Opinión
"Nos comportábamos con una suerte de educación bonancible que ocultaba el temor a lo que nadie quería nombrar"
"Parece haber un arco histórico entre los atentados de Atocha y la tragedia de Urda, no tanto por la coincidencia del medio de transporte como por el significado social y político de ambos hechos"

Publicado el 07/11/2026 a las 17:04
Al día siguiente del accidente de Adamuz debía coger un tren. La estación de Chamartín, siempre algo caótica a causa de las obras de remodelación, y recorrida por un gentío vocinglero aquella mañana parecía la entrada a un templo. Un silencio adensado nos mantenía a todos en un recogimiento quizá supersticioso, pero en todo caso justificado. Ahí afuera esperaba nuestro Iryo, de un rojo reluciente. No queríamos ni mirarlo, pero todo parecía normal: las obsequiosas azafatas, la limpieza quirúrgica de los vagones, los asientos amplios. Como queda demostrado, llegué a mi destino. Al día siguiente del accidente de Urda, debía tomar un tren. Un Alvia. En la estación de Atocha, la gente se mostraba locuaz. Como ya resulta habitual, el tren se retrasó, y los desconocidos intercambiábamos información sobre las causas, especulaciones, cierta resignación acompañada de un encogimiento de hombros.
Nos comportábamos con una suerte de educación bonancible que ocultaba el temor a lo que nadie quería nombrar. Después de los atentados del 11 de septiembre, nuestra mirada sobre los aviones y su significado, cambió para siempre. Es seguro que este cambio afectó de forma traumática a quienes se subieron como todas las mañanas a los trenes de cercanías destrozados por el atentado del 11 de marzo. En realidad, aquella fecha lo cambió todo: los trenes, el periodismo, la política y el rumbo de un país al que, lejos de suturarle viejas heridas, lo han sometido a una operación practicada con un abrelatas. Parece haber un arco histórico entre los atentados de Atocha y la tragedia de Urda, no tanto por la coincidencia del medio de transporte como por el significado social y político de ambos hechos. Uno fue un atentado tenebroso; Urda ha sido un accidente horrible que, sumado a muchas otras causas objetivas, tal vez cambie el devenir del país. Por cierto, hermoso topónimo, Urda, cuyo origen se disputan distintas corrientes léxicas. Una defiende que el topónimo es de origen indoeuropeo y le atribuye un significado rotundo: destino.