SAN FERMÍN 2019
El horario del encierrillo: dónde y cuándo ver el traslado a Santo Domingo
Su solemnidad contrasta con la algarabía de los encierros mañaneros, pero el encierrillo sigue siendo un ritual sagrado para los pamploneses


Publicado el 11/07/2019 a las 10:42
Cuando la ciudad despierta, en San Fermín los mozos se echan a la calle para correr delante de los toros. Muchos forasteros se preguntan estos días cómo y cuándo llegan los astados al recinto de los corrales de Santo Domingo, de donde salen cada mañana tras el último cántico al santo y el cohete. El traslado se hace la víspera, a las once de la noche, desde los corralillos del gas hasta Santo Domingo.
Pese a su nombre, el encierrillo es un acto solemne que se se desarrolla en silencio y sin corredores. Los responsables dirigen a la manada hasta el lugar donde pasarán las últimas horas antes del encierro que prenderá la mecha de un nuevo día de fiesta.
Para poder asistir al encierrillo, hace falta un pase que se debe solicitar en la oficina del Área de Cultura del Ayuntamiento unos días antes (llamando al 010 se puede saber cuándo se reparten esos pases, generalmente dos por persona). El consistorio reparte doscientos pases por día, de manera que es muy difícil verlo de cera por la gran afluencia de visitantes que tiene Pamplona estos días.
440 METROS DE RECORRIDO
En el encierrillo, los toros recorren 440 metros. Poco antes de empezar el traslado, varios policías municipales se encargan de despejar la calzada para que el mayoral pueda distribuir a los pastores. El toque de cornetín avisa de la disponibilidad del corral de Santo Domingo: ya está libre para acoger a los toros. Desde el puente de Rochapea, un guardia da un segundo toque cuando la subida está libre para poder pasar. Solo en este momento los pastores conducen a la manda hasta su destino.
Con pase o sin él, los asistentes tienen prohibido sacar fotos con flash para evitar distracciones en los morlacos. Para un visitante, quizá el encierrillo pueda resultar algo pretencioso como acto en sí, pero para los pamploneses es todo un ritual.