Convivencia

¿Se puede castigar al hijo de tu pareja? ¿Y firmarle las notas?

Cinco claves para lograr que la convivencia funcione en un hogar con miembros de distintas relaciones

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Julia Fernández

Publicado el 31/10/2026 a las 05:00

La realidad de las familias en España es cada vez más compleja. La sociedad se transforma y eso se ve en los hogares. Monoparentales, formados con dos padres o con dos madres, con hijos de diferentes relaciones... Un rompecabezas que muchas veces se enfrenta a auténticos retos burocráticos y educativos. Un ejemplo: el curso pasado Daniel necesitaba llevar las notas firmadas a clase. Al llegar, como su madre no estaba, se lo dijo a Pedro, su padrastro. La cara de este fue un poema: "Le tuve que explicar que yo no podía hacerlo". La cosa se quedó en una mera anécdota, pero este alicantino de 45 años se dio de bruces con la realidad a la que se enfrentan nada menos que "unas 800.000 familias en nuestro país". Pone la cifra Ane Arieta, abogada y también parte implicada: en su casa hay hijos de relaciones anteriores "con su padre y su madre".

A este tipo de grupos las llama ‘familias ensambladas’, que es casi metafórico: "Cada miembro es una pieza de una historia distinta y se unen para construir algo nuevo juntos". Un proyecto que requiere de dosis de paciencia, diálogo y apoyo porque "la realidad afectiva suele avanzar más rápido que el reconocimiento jurídico", señala Gregorio Gullón, mediador y terapeuta de la Unión de Asociaciones Familiares (UNAF).

Es decir, "las familias reconstituida (que es otra de las denominaciones que reciben) van por delante de la legislación" y en la práctica eso hace que muchos de sus problemas estén "invisibilizados". Y no solo en el marco legal, también en lo que hablábamos antes: el educativo. "Hay gente que ni siquiera nos considera familias", apoya la abogada. En un escenario donde cada vez más parejas se rompen y forman nuevas relaciones, Arieta nos da sus seis claves básicas para que esta nueva ‘tribu’ salga adelante y pueda responder a preguntas como si se puede castigar al hijo de tu mujer o acompañar al ginecólogo a la hija de tu marido.

1. Lo primero es hablar

Cuando una pareja con hijos que no son en común se va a vivir junta, "debe haber un compromiso y una reflexión previa. Hay que tener una conversación antes", aconseja Arieta, mediadora familiar y creadora de STEPFamily, un proyecto especializado en este tipo de familias. Nada de tomárselo como una prueba o un experimento. Esa charla debe tocar puntos como lo que se ha hecho hasta ahora, los objetivos que se tienen en común, las rutinas que se quieren mantener y las que no, los puntos de fricción... Y sí, el tipo de coparentalidad.

- ¿Tienen voz y voto los niños?

- Tienen que estar presentes, hay que preguntarles, pero las decisiones son de los adultos.

2. Crear espacio

El segundo paso es "construir el lugar donde el vínculo pueda crecer". Es decir, hacer hogar. "Luego ya veremos si el amor viene o no viene, pero hay que darle espacio", prosigue. Se trata de definir lo que es la casa de esta nueva familia. Esto implica que los críos diferencien las normas y los límites entre sus diferentes residencias. No es un proceso ni rápido ni sencillo: "Realmente, hasta este momento no nos conocemos, no hay ese vínculo diario". Y hay que tener paciencia para empezar a ver resultados: "Las investigaciones hablan de entre 4 y 7 años de media para ver que todo encaja".

3. Familia feliz ¿todo el rato?

Si el periodo para hacer el puzle es tan dilatado, está claro que habrá altibajos en la relación. "¡Y momentos en los que no te guste tu familia! Nos pasa a todos", se sincera Arieta. No hay que entrar en barrena ni pensar que la situación es insalvable. "Cuando tienes que convivir no puedes hacerlo agradando permanentemente. El verdadero problema es fingir una armonía que no es real" en la que muchas veces los adultos vuelcan sus miedos "al fracaso, a ser los culpables, etcétera".

4. Los conflictos

Es quizá el capítulo más complicado. "Aquí no se puede hacer oídos sordos como si los hijos de tu pareja fueran los de tu mejor amiga y estuvieras de vacaciones", avisa de entrada la especialista. Toca mojarse, poner normas y liderar la situación. Ahora, eso no significa que estés solo ante el peligro, sobre todo al principio de la convivencia: "Si en ausencia de tu pareja se rebelan, puedes llamarla para que intervenga". Con el tiempo, llegan las herramientas para que todo sea más directo.

- ¿Y qué pasa con los ex?

- Las bases sobre su intervención en la educación de los niños ya deberían estar claras. La coparentalidad debe ser funcional. Por el hecho de habernos divorciado no podemos vivir congelados.

5. Síntomas de que no funciona

"El conflicto no es un indicador de que la familia ensamblada no esté funcionando", advierte la mediadora familiar. Pero sí hay otras señales a las que atender. "El mayor indicio es que la pareja no funciona como un equipo, bien porque cada uno defiende a sus hijos, bien porque uno de los adultos se desdibuja". Mucho cuidado también "si hay miedo a expresarse pese a la apariencia de que todo va superbien y todo el mundo acepta las cosas genial".

"Sabemos qué toca como padres, pero no como padrastros"

El mediador y terapeuta familiar de UNAF Gregorio Gullón apunta muy bien cuando dice que una de las cuestiones que más duda genera en las familias reconstituidas es la de los límites entre la función parental y el rol de la nueva pareja. "Todos sabemos qué nos toca como padres o madres, pero hay más confusión sobre el papel de padrastro o madrastra". Lo primero es saber que la llegada de una nueva pareja "no modifica la titularidad de la patria potestad, salvo en situaciones muy concretas". "Por el mero hecho de convivir con los hijos de tu pareja no la adquieres, ni tampoco la representación legal", precisa la abogada Yolanda Gil Lozano.

Pero una cosa es la realidad jurídica y otra la "realidad afectiva", diferencia la letrada. "La nueva pareja puede ser una figura complementaria y muy significativa", prosigue Gullón. Y para reconocer ese papel lo que se necesita es que los progenitores biológicos de los niños la reconozcan. ¿Cómo? Hablándolo. "El problema surge cuando existe conflicto entre los padres". En estos casos, a donde hay que mirar es a los hijos y tomar las decisiones que "favorezcan su bienestar", aconseja el portavoz de UNAF.

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