Familia

"La mayoría de madres tóxicas están llenas de buenas intenciones y un amor sincero"

En el libro '¿Y si el problema fuera tu madre?', la escritora Clémence Biel aborda las consecuencias de tener una progenitora narcisista o manipuladora

Clémence Biel, autora de '¿Y si el problema fuera tu madre?'
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Clémence Biel, autora de '¿Y si el problema fuera tu madre?'R. C.
Clémence Biel, autora de '¿Y si el problema fuera tu madre?'

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Agencia Colpisa

Publicado el 16/03/2026 a las 09:47

Con una pregunta, '¿Y si el problema fuera tu madre?', parte la tesis de Clémence Biel, que recomienda "observar cómo te sientes después de haber pasado tiempo con tu madre: si sientes cansancio emocional, culpa, ansiedad o la sensación de no cumplir nunca suficientemente con sus expectativas, es un indicador importante" de una "cultura tóxica" que acarrea consecuencias en la mujer adulta, según la autora, formada en psicología infantil y neurociencia. "Una relación sana puede tener momentos difíciles, pero no debería vaciarte sistemáticamente de energía ni impedirte ser plenamente tú misma".

En su libro, titulado como la pregunta inicial y publicado por Kitaeru, hace afirmaciones implacables como "cuanto más profundas son las inseguridades de tu madre narcisista, más manipuladores y agresivos pueden ser sus comportamientos", y alerta contra los sentimientos de "vergüenza, culpa o deuda" que atan las relaciones materno-filiales. "La herida materna suele manifestarse en una baja autoestima, dificultad para poner límites y decir no sin culpa, relaciones amorosas que repiten patrones tóxicos, hipervigilancia relacional, una sensación de identidad frágil y conductas compensatorias, como la dependencia afectiva, trastornos alimentarios o el perfeccionismo".

Parte de sus consejos provienen de su propia experiencia: "Yo misma he atravesado un proceso de duelo y de liberación", asegura. "Gracias a eso, hoy tengo una relación apaciguada con mi madre. Y, en el plano emocional, soy mi propia mamá".

 ¿Qué hacer cuando esa relación tóxica obstaculiza el desarrollo de la persona? 

Cuando huimos, a menudo nos llevamos con nosotras la vocecita interior de nuestra madre, ¡y la culpa! Por tanto, la cuestión no es cortar o quedarse, sino diferenciarse interiormente. Hablar es posible si la madre es capaz de escuchar. Pero en ciertas dinámicas, el diálogo se convierte en un nuevo espacio de manipulación o invalidación.

¿La hija tiene que "salvar" a la madre deprimida? 

Una madre deprimida o inmadura sigue siendo una adulta responsable de su propia sanación. Al intentar salvar a tu madre, caes en lo que se llama 'parentificación': inviertes los roles y te conviertes en la madre o el padre de tu propia madre o padre. Es un autosacrificio que no solo es agotador, sino a menudo inútil.

¿Y cómo es una relación sana con la madre? 

Eres libre de ser diferente, de decir que no y de tomar tus propias decisiones. Es una relación con reciprocidad: no eres la única que escucha y se adapta. Y, sobre todo, después de pasar tiempo con ella, te sientes nutrida, ligera, no vacía ni ansiosa. Es un vínculo que te nutre en lugar de frenarte.

¿Se puede notar a simple vista quién ha tenido una madre "sana" y una "castradora"? 

No, lo que a veces se puede percibir a simple vista es la inseguridad emocional: una necesidad excesiva de validación, dificultad para recibir cumplidos, reacciones emocionales desproporcionadas, perfeccionismo ansioso.

¿Esos síntomas los produce sólo una madre tóxica? 

No, también puede nacer de un padre ausente, de un duelo precoz, del acoso escolar u otros traumas. Y, además, muchas mujeres heridas por su madre han desarrollado fachadas aparentemente plenas: pueden parecer fuertes, brillantes, carismáticas. Y al mismo tiempo llevar una gran fragilidad interior.

HERIDAS Y LIBERACIÓN

¿Cómo no repetir el patrón que produce la "herida materna"? 

Para romper este ciclo, primero hay que atreverse a nombrar las carencias que se han sufrido sin minimizarlas. El secreto está en hacer el duelo de la madre ideal: al ofrecernos a nosotras mismas lo que nos habría gustado recibir de nuestra propia madre, evitamos proyectar nuestras necesidades emocionales insatisfechas sobre nuestros hijos.

¿El amor materno es suficiente para reparar las heridas? 

No, el amor nunca es suficiente, es un mito romántico que hace mucho daño. La realidad es que la mayoría de las madres tóxicas están llenas de buenas intenciones y de un amor sincero por su hijo. Se puede querer mucho a alguien y, al mismo tiempo, asfixiarlo, manipularlo o utilizarlo inconscientemente para llenar las propias carencias.

¿Qué tipo de madre es la más destructiva? 

Suelen ser las que parecen más amorosas: la madre víctima o la madre sofocante, por ejemplo, porque su manipulación es más difícil de identificar. El verdadero veneno es la invisibilidad de la toxicidad: cuando la hija crece diciéndose "mi madre me quiere muchísimo", mientras en realidad la está engullendo.

¿Cuál es la peor frase que una madre le puede decir a su hija? 

Las devastadoras son "Me arrepiento de haberte tenido" o "Me has arruinado la vida". Pero las frases más tóxicas son las envueltas en amor, como "Hago esto porque te quiero", para justificar el control; "Después de todo lo que he hecho por ti", para instalar la culpa, o "Eres mi razón de vivir", para crear una cárcel dorada.

¿Y una hija a su madre? 

La más liberadora es, sin duda: "No te debo nada". Rompe el chantaje afectivo según el cual los sacrificios de su madre son una deuda que debería pagar toda la vida permaneciendo obediente o disponible. Es una declaración de independencia indispensable.

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