo y la fotografía es un poco lo mismo. Además, pensar qué valor representa cada uno de nuestros vinos y vincularlo con una fotografía concreta de nuestro padre ha sido muy bonito, nos ha unido más como familia.