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Los 'no Sanfermines'

De la boina verde al peto naranja, la figura del naranjito en San Fermín

Más de tres décadas intentando proteger a la ciudadanía, ayudando y controlando accesos y aparcamientos. Antes de llevar su afamado peto, los naranjitos vestían boina verde y vara de madera. Este año no estarán, pero volverán. Como San Fermín

Foto de varios naranjitos en unos Sanfermines anteriores.
El control de accesos siempre ha sido una de las actividades llevadas a cabo por los naranjitos.
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Actualizada 11/07/2020 a las 06:00

Si le pidiéramos, lector, adivinar qué tres colores forman parte de la fiesta de San Fermín, probablemente no fallaría. Blanco y rojo saldrían de manera automática, espontánea, sin atisbo de duda. En cuanto al tercer elemento en consonancia, ¿ya saben qué responderían? Si son de aquí, si forman parte de la gente ‘de casa’, el naranja puede que tuviera fuerza al salir de sus bocas. Un distintivo que surge en cada cruce, en cada intersección, en las consignas, en la vigilancia de las murallas, en las respuestas informativas sobre dónde aparcar o por qué calles circular.

Los naranjitos son, a fin de cuentas, ese otro elemento distintivo de nuestras fiestas por excelencia. Es verdad que no pensamos en ellos cuando estamos tomando un frito en la plaza de la Cruz o brindando sin fin en un bar de Navarrería. Sin embargo, son y siempre serán. Y lo que es más importante, también fueron. De hecho, los primeros vigilantes respaldados por Protección Civil para controlar la tranquilidad de Pamplona aparecieron en las retinas a finales de 1980. Casi rozando el inicio de los años 90.

Pero no siempre tuvieron como aliado a ese anaranjado de unos petos que se distinguen a distancia. En absoluto. Los primeros compases los dieron quienes tuvieron como uniforme una boina verde y una vara de madera. En aquellos tiempos, Jaime Moreno y el difunto policía municipal Armando Martínez eran los encargados de llevar a cabo el proceso de selección de los candidatos. “Llegamos incluso a tener 800 candidatos para las vacantes que debíamos cubrir. Era una barbaridad”, recuerdan técnicos allegados del Ayuntamiento de Pamplona. La idea de contar con un ‘palo’ no era otra que la de tener aparejada una herramienta que ofreciera cierta protección frente a posibles altercados.

SIN DETENERSE

Al igual que ahora, la mayor parte de las solicitudes las realizaba gente joven que elegía San Fermín para tratar de conseguir un dinero extra con el que disfrutar del verano. No obstante, y así lo atestiguan fuentes de Protección Civil de aquellos años, también se apuntaban personas que no terminaban de encontrar un trabajo estable o estaban en paro. “Recuerdo a un señor entrado en años que acababa de ver cómo cerraban la imprenta donde había trabajado toda la vida y ahí estaba, en la fila con los demás”, evocan desde el consistorio.

Poco a poco, se llegó a 1992, momento en el que se instauró el peto naranja entre quienes ofrecían este servicio a la ciudadanía durante nueve días de fiesta. “Les empezaron a llamar naranjitos y ya no hubo nada que hacer”, bromean los técnicos. Un par de años más tarde, las varas desaparecieron del ‘uniforme’ oficial para dar paso a un silbato con el que regañar y poner orden. “Entendimos que el palo terminaba por incitar a la bronca y que daba más problemas que soluciones”, admiten desde el Ayuntamiento de Pamplona. “San Fermín son días de mucha gente, muchas nacionalidades, muchas casuísticas y mucho desenfreno”, añaden a la lista de razones.

En cuanto a los requisitos para hacerse con uno de los codiciados puestos (nunca la demanda fue menor a la oferta), apenas han variado desde entonces. Se exigía un perfil que conociera la ciudad; y, si sabía idiomas, mejor que mejor. También se tenía en cuenta la personalidad de los aspirantes, si eran resueltos... “La idea de mandarles por parejas era por seguridad, para no dejar a una chica o chico solo durante toda la noche vigilando las murallas”, explican.

Tal era la implicación que se redactaba un parte diario para que todas las incidencias pudieran ser estudiadas con posterioridad en la Junta de Protección Civil. “Era una manera de tener un mapa mental de la ciudad, de las horas, los problemas y las soluciones”, mantienen los técnicos municipales.

Lo que sí ha cambiado, por ejemplo, es la función de controlar los aparcamientos. Ahora, la zona azul habla por sí misma y la vigilancia es la proporcional al número de personas que pasen por donde uno ha dejado su vehículo. Antes era responsabilidad de Protección Civil. “Pasa lo mismo con la vigilancia de las murallas. Por desgracia, no ha sido solo un mozo el que se ha echado a dormir y, al darse la vuelta, se ha precipitado al vacío”, cuentan desde el consistorio. Hoy, las señales y las alertas forman parte del paisaje. “Las necesidades cambian, y es normal”, asumen.

Y así, entre el acompañamientos de la Comparsa, las funciones en consigna, objetos perdidos, acceso a los fuegos y un extenso etcétera, los naranjitos se han ido abriendo paso hasta convertirse en imprescindibles. Tanto o más que el sentimiento que hoy nos permite detenernos un minuto a pensar en aquella vez en la que teníamos una duda y nos la resolvieron. Fiesta para unos, trabajo para otros. Responsabilidad y respeto. En cada San Fermín y en los días que nos toca.

DE LA BOINA VERDE A NARANJITOS

Algunas preguntas del test que realizan los aspirantes a naranjitos:
1. Los Fuegos Artificiales se lanzan desde los Fosos de la Ciudadela, del 6 al 14 de julio o del 7 al 14 de julio.
2. ¿En qué barrio se encuentra la plaza de Pío Baroja? San Juan, Rochapea, Txantrea o Ermitagaña.
3. ¿La plaza Alfredo Landa, dónde se ubica? Erripagaña, Mendebaldea, Iturrama o Arrosadía.

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