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Educación

¿Por qué hay más chicas en los campus?

La razón es doble: son mejores estudiantes y precisan del título superior para alcanzar una tasa de empleo que muchos chicos logran con la secundaria

Estudiantes en el campus de la UPNA
Estudiantes en el campus de la UPNACedida
  • Colpisa. Madrid
Actualizado el 04/08/2021 a las 18:05
Los expertos educativos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), el club formado por los 38 países más punteros, han decidido responder a una pregunta que desde hace hace años se ha hecho mucha gente tanto en las aulas como en la calle o las casas ¿Por qué hay más mujeres que hombres estudiando en la universidad? Como suele ocurrir en muchas ocasiones, no hay una única respuesta a esta cuestión, que tiene como primer elemento explicativo el evidente avance social en igualdad entre sexos que supone haber derribado las barreras machistas que impidieron durante siglos la normal llegada de la mujer a los campus.
Pero el estudio parte de un llamativo dato objetivo que justifica su interés. Mientras el 52,4% de las mujeres españolas de entre 25 y 34 años tienen estudios terciarios (universitarios, en su mayoría, o de FP superior) solo se puede decir lo mismo del 40,6% de sus compatriotas masculinos de las mismas edades. Nada menos que 16 puntos de diferencia entre los españoles y las españolas jóvenes con formación universitaria.
Una ventaja a favor de las chicas que, por otra parte, se repite en términos muy similares en las mayoría de los países desarrollados.
Los analistas argumentan al menos media docena de factores que explicarían cómo se ha llegado a esta situación, que no hace tantas décadas era justo la contraria, pero se podrían resumir en dos. La primera, que las españolas son mejores estudiantes. Y la segunda, que precisan del título superior para lograr una tasa de empleo cercana a la que muchos chicos consiguen solo con completar la secundaria.
De hecho, la explicación comienza a gestarse en el paso de la ESO a la educación secundaria postobligatoria. Las españolas, con la ayuda posiblemente de profesores, orientadores y familia, toman mejores decisiones y aprovechan mejor sus oportunidades para encaminarse hacia la universidad.
En primer lugar, su tasa de abandono educativo (no continuación de estudios tras la ESO) es de casi la mitad que la de sus compañeros y se orientan más hacia el Bachillerato (53% de los matriculados), que es la antesala de las facultades.
Derribar barreras. El otro punto determinante que se gesta en los institutos es el de una mayor aplicación femenina. Los datos no admiten discusión. Las jóvenes españolas después de dos años en secundaria postobligatoria -los que se tardan en superar Bachillerato o FP media sin repeticiones- se gradúan en un 63,1% frente al escaso 47,6% de chicos que superan el ciclo a la primera. Estos dieciséis puntos de diferencia explican que las mujeres, cuando se mira el primer curso universitario, sean ya el 53% de los matriculados.
El segundo bloque de razones que llevan a que haya muchas más jóvenes con título superior que hombres se produce a medias entre los propios campus y el particular funcionamiento, a priori con un claro sesgo de género, del mercado de trabajo español. Hay dos motivaciones que ayudan a que más mujeres vayan a la universidad, tengan un mayor rendimiento y se titulen en mayor proporción. La primera es que eligen estudios con amplia demanda. Son entre el 72% y el 78% de los alumnos de las áreas de educación, salud y bienestar. La segunda, que tienen claro que el título les va a facilitar un cambio de estatus social que, caso contrario, tendrán más difícil de conseguir por las aún abundantes rémoras machistas.
Pero quizá la motivación principal para que las españolas lleguen más lejos en sus estudios académicos que los hombres está vinculada con el propio mercado de trabajo español.
Es un dato reiterado en la mayoría de los análisis de recursos humanos que el hecho de estar en posesión de un título superior aumenta las posibilidades de lograr un trabajo. Pero también aquí hay un sesgo de género.
La diferencia de empleabilidad entre una española con título universitario y una con estudios secundarios duplica la diferencia que hay entre varones jóvenes en igual situación, entre los que la variación es mínima. El español de 25 a 34 años con Bachillerato o FP media tiene una tasa de paro del 13,9%, que desciende al 10,8% si es titulado superior.
Tres puntos de mejora. En el caso de las mujeres, están en paro el 19,5% de las que tienen la secundaria completa y solo el 12,5% de las universitarias. Siete puntos de diferencia. Más del doble de beneficio por ser universitaria. Y, además, los empleos que logran las universitarias tienen un aumento notable de sueldo, con una brecha salarial de género bastante más reducida que el 25% general.
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