El relevo del padre

Mariano Jiménez entregó en la Cuesta de Santo Domingo el testigo a su hijo Eder en su despedida tras 41 años de carreras

Ante los mansos de cola, Eder Jiménez, y su padre, Mariano. A la derecha, hijo y padre, hace 21 años
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Ante los mansos de cola, Eder Jiménez, y su padre, Mariano. A la derecha, hijo y padre, hace 21 años
Ante los mansos de cola, Eder Jiménez, y su padre, Mariano. A la derecha, hijo y padre, hace 21 años

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Natxo Gutiérrez

Publicado el 09/07/2023 a las 06:00

Cuando Eder Jiménez Murillo contaba con seis años de edad -hoy tiene 27- corrió delante de los mansos de cola agarrado a la mano de su padre, Mariano Jiménez Baigorri. Fue una especie de rito inicial de carácter simbólico. Este sábado, en la despedida de su progenitor y mentor en carreras y quiebros, repitió el gesto de las manos entrelazadas. En cierto modo, recibió el testigo de quien le enseñó a caminar en la vida y a librarse de los trances azarosos del encierro.

El padre, empleado de la construcción de 61 años de edad de Cascante, cerró un ciclo de 41 años, con la amistad trenzada con otros corredores como el mejor regalo recibido. En su dilatada trayectoria, ha sido corneado en dos ocasiones (2014 y 2019) y evacuado al hospital con una fractura en 2022. “El corazón me dice seguir, pero las fuerzas no acompañan”, reconoce. Eso sí, “nunca he pensado que el toro me iba a matar. He disfrutado muchísimo”. Este sábado se retiró de la mano de su hijo.

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