Opinión
El precio del sanchismo en Navarra
"Toca evaluar lo que Pedro Sánchez ha hecho por Navarra y lo que Navarra ha hecho por él. El balance, ya les adelanto, no es precisamente favorable al Viejo Reyno"

Publicado el 05/11/2026 a las 18:02
Aunque las próximas elecciones se jueguen en clave nacional, incluso en un Estado tan descentralizado como España, no resulta indiferente a nuestros intereses locales quién habite en La Moncloa. Toca evaluar lo que Pedro Sánchez ha hecho por Navarra y lo que Navarra ha hecho por él. El balance, ya les adelanto, no es precisamente favorable al Viejo Reyno. Empezaré por recordar la larga lista de agravios imputables al Gobierno central, también a los liderados por el Partido Popular. Pamplona es la única capital de comunidad autónoma peninsular que todavía hoy carece de una conexión directa e íntegra por autovía con Madrid. En Aragón, hay tramos de la A-21 a Jaca pendientes de licitar mientras otros, como la variante de Sabiñánigo, están paralizados. Qué decir del TAV, cuyo trazado por el norte ignoramos a estas alturas. Cada vez que el tren abandona la línea de alta velocidad para serpentear por Navarra me entra el bajón: siento que regreso a aquella España en blanco y negro. Para los anales del ridículo político quedará la foto de las ufanas autoridades colándonos la infame villavesa sobre raíles a Zaragoza.
Tenemos un aeropuerto con dos terminales, dos torres de control… y más coches de bomberos que aviones. La segunda fase del Canal de Navarra, vital para garantizar el abastecimiento de agua de boca y el desarrollo de la pujante industria agroalimentaria en una Comunidad que, incluidos sus valles tradicionalmente húmedos, se está secando, permanece parada. Cada navarro aporta al Estado por su Convenio Económico casi el doble de lo que cada vasco lo hace por su Cupo. Las oficinas de la Administración central -Extranjería o Seguridad Social- están colapsadas y es más fácil toparse con un camello en la Ulzama que dar con un examinador de tráfico de la DGT. Pedro Sánchez ha emulado a Francisco Franco en su maltrato a Navarra pues, al igual que el dictador nos dejó fuera de los Planes de Desarrollo de la posguerra, la Comunidad Foral está hoy en el vagón de cola de la inversión estatal.
La diferencia es que entonces hubo prohombres locales que suplieron con creces el abandono del Estado, mientras que ahora nos gobiernan unos ‘pasmaos’, incapaces de atraer unas inversiones millonarias que acaban recalando mayormente en Aragón, como la frustrada planta de microalgas en Buñuel. Pero, además de la vertiente económica, está la política. Sánchez es un adicto al poder. Su afán por conservarlo le ha llevado a abjurar de los históricos principios y valores del socialismo y a faltar sistemáticamente a su palabra. Dijo que no dormiría tranquilo con Podemos en el Gobierno y nombró vicepresidente a Pablo Iglesias. Abogó por el cumplimiento íntegro de las penas impuestas a los golpistas catalanes y los acabó indultando. También proclamó que la amnistía no cabía en la Constitución, hasta que necesitó los siete votos de Junts. “Con Bildu no vamos a pactar, si quiere se lo digo cinco veces o veinte”, afirmó aquí vehementemente, antes de regalar a los proetarras la Alcaldía de Pamplona. Sumen la rectificación sobre la causa saharaui, su repetido compromiso de agotar la legislatura...
Un tipo, en definitiva, sin escrúpulos, capaz de defender con idéntica convicción una cosa y su contraria, ante la sumisión de su dócil rebaño, dispuesto a tragar incluso con la corrupción que lo acorrala. Añadan a ello la colonización de instituciones y organismos tan desprestigiados hoy como el Tribunal Constitucional, el CIS, la Fiscalía General del Estado, la Abogacía General del Estado, RTVE, la agencia EFE, el Tribunal de Cuentas, el CGPJ, Correos, la SEPI, el Defensor del Pueblo, el Consejo de Estado, Renfe, el INE, la CNMV, la CNMC, el Banco de España, la AIReF… Las encuestas sitúan a Pedro Sánchez al final de su escapada.
De cumplirse este pronóstico, habrá que hacer recuento de los muchos cadáveres que deje a su paso. El PSN será uno de ellos. Tardaremos lustros en volver a ver un alcalde socialista en Pamplona. Todavía no tienen candidato. Normal: nadie parece estar dispuesto a comerse el marrón de encabezar la lista de un partido traidor a sus propios votantes. En el Parlamento Foral, Bildu podría consumar el ‘sorpasso’, a lo que sin duda habrá contribuido la mala gestión de María Victoria Chivite. La imagen que mejor resume esta agonizante legislatura es la de las bocas tapiadas de los túneles de Belate, que ocultan un sinfín de irregularidades. La Justicia dirá si, además, hay delitos. Pero todo este desastre no habría sido posible sin la connivencia de Chivite, exponente del sanchismo más servil. Una baronesa carente de luz propia que, por orden de Ferraz, ha antepuesto los intereses de su rey sol a los de Navarra, reducida a moneda de cambio en este juego de tronos. El precio pagado es muy alto: ha apuntalado a Pedro Sánchez a costa de sacrificar nuestras necesidades estratégicas y la ética política, dejando al Viejo Reyno a merced de una coalición de cromañones y filoterroristas. Y así nos va, claro. El próximo día 29 podemos empezar a revertir este sindiós. O no. Ustedes deciden.
Manuel Sarobe. Notario