Editorial
Tensión en la frontera
España e Italia acuerdan poner fin a los controles fronterizos, aunque persiste el malestar entre los Veintisiete por la posición española en materia de inmigración

Publicado el 19/10/2026 a las 05:00
Cuando el 30 y 31 de julio unos 80.000 inmigrantes irrumpieron en Ceuta, 22 líderes europeos firmaron una carta para protestar contra la política migratoria del Gobierno de Pedro Sánchez, en especial a causa de la regularización extraordinaria acordada en abril. Entre aquellos líderes destacó Giorgia Meloni, cuya crítica no se limitó a las palabras: decidió inmediatamente suspender el espacio Schengen y restringir la libre circulación entre Italia y España.
La decisión, tomada a principios de agosto, se justificó por razones de seguridad nacional -el Código de Fronteras Schengen permite recuperar excepcionalmente los controles en las fronteras cuando existe una amenaza grave para el orden público o la seguridad interior-. En todo caso, los controles se limitaron a comprobaciones de documentación e identidad en puertos y aeropuertos, sin llegar al cierre de las comunicaciones ni a la suspensión completa de los desplazamientos entre ambos países.
Sin embargo, fue una decisión muy arriesgada en tanto en cuanto, al alterar el funcionamiento habitual del espacio Schengen, suspendió de facto el principio de solidaridad europea y abrió la puerta a un clima divisivo en el seno de la UE que pudiera ser ciertamente inoportuno y fácilmente aprovechable por potencias hostiles, como Rusia.
Tras más de dos meses de tensiones, Sánchez y Meloni han llegado a un acuerdo para poner fin a los controles fronterizos. Si bien tardía, la decisión resulta tranquilizadora y cierra uno de los enfrentamientos diplomáticos más importantes entre ambos ejecutivos.
La política migratoria de la UE ha adquirido creciente relevancia en los últimos 15 años, hasta el punto de que hoy ocupa un lugar central en el debate público europeo y decide el curso de muchas elecciones. De hecho, el acuerdo entre Italia y España coincidió con la cumbre del Consejo Europeo, durante la cual la inmigración fue cuestión central en las conversaciones. Los líderes reconocieron la “situación especial” de Ceuta y Melilla como única frontera de la UE con África, pero varios se mostraron muy críticos con la política migratoria española.