Los fuegos de San Fermín desde dentro

La Vuelta al castillo de Pamplona es rodeada cada noche de los Sanfermines por unas 50.000 personas, cifra que se incrementa durante el fin de semana. Dentro de la Ciudadela, un equipo de pirotécnicos, policía, técnicos municipales y bomberos gestionan y controlan cada chispa que se produce dentro de estas murallas

A: J.P. Urdíroz F: 03-07-2026 P: L: Pamplona. Ciudadela de Pamplona. T: Reportaje sobre la infraestructura de funcionamiento de los fuegos artificiales.
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Un trabajador y el pirotécnico, César López Lana enseñando los cañones de disparo de los fuegos artificialesJ.P. Urdiroz
A: J.P. Urdíroz F: 03-07-2026 P: L: Pamplona. Ciudadela de Pamplona. T: Reportaje sobre la infraestructura de funcionamiento de los fuegos artificiales.

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Iker Eguaras Galar

Publicado el 07/07/2026 a las 05:00

En 1571 el rey, Felipe II ordenó construir la Ciudadela de Pamplona con el fin de proteger la zona norte del país, especialmente contra los vecinos franceses. Hoy en día, el uso del fuerte pamplonés dista mucho de aquel objetivo con el que mandó construirla el Habsburgo. Pamplona, desde esta fortificación de 280.000 m ², acoge cada mes de julio uno de los festivales pirotécnicos más reconocidos dentro y fuera de nuestras fronteras. 

La céntrica Plaza del Castillo cedió el testigo al parque de la capital navarra en 1968, desde entonces la Ciudadela prepara desde finales de junio y hasta mediados de julio un gran dispositivo que involucra a técnicos TEDAX, bomberos, policía y, sobre todo, pirotécnicos, quienes preparan sus espectáculos meses antes de aterrizar en Pamplona. 

El presupuesto de este año para el Concurso internacional es de unos 240.000€ y los concursantes internacionales vienen desde Portugal y Brasil. De carácter nacional, Pamplona verá iluminar su cielo con pirotecnia de Valencia, Zaragoza, Ourense, Castellón y Jaén. Tampoco hay que irse muy lejos para encontrar la empresa encargada del 7 de julio: Pirotecnia San Fermín, de Noáin

Para disparar, en estas nueve noches, los más de cuatro mil kilos de pólvora en el fuerte pamplonés se instalan cañones de disparo entre los Baluartes de Santa María y Santiago, ambos orientados a Iturrama y en la hilera situada frente a la estación de autobuses. “Ahí se lanza entre el 80% y 90% de los fuegos, permite hacer una fachada muy amplia ante el público”, apunta César López, pirotécnico de Pamplona. 

Cada mañana, las empresas a partir de las 8:00 comienzan a instalar todos los materiales, labor que se prolonga hasta las cinco o seis de la tarde. Con todo instalado realizan simulacros del funcionamiento de las conexiones. Cada empresa tiene su sistema, pero el común suele ser: una centralita con ordenador que emite señales a maletines de estilo militar conectados a los cañones, quienes efectúan los disparos. “Se trata de una secuencia ya preparada que se mete en el ordenador, se podría detener, pero en principio, sería darle al botón y así hasta la traca”, remarcaba este mismo pirotécnico. 

Todo esto queda recogido en un papel llamado “repor”, algo así como una guión donde indica el lugar de disparo, número de carcasas, segundos, intervalos de tiempo y una retahíla de elementos solo apto para profesionales en la pirotecnia. Definitivamente, “todo está muy cuadriculado, la probabilidad de que salga todo según lo previsto es del 99,9%”, apuntó López. 

El Ayuntamiento proporciona los cañones, unos tubos de diámetros variados donde se lanzan los artefactos, pero cada empresa elige si usar los municipales, adquiridos a la extinta Caballer de Castellón, o los propios. Sus orificios de salida se tapan con papel de aluminio para que durante el espectáculo no entre una chispa en el hueco y prenda antes de lo debido. En el caso de Pirotecnia San Fermín, llevarán los suyos con dimensiones desde los 30mm hasta los 150mm, pero se permiten de hasta 200mm.

De estos tubos lanzarán unos 500 kilogramos de pólvora, fabricada en la provincia vecina de Huesca. La mayor parte de estos, 85%, en el baluarte que mira a Yanguas y Miranda, calle donde tiene el balcón el jurado. Casualmente bajo esta hilera de 200 metros se ubica el edificio llamado ‘polvorín’ por eso de que en la Ciudadela del siglo XVI había cañones, pero de otro tipo. El resto de colección, de mayor intensidad, se quema en los baluartes más alejados a la campa de la estación, cerca de la puerta del Socorro.

A: J.P. Urdíroz F: 03-07-2026 P: L: Pamplona. Ciudadela de Pamplona. T: Reportaje sobre la infraestructura de funcionamiento de los fuegos artificiales.
Pilas de cañones municipales cubiertos con lonas de plástico, frente a IturramaJ.P. Urdiroz
A: J.P. Urdíroz F: 03-07-2026 P: L: Pamplona. Ciudadela de Pamplona. T: Reportaje sobre la infraestructura de funcionamiento de los fuegos artificiales.
Cañones de la extinta Caballer, adquiridos después por el Ayuntamiento de PamplonaJ.P. Urdiroz
A: J.P. Urdíroz F: 03-07-2026 P: L: Pamplona. Ciudadela de Pamplona. T: Reportaje sobre la infraestructura de funcionamiento de los fuegos artificiales.
La Ciudadela cuenta con seis puntos de agua como este, en el centro del parque de los que hacen uso los bomberosJ.P. Urdiroz

Respecto a la seguridad en el recinto, existen seis puntos de agua en el centro del parque, de los que hacen uso los tres camiones de bomberos que acuden al lugar cada noche. Un trabajador del parque que nos acompañó durante la visita afirmaba: “Siempre tienen las mangueras llenas de agua ante cualquier incidencia” y añadió, “hasta aquí solo pueden entrar ellos y la unidad TEDAX de la Guardia Civil”. La Unidad de Armas y Explosivos de este cuerpo es quien revisa la documentación y disposición de los artefactos. Además, los TEDAX imparten cursillos a los cerca de 40 trabajadores que limpian el interior de las murallas todas las mañanas, porque del cielo se desprenden “cartoncillos, pólvora y otros residuos”, remarcó este hombre.

En los próximos días, hasta el 14 de julio, los vecinos franceses, antaño enemigos, y miles de personas más llegadas de todos los rincones del planeta, vendrán hasta la Ciudadela para disfrutar de los fuegos artificiales de San Fermín. Con las obras de la estación de autobuses inconclusas, habrá que apañarse con el bocadillo y la chaquetica cuando la oscuridad de paso a los colores en el cielo de Pamplona

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