Editorial

Con la violencia no se juega

España no es ajena a lamentables episodios de fuego y destrucción en varias ciudades. Los principales partidos deben moderar sus cruces de declaraciones a este respecto y evitar hacer electoralismo

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Editorial DN

Actualizado el 28/10/2026 a las 08:09

España ha pasado de ser mero espectador de los terribles episodios de violencia callejera que se vienen viviendo en Italia o la vecina Francia, a padecerlos en carne propia. Si bien con orígenes y motivaciones distintas, los últimos días la actualidad de nuestro país se ha visto sacudida en Barcelona, La Coruña y Bilbao, con actos de violencia salvaje, con un reguero de fuego y destrucción a su paso, que solo puede ser considerado como un ataque indiscriminado a la normal y pacífica convivencia que defienden la gran mayoría de los ciudadanos. 

En el caso de la capital vizcaína, como ocurriera en Pamplona, la expresión extremadamente violenta de jóvenes radicales de izquierda abertzale con el pretexto de la visita de Vito Quiles, es una nueva muestra que sigue evocando al pasado más oscuro de la kale borroka que es obligado erradicar. Lo peor que puede ocurrir es que episodios de este calado entren en la campaña electoral que ya se dirime en nuestro país desde que el presidente Pedro Sánchez adelantara la cita con las urnas. 

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No todo vale, ni mucho menos. Es una responsabilidad ineludible de los dos principales partidos de nuestro país, PSOE y PP, moderar sus cruces de declaraciones a este respecto sabedores de la repercusión que tienen. La violencia se condena, sin paliativos, sin coletillas y, por supuesto, sin insinuaciones irresponsables para tratar de sacar rédito electoral, y que solo sirven para añadir gasolina en un momento en el que si algo es más necesario que nunca es el llamamiento a la calma. 

El mensaje claro y nítido que tiene que llegar al conjunto de la sociedad es que en democracia la violencia no tiene cabida, que quienes la ejercen serán perseguidos por la justicia, y que son las fuerzas y cuerpos de seguridad, con su trabajo, como vienen haciendo siempre, las encargadas de velar por el ansiado orden y la seguridad. La política atacante e hiperbólica que se viene practicando desde hace tiempo en nuestro país abre la puerta a populismos y extremismos, y esa es la vía más peligrosa para el futuro.

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