La trastienda

Elogio del vino espumoso

Mariano Pascal
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Mariano Pascal

Publicado el 08/07/2025 a las 05:00

Ahora que no está de moda asumir responsabilidades y echar la culpa al empedrado, no sabemos a quién responsabilizar de lo que pasó ayer. El 7 de julio reivindicaba su nombre. Cristina Ramos lo había puesto en todo lo alto bordando la jota que hizo a San Fermín llorar en el espectáculo del encierro. No eran las ocho de la mañana y ya teníamos el lacrimal disparado. Comenzaban los Sanfermines porque, como escribía ayer Chapu, San Fermín no empieza hasta que un toro no pasa corriendo al Estafeta. El seis de julio viene bien para soltar nervios a los más ansiosos. Como el traslado de la Dolorosa o las cenas de Navidad de empresa. Pero lo mollar empezó ayer. Como la explosión que suena tras abrir una botella de cava.

El santo en la calle, el tañir de la Campana María a lo lejos, el apartado con los toros de Gallardo con una planta que quitaba el hipo. El momentico de Andoni, Molés e Imanol cantando en el Museo como si estuvieran “Donde Leo”. Qué maravilla, hasta bordaron la del “Peón de confianza”. Pura vida.

Y el espumoso volvió a cruzarse en nuestras vidas.

Digamos que, a una botella de cava, le siguió otra y otra. Siendo muy finos podríamos decir que Begoña Pro nos puso este invierno en la pista de que el champán Tattinger luce en todas sus botellas el sello heráldico de los Teobaldos, aquellos reyes poetas de Navarra. E Indagando poco a poco, fuimos descubriendo los vinos hechos con el método traído de la región de Champagne. Pero claro, a los tiesos, sólo nos llega parar probar cavas y ayer lo hicimos con entusiasmo.

La calle estaba de dulce, los bares a tope, el ambiente en todo lo alto. La “Pax sanferminera” hecha disfrute. Una copica por aquí, otra por allá. Venga otra botella Tere, no nos vamos a rajar ahora. Y en esto que casi nos dio la hora de ir a los toros entre coros y danzas como si no hubiera un mañana. Con el caminar tras las mulillas, dulce como la uva chardonay de los Teobaldos. Es difícil concebir un mundo donde el 7 de julio no sea San Fermín.

Pero fueron saltando los toros. De respeto, bien presentados y mejor comidos. Pero el champán fue convirtiéndose en esas bebidas guarras modernas llamadas frizantes. Dulzonas , químicas, empalagosas y sobre todo insatisfactorias. Y claro no era lo mismo. La corrida fue un homenaje a aquellas tardes de los ochenta donde los tendidos sucumbían ante la ola mexicana, el maillot del Reynolds y la borreguez de hacer el movimiento de una trainera gritando cosas de Kaiku. Ayer la máxima atracción fue un avión de polispán planeando sobre el tendido 6.

Nos quedó por lo menos el recuerdo de un gran día, en forma de copa de cava. Cualquier día en los bares, nos han de poner aquella canción del “por un sorbito de champán” que no era nuestra sino de nuestros padres. Que serían boomers sí, pero sobre todo nos enseñaron a ser sanfermineros.

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