San Fermín
La plaza del Castillo se mueve al antojo de Dani Fernández
El cantante de Ciudad Real demostró sus habilidades como 'coach' emocional y manejó a placer los sentimientos de un público entregado
Actualizado el 10/07/2023 a las 08:00
Decía Dani Fernández en una entrevista concedida a este medio que el mayor triunfo de su carrera ha sido no haber decepcionado a sus padres. Y a juzgar por el concierto que ofreció este 9 de julio, los progenitores del cantante pueden estar orgullosos y presumir de que su hijo provocó un sinfín de vítores y aplausos entre el público de la plaza del Castillo, que asistió en gran cantidad al espectáculo que cierra la primera semana de las fiestas de San Fermín.
No hacía tanto de la última visita del antiguo miembro de Auryn a Pamplona y Comarca —estuvo en la sala Totem de Villava el pasado 3 de marzo—, pero había ganas de escucharle de nuevo. Prueba de ello, el acelerado éxodo de jóvenes y familias desde la Ciudadela, donde disfrutaron de la tercera colección de fuegos artificiales de las fiestas, hasta la plaza del Castillo. Aunque algunos no acudieron preparados a la cita. "Enséñame alguna canción de Dani Fernández", pedía un joven a la chica que le acompañaba a apenas cinco minutos del inicio del espectáculo.
Dieron las 23.45 horas, el artista no hizo acto de presencia y algunos comenzaron a mostrar sus primeras señales de impaciencia en forma de silbidos. Dos minutos sobre la hora, el show comenzó, los silbidos se convirtieron en gritos y el público perdonó. Aunque no todo lo que a Fernández le hubiese gustado. "¡No se oye nada!", se quejó sin dejar de acariciar los acordes de 'Dile a los demás'. No hizo falta más para espolear a la multitud.
Con camisa y pantalones negros, camiseta interior blanca y sin faltar a la tradición del pañuelico y faja de color rojo, el cantante de Ciudad Real se vació en el escenario —los primeros planos reproducidos en las pantallas que escoltan el escenario evidenciaron el sudor derramándose de su pelo— y contagió a los miles que estaban un par de metros por debajo, sobre todo a aquellos que copaban las primeras filas. Incombustible uno, imparables otros. Con la complicidad de los asistentes, Fernández se permitió jugar con sus emociones sumiéndoles en la tristeza de 'Si tus piernas' y resucitándoles con 'Te esperaré toda la vida'. Músico y 'coach' emocional. Todo en uno.
En busca del indeseado final, el protagonista decidió no darse nuevamente el lujo de fluctuar los sentimientos de su público y lo jugó todo a la pasión, a los brazos en alto. Le salió bien la apuesta. "¿Dónde están esas palmas, Pamplona?", azuzó el músico. Y las palmas respondieron de inmediato. Con 'Soldadito de hierro', Fernández se atrevió a lanzar el micrófono a una plaza que lo aceptó encantada. "Pamplona, esto es un lujo. Gracias por cantar conmigo", devolvió el artista. El trabajo estaba hecho, sólo había que rematarlo. 'Supersubmarina' preparó el final del espectáculo y 'Bailemos' —con el bombo roto— lo redondeó. Segundo concierto del año en Pamplona y alrededores completado. No hay dos sin tres. Si sigue el refranero, volverá por aquí antes de que comamos las uvas. A nadie le parecerá mal.

