Opinión

De Buñuel a Alcañiz

"Para valorar la realidad de lo que hemos perdido, conviene profundizar en qué son las microalgas y cuál es y puede ser su papel en la tan repetida descarbonización"

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Juan Córdoba

Publicado el 07/11/2026 a las 05:00

La semana pasada todos los medios de comunicación centraron su atención en la catástrofe de Urda. Una desgracia y, una vez más, un hecho inasumible, todavía sin explicación y que conmocionó a toda España. Seguramente ésta fue la causa de que otro hecho, mucho menos traumático, pasara de puntillas en los medios (no así en estas páginas, que cubrieron la noticia con detalle). Se trata de un nuevo fracaso del Gobierno de Navarra. Me refiero a la pérdida de un proyecto de inversión millonaria en nuestra comunidad. En este caso en Buñuel y en relación con el desarrollo de un nuevo vector industrial, con un futuro prometedor, que es la producción de microalgas. Para valorar la realidad de lo que hemos perdido, conviene profundizar en qué son las microalgas y cuál es y puede ser su papel en la tan repetida descarbonización, uno de los objetivos clave de nuestro Gobierno. 

La descarbonización persigue la eliminación de los combustibles fósiles. Pero el ser humano es, en un gran porcentaje (el 20%), carbono, y no puede subsistir sin él. Nos alimentamos de carbono, nos vestimos con carbono, nos curamos con carbono, nos cuidamos con carbono, leemos en carbono y transportamos con carbono. Por lo tanto, si queremos eliminar el carbono de origen fósil, tenemos que buscar fuentes alternativas de dicho elemento. Es en esta búsqueda donde llegamos a las microalgas. Las microalgas son microorganismos cultivados en medio acuoso, que mediante la fotosíntesis pueden fijar el carbono del aire, generando, de manera controlada, una biomasa precursora de muchos compuestos de alto valor: proteínas, aceites, omega-3, pigmentos, biocombustibles, ingredientes alimentarios y productos farmacéuticos. Es una tecnología todavía en proceso de desarrollo y actualmente en una fase en la que los primeros proyectos están pasando del laboratorio al nivel industrial. Es pues un área en la que queda mucho por trabajar e invertir en I+D+i. Además, los requerimientos en cuanto a espacio y clima encajan con lo que Navarra puede ofrecer. Es una “carrera” todavía abierta y en la que, si se ponen los medios adecuados, podemos participar y optar a éxitos en el medio plazo. 

A nivel mundial encontramos multitud de empresas desarrollando proyectos en Francia, Dubai, Arabia Saudita, Malasia... Recientemente, Bill Gates, fundador de Microsoft, ha entrado en la competición para llegar a obtener SAF (Sustainable Aviation Fuel), es decir, combustible de aviación, a base de microalgas, con el proyecto Phykion, lo que requiere una inversión multimillonaria. A nadie se le escapa que Gates no se lanza a lo loco a invertir sin una clara expectativa de éxito. Volviendo a la triste realidad de Navarra, vemos que por la estrategia de los que persiguen el decrecimiento de nuestra comunidad, o por la incapacidad de nuestro Gobierno de valorar el potencial de desarrollo de esta tecnología, al proyecto de Buñuel no se le ha asignado el valor estratégico que, en mi opinión, tiene y en consecuencia, no se han puesto sobre la mesa los medios necesarios para anclar la inversión. Todo esto unido a las dificultades burocráticas con las que se ha enfrentado Microalgas Future, promotor del proyecto, ha hecho que, una vez más, los vecinos de Aragón, Alcañiz concretamente, se hayan “llevado el gato al agua”. La empresa se lamentaba de trámites administrativos y burocráticos enquistados, plazos inasumibles… y todo lo contrario en Aragón: facilidades y rapidez en los trámites. La inversión y los puestos de trabajo inducidos acabarán en Alcañiz. Inicialmente “solo” serán entre 30 y 40 empleos, pero solo en la primera fase. Según se publicaba, el laboratorio de referencia se mantendrá en Noain. La pregunta que surge es hasta cuándo. 

Por desgracia, la respuesta la tendremos en no mucho tiempo y muy probablemente no sea de nuestro agrado. En este punto tenemos que preguntarnos cuántos proyectos más vamos a perder y qué se está haciendo mal para que no consigamos captar nuevos proyectos en sectores novedosos y así disponer de nuevas oportunidades para el futuro industrial de nuestra comunidad. La respuesta no es muy optimista, pues parece que aun en sectores que encajan con los objetivos del Gobierno, por acción u omisión, los proyectos se escapan. Se debe reflexionar sobre si la nueva Ley de Industria va a ser un elemento dinamizador o, al contrario, va a seguir manteniendo una serie de procesos administrativos farragosos y la tramitación de nuevos proyectos industriales seguirá siendo una carrera de obstáculos. De la lectura del borrador de esta Ley las conclusiones que se obtienen no son optimistas. Es un texto que crea una larga serie de nuevos entes con funciones difíciles de explicar y que, a pesar del concepto de “ventanilla única” que incorpora la Ley, dudamos que sirva para simplificar la implantación de nuevas actividades industriales. Solo podemos esperar que este fracaso sea el último, que los responsables de gestionar este tipo de asuntos aprendan la lección y no vuelvan a cometer los mismos errores en el siguiente proyecto. Ojalá la última versión de la Ley de Industria sirva para realmente agilizar los procesos administrativos desde la presentación de un proyecto a su puesta en marcha. Solo así podremos detener el deterioro continuo de la industria en nuestra región, cuyo nuevo capítulo ha sido la anunciada salida de nuestra comunidad de Dow Chemical, una de las mayores empresas químicas del mundo. Para ella, y para muchas otras, Navarra deja de estar en el mapa. 

Juan Córdoba Iturriagagoitia. Ingeniero industrial y miembro del think tank Institución Futuro.

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