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Gastrohistorias

Tabernarios somos todos

  • Ana Vega Pérez de Arlucea
Actualizada 11/05/2021 a las 06:00

Hace poco más de un año, en plena primera ola de la pandemia y con los bares cerrados a cal y canto, escribí aquí un artículo acerca de la importancia histórica y social de echar tragos en compañía. Se tituló Oda a la España tabernaria; y hete aquí que 14 meses después ese adjetivo, “tabernario” se ha convertido en la palabra del mes y de paso en una inesperada bandera ideológica.

¿Que se han perdido ustedes este llamativo y suculento episodio de nuestra España más cañí? No se preocupen, yo se lo resumo. Retrocedemos al pasado sábado 1 de mayo, en la recta finalísima de la campaña electoral madrileña. Se publica el último número de Temas para el debate, una revista de la Fundación Sistema, que es afín al PSOE y normalmente no lee ni el Tato, pero que pasa a copar las portadas de los periódicos debido a un texto que en ella publica su director, José Félix Tezanos.

Sí, el mismo que es también presidente del CIS o Centro de Investigaciones Sociológicas. Como estamos ya en resaca postelectoral y el pescado se ha vendido les ahorraré lo gordo del artículo (“Globos políticos y escenarios singulares”) para pasar directamente a lo magro y fundamental del mismo, que es cuando el autor decide mentar la referida tabernidad.

Como inventor del término Tezanos no llega a definirlo del todo, de modo que toca tirar de intuición y entender que con tal palabra se refiere a -palabras textuales- “un amplio sector social que se nuclea en torno al mundo de las tabernas, los bares, los restaurantes y otros establecimientos similares”, a los empresarios del sector hostelero sumados a los “jóvenes y adultos habituales de tal tipo de establecimientos” e incluso a una noción tan abstracta como pueda ser una supuesta”parte sustancial del estilo y la forma de ser de Madrid y los madrileños”. ¡Ni que en provincias no tuviésemos también tabernas!

De todo esto lo que inflamó los ánimos no fue solo que el responsable del CIS dijera que tanto los defensores de la apertura controlada de la hostelería como los amantes del aperitivo iban a votar a la derecha, sino que de manera implícita calificara a esa imprecisa masa tabernista de irresponsable y perniciosa. Solo así se explica que la última parte del artículo venga precedida del titulillo”Pendencia y pandemia”. El señor Tezanos se hace así triste valedor de una de las acepciones que la RAE da de la palabra «tabernario».

La primera se refiere a todo aquello propio de una taberna o relacionado con ella; la segunda, a lo “bajo, grosero y vulgar”. Curiosamente este significado negativo no apareció en el diccionario hasta el año 1884. Por entonces, la gente cursi ya consideraba que acudir a la taberna era impropio de personas decentes. Lo elegante era ir al café, al club o al bar inglés, pero no a una tasca popular con olor a vino y a plebe.

SOCIALISMO DE TABERNA

No resulta difícil adivinar lo que pasó tras descubrirse esta última aventura tezanista: mientras que “tabernario” se convertía en adjetivo viral y orgulloso para unos, otros se quejaban de que se metiera a todos los aficionados al copeo en el mismo saco. Efectivamente, el amor por la taberna ha sido siempre en España apolítico y transversal. Tanto que hace un siglo una de las corrientes más importantes de la izquierda nacional era conocida precisamente como”socialismo tabernario”. El sindicalista Facundo Perezagua (1860-1935), miembro fundador del PSOE y pionero del socialismo en Vizcaya, fue el líder de este movimiento social que privilegió la taberna -tan vilipendiada entonces por la burguesía- como espacio propio de la clase obrera, lugar de reunión fraterna en el que se podía divulgar sin peligro el ideario del partido.

Facundo Perezagua acabó abandonando el PSOE para crear en 1921 el comunista PCOE, pero fue orgulloso dueño de una taberna en Bilbao hasta el día de su muerte. En ella era dueño, señor y libre para votar a unos u otros, igual que sus parroquianos. Igual que el resto de tabernarios del país, contentos de tener un sitio en el que descansar, charlar y mojar los labios después de un duro día de trabajo. Por si quedan dudas de la imparcialidad tabernista (y de su larga aunque no única vinculación con Madrid), les dejo aquí parte de un texto publicado el 4 de octubre de 1907 en el republicano, socialista y revolucionario diario El País.
Hace 114 años la capital era ya tan tabernaria como para decir que “Madrid no es un pueblo bebedor, sino un pueblo tabernario […] Apenas hay calle sin dos o tres tiendas de vinos y, sin embargo, se bebe poco. Gusta más la taberna que el vino. No hay aquí esos borrachos sanos, fuertes, apuradores de azumbres que abundan en Aragón y La Rioja y que son dignos de la anacreóntica. No hay catadores sabios como en Andalucía y La Mancha, no hay montañeses de los que beben vino en copón, borrachos serios, conscientes, capacitados. El tabernario madrileño bebe por guapeza, no por gusto. Inventa mil artimañas para estar mucho rato en la taberna y beber poco”. Como todos.


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