Seis lugares de Pamplona curiosos y poco conocidos que merece la pena visitar
Más allá de la Plaza del Castillo, la Estafeta, la Ciudadela o la Taconera hay una Pamplona de pequeños rincones, historias escondidas y lugares que muchas veces pasan desapercibidos


Publicado el 09/10/2026 a las 09:54
Como bien dice un famoso refrán italiano: “Roma, non basta una vita” (“Roma no basta una vida”). Por algo se le conoce como la Ciudad Eterna. Y yo, que soy PTV (de Pamplona de Toda la Vida) siento que con la capital foral pasa un poco lo mismo y por más que la recorro no termino nunca de conocerla.
Más allá de la Plaza del Castillo, la Estafeta, la Ciudadela o la Taconera hay una Pamplona de pequeños rincones, historias escondidas y lugares que muchas veces pasan desapercibidos incluso para quienes vivimos aquí. Estos son algunos de mis lugares favoritos para descubrir esa otra cara de la ciudad menos conocida e igualmente bella y curiosa.
La plaza de San José: un mercadillo, una calle sin salida y una discreta casita
La primera parada de esta original ruta nos lleva a una encantadora placita que queda eclipsada, en cierta manera, por la grandiosidad del templo que tiene al lado y que acapara la mayoría de las miradas. Se trata de la plaza de San José, junto a la Catedral de Pamplona, donde conviven al menos tres curiosidades que hoy quiero compartir contigo.
El primer sábado de cada mes, excepto en julio, de 10.00 a 14.00 horas, la plaza cambia de aspecto y se convierte en una especie de desván de objetos con mucha historia. El Rastro de las Buenas Pulgas reúne antigüedades, pequeños tesoros con solera, trastos y piezas que buscan una segunda vida. La propia normativa municipal recoge esta actividad y los tipos de objetos que pueden venderse o intercambiarse. Es uno de esos planes que funcionan especialmente bien sin buscar nada concreto: vas a curiosear y acabas encontrando algo que no esperabas.


Sin salir de la plazuela hallamos otro curioso rincón: la calle Salsipuedes, cuyo nombre ya anticipa parte de su particularidad. Efectivamente, es un pequeño callejón sin salida que concluye en el convento de las Carmelitas Descalzas, habitado por monjas de clausura. Además, ostenta un singular título: con sus 23 metros de longitud, se trata de la calle más corta de Pamplona y la séptima más pequeña de España, según Juan Echenique, escritor y experto en la historia de Pamplona.


Pero, antes de abandonar la plaza de San José, podemos detenernos a observar una pequeña construcción que puede pasar completamente desapercibida frente al imponente templo. Se trata de una vivienda medieval que tradicionalmente se ha identificado como la casa del músico de la Catedral y que constituye uno de los ejemplos más singulares del caserío antiguo de Pamplona. Adosada al muro de la seo pamplonesa y construida en el siglo XV, es la vivienda más antigua de la plaza. Detalla el Catálogo monumental de Navarra que es la única de la plazoleta que mantiene elementos tardomedievales, aunque la data un siglo más tarde, coincidiendo con la terminación de las obras de la Catedral.
La “chincheta” de Pamplona
En la siguiente parada, te invito a un juego. Dirígete al cruce de las calles Ansoleaga y Campana y observa, explora el entorno en busca de algo que llame tu atención. ¿Te doy una pista? Hay que mirar al suelo para encontrarla. ¡Bingo! Esa pieza metálica que parece una enorme chincheta marca uno de los puntos más altos del Casco Viejo de Pamplona: a 447,34 metros de altitud. Prueba en una comida familiar a ver si alguien sabe de su existencia. Probablemente muchos foráneos la hayan pisado sin darse cuenta y sin saber qué señala.


El parque de la Media Luna
Creo que en realidad no voy a descubrirte nada que no sepas si eres de Pamplona. Pero he querido añadir el parque de la Media Luna en este listado porque me da la sensación de que está infravalorado y no acostumbra a estar entre los lugares más recomendados para visitar en la capital foral, a pesar de ser un pequeño y bonito oasis dentro de la ciudad en el que merece la pena adentrarse.
Quizá porque queda fuera del recorrido habitual de quien visita la ciudad o porque por el camino nos quedamos atrapados entre pintxos y potes en cualquier bar del Casco Viejo, es uno de los parques más tranquilos de Pamplona. Ideal para contemplar una de las panorámicas más bonitas de la ciudad: con una perspectiva bellísima de la Catedral, el Arga, el monte San Cristóbal… Perfecto, igualmente, para detenerse a leer un buen libro en cualquiera de sus bancos entre árboles y jardines. O para tomar el vermú en un coqueto café ubicado en el quiosco de este parque.


Su nombre procede de la forma de uno de los elementos defensivos que se encontraban en este espacio y que tenía forma de media luna. Construido en 1935 y diseñado por Victor Eúsa, alberga el monumento a Sarasate y la tercera secuoya más gigante de Pamplona.
La Belena de Portalapea
Es uno de esos lugares por los que se puede pasar cientos de veces por delante sin reparar en él. Entre los números 12 y 14 de la calle San Saturnino se abre la estrecha Belena de Portalapea, un pequeño callejón que conserva restos de la antigua muralla del burgo de San Cernin.
Lo más curioso está en el suelo: nueve bolas de piedra utilizadas como proyectiles de catapulta durante la Guerra de la Navarrería de 1276. Fueron recuperadas durante unas excavaciones y hoy se pueden contemplar prácticamente a pie de calle.

