Accidente ferroviario
Del tripulante desaparecido que salvó la vida en Angrois a la viuda que ha vuelto a nacer
Hay historias de vida y muerte que se entrecruzan, como la de Javier, que busca a su cuñado, y Osiris, que iba a acompañar a su marido en el Alvia


Publicado el 21/01/2026 a las 05:00
Algunos lo llaman azar, otros lo llaman destino, quizás sea simplemente mala suerte o todo lo contrario, pero lo cierto es que la vida y la muerte se entrelazan a veces de la forma más insospechada, como se ha visto en el accidente ferroviario de Adamuz, que ya ha dejado 42 fallecidos, 25 de ellos identificados.
Uno de esos casos es el de Agustín Fadón, uno de los tripulantes que trabajaba en el vagón cafetería del Alvia siniestrado y al que sus padres, su hermana, María del Mar y su cuñado Javier Pacio, buscan incansablemente desde el lunes a primera hora.
"No sabemos nada. Nos dicen que hay que esperar. Pero esta incertidumbre nos está matando", confiesa Javier, con la ansiedad disparada. Él se aferra a la "remota" esperanza de que lo hallen malherido, pero vivo, aunque también empieza a hacerse a la idea de que no volverá a ver esa sonrisa con la que Agustín siempre le saludaba.
Es el propio Javier quien relata que su cuñado ya esquivó la muerte una vez, cuando en el último momento cambió el turno a un compañero de la cafetería que falleció en el accidente del Alvia en la tristemente famosa curva de Angrois, en Santiago de Compostela, donde perecieron 80 personas en julio de 2013, al salirse el tren de la vía por exceso de velocidad.
Desde entonces se sentía afortunado, aunque últimamente, según cuenta María del Mar, su hermano había manifestado inquietud y hasta miedo por el estado de las vías. "Mi hermano llegaba y decía: 'Cómo botaba hoy el tren, he pasado hasta miedo', y varios compañeros de Javier "compartían esa sensación".
Tanto María del Mar como su marido Javier, que residen en Leganés (Madrid), se desplazaron inmediatamente a Córdoba en cuanto supieron que en un edificio municipal (el Centro Cívico Poniente Sur) se había montado todo el dispositivo para atender e informar a los familiares de los desaparecidos. "Fuimos los primeros en llegar a primera hora del lunes". La familia iba buscando información de Agustín, de 39 años, que trabajaba de camarero en la cafetería del vagón número 3 del Alvia, uno de los que no sufrió grandes daños. "Lo que sabemos es que mi cuñado le dijo a David, su compañero de la cafetería, que iba al baño al coche número 2, y fue en ese momento cuando ocurrió el accidente", cuenta Javier, que desde entonces no tiene ninguna información sobre el paradero de Agustín, padre de dos niños pequeños que aún no saben nada de lo sucedido.
El lunes tomaron una muestra de ADN a su suegra para cotejarla con los cuerpos rescatados, pero ayer por la tarde seguían sin saber nada de él. "Lo peor es vivir en esta incertidumbre que sólo nos trae más angustia y más ansiedad. Entiendo que hay muchos viajeros, pero tripulantes como mi cuñado son cuatro o cinco y en la cafetería iban dos".
David, el otro compañero de Agustín, salvó la vida. "Mi cuñado lleva puesto el uniforme. No tiene que ser tan complicado poder identificarle", cuestiona mientras muestra a los periodistas una foto de un sonriente Javier. "Mide 1,70, es moreno, tiene barba...", describe intentando buscar alguna pista. Javier agradece la atención psicológica que están recibiendo en el centro cívico cordobés y el apoyo brindado por Renfe y Serveo, la empresa en la que presta servicio su cuñado. "Nos han habilitado un hotel -dice- y están muy pendientes". De lo que sí se queja es de la "desinformación".
"Nos dicen que toca esperar, que toca esperar... ¿Pero esperar tanto? Ya van a hacer 48 horas del accidente y seguimos sin saber nada", lamenta. La espera terminó para Osiris La espera sí terminó, y con el peor de los finales posibles, para Osiris Sevilla, una nicaragüense de 40 años que ayer por la mañana buscaba a su marido Víctor, un boliviano de 52, que viajaba en uno de los vagones del Alvia accidentado. "No pierdo la fe. Los milagros existen", decía unas horas antes de que, ya por la tarde, la Guardia Civil le confirmara finalmente que Víctor se encontraba entre los cadáveres identificados.
"Mi marido no ha muerto, le han arrebatado la vida, porque él no quería morir. ¿Por qué ha tenido que morir así? No lo sé", se respondía completamente hundida. Aturdida, cansada y desorientada declaraba a este periódico que no sabe qué va a hacer ahora y se encomendaba al cielo: "Tengo que sacar fuerza de donde sea para tirar. Yo soy muy creyente, espero que Dios me la dé". Osiris aún no ha podido ver el cuerpo de su marido, pero asegura que desea verlo, e iniciar los trámites para su repatriación a Bolivia, el país natal de Víctor. "Le vamos a llevar a Bolivia, pero todavía no sabemos cómo".
El azar, el destino o en este caso la buena suerte hizo que Osiris no viajara junto a su esposo en el Alvia siniestrado. Los dos acababan de regresar de Nicaragua de pasar unas vacaciones coincidiendo con el Fin de Año. Pero a ella le retrasaron el vuelo y llegó un día más tarde a Madrid. Víctor aterrizó el domingo y poco después tomó el Alvia a Huelva, donde ambos trabajan como asistentes sanitarios cuidando a personas mayores.
"Nos mandábamos audios por WhatsApp, pero hubo un momento en que dejé de recibir sus mensajes. Le llamé muchas veces, pero ya no cogía nadie". Cuando ella aterrizó en Madrid el lunes y conoció la magnitud de la tragedia no se lo pensó dos veces. Salió del aeropuerto de Barajas y al primer taxi que encontró le pidió que le llevara a Córdoba, a casi 400 kilómetros. Le cobraron 611 euros, cerca de la mitad de su salario.
La viuda no puede evitar pensar que si hubiera acompañado a Víctor en el mismo vuelo, tal vez ahora no lo estaría contando. Pero pronto esa idea tan luminosa se apaga cuando piensa en cómo va a contar la noticia al hijo de su marido, que tiene 7 años y vive con su madre biológica en Bolivia. "Va ser muy triste", relata entre sollozos. En unas horas, Osiris pasó de la angustia y la tortura de no saber nada de su marido al profundo dolor por su pérdida. Al menos se consuela con el último audio de Víctor que guarda como oro en paño en su teléfono móvil, donde él le dice que pronto se reencontrarán y estarán juntos.