Orden

Lo que dice el caos de casa de tu salud mental

Un sofá lleno de ropa, objetos y trastos desordenados
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Un sofá lleno de ropa, objetos y trastos desordenados

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Solange Vázquez

Publicado el 07/11/2026 a las 05:00

Nuestra forma de desordenar la casa nos da pistas sobre ‘asuntos internos’ a los que deberíamos prestar atención. Partiendo de esta tesis, Esther Torras, ‘ordenóloga’ profesional, expone que el orden, aunque "no es magia", sí que nos permite vivir mejor e, incluso, "sostenernos" cuando las cosas van rematadamente mal. "No es una medicina que cure todos los males ni las personas ordenadas somos necesariamente más felices", precisa. "Pero sí hay algo claro: el orden ayuda", asegura.

En su libro 'El desorden no es un fallo. Es una señal '(ed. Círculo Rojo) nos aclara que el caos doméstico no siempre es síntoma de lo mismo: "A veces nos dice que estamos sosteniendo demasiado a nivel emocional, otras que hay falta de estructura. ¡O de que no ha sido nuestra prioridad! Y eso también es válido", indica. Pero, según destaca, "cuando el desorden se mantiene en el tiempo, cuando empieza a generar fricción, cuando nos bloquea o pesa más de lo que debería... conviene mirarlo con más profundidad".

¿Por qué lo sabe? Porque su trabajo es entrar en casas a ordenar, lo que la ha llevado a asimilar ciertos escenarios con diversos estados psicológicos. Esto es lo que ha descubierto entre cosas fuera de sitio y enseres olvidados.

HAY DESORDEN INVISIBLE

"El desorden a veces no son objetos fuera de lugar. Pueden estar en el lugar correcto y, aun así, pesan". Lo más común es que sobren elementos. No tienen ni una función clara ni hemos reparado en ellos... simplemente están ahí y hacen ‘ruido’ en nuestra cabeza. Menos es más.

TODO SE REDUCE A DECISIONES

Para la ‘ordenóloga’ el orden se basa en una palabra: decisiones. "Si las posponemos, tienen consecuencias", insiste. "Hay cosas que te echa encima la vida que no puedes elegir, pero hay muchas en las que sí podemos escoger", señala. Y vivir en un entorno agradable y que nos reconforte es una de ellas. No se trata de ser una ‘marikondo’ y estar todo el día sin parar de recoger y organizar. Se trata de ver qué no va bien y cambiarlo. Un ejemplo: gente que lee mucho con la casa invadida por libros (estanterías, torres en el suelo y volúmenes repartidos por cualquier superficie). ¿Qué hacer? "Mira, yo misma me vi en esa tesitura. Uno de mis hijos tiene una alergia tremenda al polvo y los libros acumulan muchísimo. Hubo que priorizar", recuerda. Deshacerse del exceso, pasarse al libro electrónico... decidir, vaya.

ORDENAR PARA ZANJAR ETAPAS

Cuando la vida nos ha cambiado "pero la casa no se ha dado cuenta" se desata el desorden y no estamos a gusto: es muy sencillo, vivimos en un entorno que no se ajusta a nuestras necesidades. Torras nos invita a pensar si estamos ante un nuevo ciclo vital -marcado por una ruptura, una enfermedad, porque los hijos crecen, los ‘hobbies’ cambian, hay más o menos habitantes en la casa- y comprobar si la etapa pasada todavía está ahí en forma de objetos y organización obsoleta. Si es así, hay que cambiar nuestro escenario. "A la gente que no lo hace así le cuesta avanzar", advierte.

LO TÓXICO DEBE DESAPARECER

Torras se encuentra con personas que han guardado objetos que le recuerdan etapas difíciles con personas que les han hecho mal. No los tienen a la vista -rara vez alguien deja la foto de su ex dañino en la estantería del salón-, los confinan a un cajón o un armario. "Pero esos objetos pesan aun guardados", advierte. ¿Por qué no te deshaces de ellos? "Soltar cuesta...", resume. Pero hay que hacerlo. "Cuando todo se rompe, ordenar no es colocar. Es decidir con qué puedes seguir viviendo".

EL ORDEN NOS OFRECE REFUGIO

Esther Torras pone como ejemplo su propia vida para explicar cómo el orden le ha ayudado en ciertas etapas dolorosas, como cuando a uno de sus hijos le diagnosticaron un cáncer. "Ahí es donde entendí algo que nunca olvidaré: nuestro hogar nos sostenía", recuerda. Al mantener el orden, entendido como estructura, no como perfección estética -"cosas en su sitio, estancias que invitaban a la calma y al descanso cuando el cuerpo ya no podía más"-, la mente descansaba. Es decir, el desorden no añadía más ‘ruido’ a sus vidas, ni provocaba fricciones familiares (sí, el orden doméstico es uno de los motivos principales de bronca).

DIME CUÁL ES TU DESORDEN Y TE DIRÉ QUIÉN ERES

Apagando fuegos... y sufriendo: 
la falsa ordenada
Ropa, objetos femeninos e infantiles, cosas de trabajo... ¿A quién pertenece esta casa que parece bastante ordenada pese a la mezcla? "A una mujer, a menudo profesional valorada, que está saturada: solo pone bonito el desorden". Solución: repartir más las tareas para que no todo recaiga en ella.

Las cosas no son la persona: ¿Padres en el armario?
Mueren los padres y heredamos un montón de cosas que no queremos (podemos) tirar. Y su ‘legado’, al armario. Esto genera desorden, dolor y falta de avance en el duelo. "Tu padre o tu madre no son ese montón de cosas", dice Torras. Al entenderlo, quedamos aliviados y nos desbloqueamos.

Incapacidad biológica: leoneras adolescentes
La ciencia explica que su cerebro, caótico, es incapaz de ordenar. Acumulan ropa en el suelo, mochilas, artículos de deporte, restos de comida... Dos ‘tips’. “Insiste en que ordenen, da igual que no hagan caso, y limita la cantidad de cosas que tienen: si no hay orden, no entran más". Eso sí lo entienden.

De vivir solo a tener compañía : el minimalista fuera de sí
Es un tipo de desorden muy masculino: ocurre cuando se vive solo, en el minimalismo (solteros, divorciados), "pero falta estructura". Si se echan pareja... ¡colapsan! No hay sitio. "Acumulan menos que las mujeres y son menos emocionales a la hora de tirar. Es fácil de reconducir", dice.

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