San Fermín

Ofrenda infantil: cada flor, un latido entre pañuelos

La tradicional cita entre los más pequeños se siente, se vive y perpetúa ese instante en la memoria de quienes lo viven

Fotos de la ofrenda infantil a San Fermín en el Rincón de la Aduana este jueves 10 de julio de 2025.
Fotos de la ofrenda infantil a San Fermín en el Rincón de la Aduana este jueves 10 de julio de 2025.EDUARDO BUXENS

Noelia Gorbea

Publicado el 10/07/2025 a las 13:36

Hay momentos en la vida que no se explican con palabras, sino con gestos. Con miradas. Con silencios que lo dicen todo. En San Fermín, uno de esos instantes se repite cada 10 de julio, cuando las calles de Pamplona se llenan de pequeños pasos, de ramos de flores recién cortadas y de corazones que laten al ritmo del alma de una ciudad.

Es la mañana de la ofrenda floral infantil. Ese pequeño escenario junto a la trasera de San Lorenzo que se transforma, por unas horas, en un rincón de ternura. Allí, junto a la iglesia, San Fermín baja a la calle. Y lo hace para recibir la inocencia de niños y niñas. Pequeños que saben dónde van y que, precisamente por ello, acuden vestidos elegantes: de blanco y con el pañuelo rojo atado con mimo.

Algunos caminan en la fila de la mano de sus padres, aunque el grueso aprietan firme de la de sus abuelos. “Mis aitas están trabajando, por eso venimos con mis abuelos y mi tía”, cuenta con soltura Iñigo Díez, de 7 años, en compañía de su hermano Martín, de 3. “No vivimos aquí (son vecinos de Guipúzcoa) pero venimos toda la semana”, añadía contento. Con dos ramos de claveles, uno para cada nieto, aguardaban pacientes. “Me gusta ir a los toros también”. Feliz, como sus acompañantes: Elena Maiza, Jesús y Nati Zabalza. “Es que son hermanos, hasta nacieron el mismo día, el 21 de diciembre”, contaba Iñigo con esa inocencia de quien, por suerte, aún le queda mucho para ser adulto.

“A quién queréis más, a San Fermín o a papá y a mamá?”

​Fue una pregunta inocente. Un interrogante lanzado al aire por el párroco Javier Leoz apenas un par de minutos antes de que diese comienzo la tradicional ofrenda de flores del 10 de julio. “¿A quién queréis más, a papá y a mamá o a San Fermín?”. Sin necesidad de respuesta, fueron muchas las familias que aprovecharon el guiño para explicarle a sus hijos que ambas opciones eran totalmente compatibles. “Como cuando me preguntan si les quiero más a uno o a otro y yo les insisto en que por igual. Es lo que les acabo de decir, que una cosa no es excluyente de la otra”, entendía Gabriela Pozo, que había acudido desde Tudela con sus hijos Manuel y Jesús. Pequeñas anécdotas que quedarán en la memoria de quien celebró que, durante todo un día, ellos son los especiales.

Flores que se veían en la fila y que se convierten en más que un detalle: cada una de ellas es un susurro de gratitud, una promesa, un deseo que aún no sabe pronunciarse. Y mientras suenan los acordes de un ‘riau riau’ en calma, padres y madres observan con ojos brillantes, porque saben que en ese instante sus hijos están tocando una tradición que lleva siglos latiendo. “He venido toda la vida a la ofrenda, siempre con mi madre, que en paz descanse. Mi familia era de la calle Nueva y, aunque ya no vivimos ahí, ahora soy yo la que traigo todos los años a mis nietos”, comparte Mirentxu Idoate.

Y así, en medio de acordes y abrazos, la ciudad se detiene un segundo para contemplar un momentico de los de guardar. “Veníamos de ver a los Gigantes y hemos terminado haciendo fila para la ofrenda”, relataban Arkaitz Amuriza y su pareja Ziortza Goikoetxea. “Nunca habíamos venido pero es lo bueno de San Fermín, que siempre hay algo nuevo esperando”, indicaban estos vecinos de Vizcaya.

A pie de calle
La imagen de San Fermín se coloca en la calle, sobre un pedestal decorado, y recibe las flores a través de una celosía detrás de ella. Una vez terminada la ofrenda, sobre las dos de la tarde, se colocan todas las flores en unos jarrones grandes y se dejan junto a San Fermín dentro de la capilla. “Las flores son para el Santo, y así debe ser”, expresa a sus 20 años Marcos Navarrete Guembe, miembro de la parroquia y colaborador en la jornada de ayer.

Filas que no paran

De 11 a 14 horas. El horario establecido para que los fieles puedan depositar sus flores (además de sus deseos) junto a un Santo que es de todos. Pasada la una, la espera junto a San Lorenzo seguía siendo una constante. Como también lo era media hora más tarde. Silletas, adolescentes... todo el que quiso acercarse. Incluida la peña Mutilzarra. “Siempre vienen”, compartían desde la parroquia. “Nos encanta ver la variedad de gente que se acerca, sobre todo nietos con abuelos”, aseguraba sin dejar de supervisar el paso de los fieles, Adriana Olaiz.

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