Educación

Por qué es mala idea echarle la bronca al hijo de otro

Guía para resolver los conflictos infantiles sin agrandarlo

Ilustración de dos madres discutiendo en un colegio frente a una nuiña
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Ilustración de dos madres discutiendo en un colegio frente a una nuiñaDN
Ilustración de dos madres discutiendo en un colegio frente a una nuiña

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Yolanda Veiga

Publicado el 22/03/2026 a las 05:00

Hace unas semanas, la dirección de un colegio vizcaíno envió una circular a las familias (los alumnos lo llevaron también impreso) advirtiendo de que los conflictos entre los chavales debían tratarse en el centro y pidiendo a los padres y madres que se abstuvieran de ir donde el menor que había tenido un conflicto con su hijo o hija a reprenderle. 

No le causa extrañeza a Antonio Labanda, presidente de la Sección de Psicología Educativa del Colegio Oficial de la  Psicología de Madrid. "Hay una sobreprotección tremenda hacia los niños. Pero abroncar al otro chaval nunca es una buena idea. Primero, porque casi con seguridad la otra familia se va a molestar y no sabes cómo va a reaccionar, lo mismo la cosa termina en denuncia. Y, en segundo lugar, porque aunque no llegue a tanto, lo que sí se va a generar es un conflicto con el otro padre o la otra madre".

Coincide Silvia Álava, también psicóloga experta en infancia. "Cuando algo sucede con nuestro hijo es como si nos surgiera una necesidad de intervenir, pero no suele ser lo más eficaz. La figura de referencia de los niños son sus padres o los profesores, pero si de repente un adulto ajeno les afea la conducta, lo más probable es que reaccionen a la defensiva, con vergüenza y con rechazo. Además, lo más probable es que vayan a contárselo a sus padres y ahí ya se generará un conflicto entre adultos que será más difícil de resolver. Porque al día siguiente, e incluso al cabo de un rato, los chavales es probable que vuelvan a jugar juntos, pero a los padres les va a costar retomar la relación".

"NO HABRÁ SIDO PARA TANTO"

Por eso, Antonio Labanda insiste en que los conflictos entre escolares "deben abordarse en el colegio". El problema, advierte, es que le hemos perdido la autoridad al profesor.  Los niños... y sus padres. "Es bastante habitual que cuando se comunica a una familia un mal comportamiento de su hijo, intervengan de malos modos. O se ponen a la defensiva -‘no habrá sido para tanto’- o se indignan -‘es que este colegio, es que esta tutora’...-, lo que quita autoridad a los profesores". En ese sentido, dice, no ha habido el avance que se esperaba cuando se abandonó el modelo del profesor de antaño. "Antes regañaban al niño y los padres asumían, automáticamente, que su hijo había hecho algo malo. Ahora no. Ahora las familias van directamente a quejarse a la dirección, que eso es como si tienes un problema con Hacienda y pides hablar con el ministro".

No solo la primera reacción suele ser el cuestionamiento (hacia el colegio), sino que "en los corrillos de las familias esos cuestionamientos se amplifican y los conflictos "se magnifican": "‘Es que el otro niño es un demonio’, ‘es que el profe ese le tiene manía a mi hijo’...". Sucede cuando hay conflicto e incluso cuando no. "Recuerdo el caso de un chaval que se dio un golpe con una valla en la cabeza. El profesor le atendió, vio que no era un golpe importante, le dio un vaso de agua y le observó toda la tarde sin que el chaval se quejara. Cuando la madre se enteró del golpe se enfadó muchísimo con el centro. ¿Y en qué se tradujo? En que poco después ese mismo chaval se dio un pequeño golpe en el hombro jugando y el centro decidió llevarle -sin necesidad- al hospital solo para evitar una nueva bronca con la familia".

HABILIDADES SOCIALES

Advierten ambos expertos de que en los asuntos de cierta entidad se necesita mediación -normalmente del colegio, "aunque si es grave está la Fiscalía de Menores"-, pero si se trata de conflictos cotidianos, deberían ser los propios niños los que debieran tratar de resolverlo. "En el desarrollo de las habilidades sociales de los menores está también la gestión de los conflictos", recuerda Silvia Álava. 

Matiza Antonio Labanda: "Cuando los niños tienen edades parecidas deben intentar arreglarlo entre ellos. Si uno le da un balonazo, no es bueno que la madre vaya a echarle la bronca al otro. Deberá ser el niño el que le diga: ‘Estoy enfadado porque me has dado con el balón’. Solo en el caso de que se trate de una situación descompensada, en la que unos niños mayores abusen de otros pequeños, por ejemplo, debemos intervenir". Y hacerlo siempre de modo asertivo pero sin agresividad: "Debería ser algo así: ‘Estáis jugando con un balón que hace daño, pero hay niños pequeños en el parque. Tened cuidado’".

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